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Arte e Ideas

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Del Islam nada se sabe

En México nada sabemos del Islam, por eso es necesario ir a San Ildefonso a aprender con la exposición Lo terrenal y lo divino.

Hace unos años conocí a un grupo de musulmanes mexicanos. Fue en la Escuela Dinámica de Escritores. No recuerdo exactamente cuál era la idea de que nos dieran a los noveles escritores un seminario sobre su religión. No recuerdo casi nada de lo que nos enseñaron.

Lo que sí recuerdo es una frase que me pareció tan bella que, aunque no soy nada religiosa, por un breve rato pensé en convertirme al Islam. Explicaron así la relación de Dios y el hombre: Dios y el hombre son como la miel y su dulzura, como la leche y su blancura, como la luz del sol y un vitral.

Como la miel y su dulzura: inseparable, inexplicables el uno sin el otro. Qué belleza.

Del Islam nada sabemos, aunque es la religión más presente en las noticias recientes. ¿No es absurdo que nada sepamos en realidad de la religión que más ha crecido en nuestra era? Seguramente el Islam es más que guerra y vejación de los derechos humanos.

Por eso Lo terrenal y lo divino en San Ildefonso es una exposición importante, imprescindible. Es una mirada fascinante al mundo musulmán a través de su arte.

El Islam nació en el siglo VI después de Cristo. De las grandes religiones monoteístas es la más joven. De origen es una religión de peregrinos, pues su historia comienza cuando el profeta Mahoma emigró de la Meca a Medina en el año 622.

Es también una religión de desierto y de escritores. A lo largo de la exposición queda claro: el agua y sus recipientes tienen un lugar especial en la vida cotidiana y pocos son los objetos que no lleven inscripciones. Bellísimas inscripciones, hechas con el cuidado del artista, una caligrafía cuidada que reproduce fragmentos del Corán o, con menor frecuencia, con proverbios tradicionales.

En el recorrido hay varios ejemplares del Corán hechos a mano, algunos inclusive hechos en pergamino. Son documentos de un gran valor que demuestran no sólo fervor religioso sino también una vena sensual y esteticista que nos remite al universo de Las mil y una noches. Otras piezas, como los tapetes y los turbantes, son también muestras de que en el mundo musulmán lo bello tiene un lugar preponderante. Mientras más aderezada la prenda, mayor el rango del portador.

El Islam en sus diversas regiones, desde el Mar Rojo al Cáucaso, promueve sociedades muy estructuradas. En los objetos mundanos está en manifiesto ese orden, que viene desde lo más alto.

Por eso el nombre de la exposición: en lo terrenal, lo más cotidiano, hay siempre un toque de lo divino. Hasta en los tableros de juegos de mesa, como el ajedrez y el backgammon; son preciosos. Es así porque están dedicados a Dios.

En el Islam está prohibido hacer representaciones figurativas de Mahoma y de Dios. Mahoma, por cierto, no es en su universo una figura divina, como sería Jesús en el cristianismo, sino un profeta elegido por Dios para difundir su palabra. De alguna manera eso es democrático: Mahoma es uno más de su pueblo, si bien un hombre tocado por el destino y la divinidad.

El agua, luz, el juego y la escritura son los elementos que se repiten al infinito. Y es que los artistas islámicos le tenían (le tienen) pavor al vacío. Como no pueden representar a Dios ni a Mahoma, llenan el espacio con miles de elementos que festejan la creación. Animales, flores y a veces representaciones antropomorfas se ven por todas partes en todos los objetos.

Por cierto, varios objetos remiten de cierta manera al arte mexicano tradicional. Y es que a través de España nos llegó esa influencia acá llamada morisca. La filigrana trabajada en oro y el lujo de algunos cofres recamados recuerdan a la talavera poblana. Después de todo, no estamos tan lejos de Mahoma.

La exposición, que viene originalmente del Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, incluye también una sección de armas, pues la batalla también es parte de la cultura islámica. El Islam es un mundo en sí mismo, toda una civilización que busca expandirse. ¿La Guerra Santa? En realidad la exposición señala que las armas eran más bien objetos de lujo, hechas más para los desfiles que para pelear.

Del Islam nada sabemos. Por eso Lo terrenal y lo divino es una invitación a romper nuestros prejuicios. No todo el Islam es el Estado Islámico y Al-Qaeda.

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