¿Qué es de la pintura contemporánea? ¿Qué están proponiendo, o cuestionando, los nuevos pintores? ¿Acaso esta disciplina ha perdido el apogeo que por antonomasia le ha pertenecido a lo largo de los siglos? Son preguntas que el Espacio de Arte Contemporáneo (Espac) pone sobre la mesa o, mejor dicho, cuelga sobre los muros.

El espacio de exhibiciones del proyecto, en la calle Goethe de la colonia Anzures, propone un diálogo entre dos momentos de la pintura mexicana: el de la segunda mitad del siglo XX y el de las últimas dos décadas. Se trata de la exposición Ontologías pictóricas, que es el tercer núcleo temático y expositivo, de una serie de cuatro, titulado El cordón umbilical retiniano.

Los trabajos de inmersión y curaduría son atribución de Willy Kautz, quien se ha encargado de hacer inmersión en la colección de Espac, integrada por más de 700 obras de mexicanos consagrados como Mathias Goeritz, Francis Alÿs, Leonora Carrington y Miguel Covarrubias, pero también de reconocidos creadores como Alexander Calder, Damien Hirst y Boris Viskin.

Esta serie de exposiciones es resultado de la investigación de Kautz sobre la colección Espac, la disposición para mostrar las obras y equipararlas con el quehacer pictórico contemporáneo exclusivamente.

Ontologías pictóricas

Son 20 piezas viéndose unas a las otras, equiparadas, marco con marco. Son distintos los materiales entre sí. Pero todas tienen algo diferente que decir sobre la disciplina de lo pictórico.

Está el caso de la obra que recibe a los visitantes. Es de David Miranda, quien, además de su trabajo como curador del Museo Experimental El Eco, trabaja piezas como “Teorema Neoconcreto de Libre Comercio” (2018), una gran manta collage de fragmentos de pinturas abstractas recreados con telas de prendas adquiridas en mercados de segunda mano.

Más allá, un enorme círculo de tela con abstracciones de la cromática de una pintura renacentista. El artista ha deformado, con óleo y acrílico sobre lino, la paleta de la obra hasta dejarla irreconocible y, con ello, ha logrado trastocar el sentido de la pieza original. Lleva por nombre “Aquella que vive en el nido de las serpientes” (2018) y es autoría de Omar Rodríguez-Graham.

Sobre un breve pasillo que conduce a otra instancia de exposiciones, también hay piezas en diálogo. Está la figura en tinta sobre papel del híbrido de un ser antropomorfo y zoomorfo que en la mano derecha sostiene un ave que lo mira fijamente. Debajo, una elegante letra, casi caligráfica, del nombre Leonora Carrington. No tiene título ni fecha.

Unos pasos adelante, la obra de Miguel Covarrubias “Mujer con jarra en Fiji” (1945) se codea con el trabajo de la joven Lucía Vidales. La comparación de los colores que emplearon ambos artistas, atemporales del todo, es deliberada. Mientras que el trotamundos Covarrubias, con trazos bien definidos, marrones, verdes y sombras, retrató en la isla de Fiji a una mujer de ojos grandes que carga una cesta, la jovencísima Lucía Vidales trabajó en un retrato grupal, en acrílico y óleo, de colores más tenues y difusos, que por momentos evocan la técnica de Schiele.

Desconcertante resulta la textura del tríptico “Nube en movimiento” (2008), de Néstor Quiñones, que, como lo sugiere su nombre, se trata del retrato de una nube y sus variaciones, según el movimiento de la luz detrás de ella, trabajado con acrílico vertido sobre glóbulos homeopáticos adheridos al tríptico para conferir a la nube de textura.

Sorprende la pieza “J.W.(1990-91)”, de Yishai Jusidman, el retrato al óleo de un payaso pintado sobre la superficie de una esfera de madera, de tal forma que se convierte en una pintura envolvente que es imposible de apreciar desde una perspectiva.

A ésta se le agrega una obra realizada por Uriel Márquez que, desde cierta distancia, parece ser el recorte maltrecho de una fotografía de la exposición Arqueología: Biología, de Anish Kapoor, en el MUAC, pegada sobre una enorme superficie dorada sobre la que no encaja del todo, pero a la proximidad es posible apreciar que se trata, en su totalidad, de una pintura al óleo y con aerosol sobre cartulina; una especie de experimento hiperrealista o un paisaje contemporáneo sobre una exposición contemporánea.

Como colofón, “Fragmento XX” a partir del trabajo de el Bosco, un óleo sobre madera MDF ejecutado en el 2017, en el que Melanie Smith aisló varias escenas y personajes mitológicos de las obras de el Bosco y los plasmó en esta obra que permite apreciar algunas escenas creadas por el holandés que en el conjunto podrían pasar inadvertidas.

La exposición incluye un ciclo de charlas con los pintores en el que cada uno explica el proceso de su trabajo expuesto en Espac. La muestra permanecerá en Goethe 130 hasta el 29 de septiembre para dar paso a la cuarta exposición: Notas al pie. Inicios de la colección Espac.

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