Nunca subestimen la furia de un niño. Nunca. Recuerdo un episodio de La Dimensión Desconocida en la que un chamaco obtiene el poder de hacer realidad todo lo que imagina. Un desastre,?como ya imaginarán. Muertos y heridos.

Los niños son emoción pura.?Todo les está sucediendo por primera vez, es decir, no saben lo que les está pasando. La cabeza les estalla.

Fui a ver Un monstruo viene?a verme, una de las películas que se me escaparon en el Festival de Cine de Morelia. Todos los colegas me decían que tenía que verla y yo me moría de coraje de no haberla visto. La ?estrenaron el fin de semana?muy a la sombre de La La Land. La La Land seguramente tendrá?nominaciones al Óscar (cuando usted lea esto ya lo sabremos: las nominaciones se anuncian?este martes en horas non-sanctas), así que durará más de una semana en cartelera. Creo que Un monstruo viene a verme estará fuera del radar la Academia, así que corra a verla,?es probable que dé el infame semanazo.

Dirigida por el talentoso ?Juan Antonio Bayona (hizo la también muy emotiva Lo imposible), Un monstruo viene ?a verme es una joya. Es fantasía?de una belleza del estilo de Guillermo del Toro, pero bien narrada. Del Toro solo podría?soñar con este nivel de storytelling.

Conor (Lewis McDougall, ¿de dónde sacan a niños tan talentosos?) es un niño furioso. Un muchacho de 12 años, demasiado grande para ser un niño, demasiado joven para ser un hombre , dice la profunda ?voz de un narrador que, después nos enteraremos, es la del monstruo.

No todos los monstruos son malvados, aunque ciertamente?casi todos dan miedo. Tanto miedo como enfrentarse a las verdades que llevamos enterradas en el pecho.

Conor tiene buenas razones?para estar loco de furia. Su madre (Felicity Jones) está muy enferma. Cáncer. Conor sabe hacerle la vida fácil a su madre: él mismo se hace de comer, lava su ropa. Es un hombrecito diligente.

Acosado por una pesadilla?en la que el suelo se abre y su madre desaparece en un abismo y él no puede salvarla, Conor está agotado. Su padre es una nulidad: vive en otro país y ve a Conor de manera esporádica.

La única rama del árbol que se ve más firme para Conor es su abuela (Sigourney Weaver). Lástima que se lleven tan mal. De verdad se llevan mal. Ya verán lo que le pasa al reloj de carrillón de la abuela en uno de los accesos de ira de Conor.

Para acabarla, en la escuela Conor también tiene problemas. El bullying de la escuela lo tiene en la mira. Los profesores le dedican esas miraditas de lástima que lo hacen enojar más que si lo castigaran. En fin, la vida no es fácil, qué va.

Justo cuando Conor está a punto de estallar, algo fantástico sucede: el árbol que ve todos los días por su ventana comienza a moverse. Qué digo a moverse: se arranca de la tierra y comienza a caminar hacia la casa de Conor. Viene por él.

El monstruo tiene esta advertencia: vendrá cuatro veces, las primeras tres le contará a Conor una historia. La cuarta?será la más importante: Conor?tendrá que contar su propia historia, su verdad.

¿Qué verdad? No esperen algo espectacular. O más bien, esperen lo más espectacular de todo: honestidad. La película?rezuma de ella y eso la hace notable en una época en la que se cree que las historias tienen que ir aderezadas de miles de truquitos para atraer al público.

A pesar de que Un monstruo viene a verme tiene su dotación de efectos especiales (el monstruo es una chulada de CGI; no se pierdan la voz de Liam Neeson), es una cinta de gran intimidad. No soy de lágrima fácil y confieso sin vergüenza?que lloré. No era la única en la sala. Al final algunos hasta aplaudieron.

Por último diré que el guión es una maravilla. Está basado ?en la novela del mismo título de Patrick Ness. El propio Ness adaptó. Muero de ganas de echarle mano al libro.

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