Al recibir la Medalla Mozart, en la categoría de Promoción, Preservación y Difusión de la Música Académica, el maestro Ernesto de la Peña refrendó su fe: Creo en Dios padre, en Mozart y en Beethoven; creo en sus discípulos y apóstoles , palabras con las que rememoró el Credo Artístico de Richard Wagner, en ceremonia celebrada este 27 de enero, en una Sala Nezahualcóyotl que se hizo eco de sus pensamientos.

Aunque no sólo eso: el público se desbordó en aplausos antes de finalizar el discurso del maestro; reconocimiento que culminó con la gente puesta de pie ovacionándolo y con gritos de bravo como si fuese un divo de la ópera.

Una entrega emotiva

Una sala animada ciertamente con conocidos discípulos y apóstoles del genio de Salzburgo (que ese día cumpliría 256 años), pero llena solamente en el primer nivel, seguramente por los problemas derivados de un viernes de quincena y de tránsito infernal.

En el escenario de La Neza estaban los galardonados: la pianista Eva María Zuk en la categoría de Intérpretes; el flautista Rubén Islas y el chelista Guillermo Helguera en el rubro de Mérito y Trayectoria; más el mencionado Ernesto de la Peña, escritor, lingüista, políglota y académico.

Al hacer la presentación del acto, el maestro Lozano dijo que la entrega de la Medalla Mozart es un reflejo de salud y esperanza para nuestros jóvenes, dada la situación del país .

Jesús Suaste habló de la pianista Eva María Zuk: quien se ha convertido en una presencia nacional, es un referente obligado y lo grave es cuando no la vemos programada en las actividades culturales de nuestro país. La pianista Zuk -remató el barítono- es pasión y compromiso por la música , más de 40 preseas obtenidas por ella lo atestiguan.

A Leonardo Villeda correspondió leer la semblanza de Ernesto de la Peña: Es un hombre -habló emocionado- que domina como pocos el arte de la palabra. Es un hombre que ayuda a otros a entender los 1,000 rostros de la música, aun para aquellos que dominan la notación musical.

En su intervención, Ernesto de la Peña expresó que la música pertenece a la humanidad entera ; que el hombre alcanza su plenitud cuando hace música y que ésta es un arte sagrado .

Una gala mediana

Cumplido el protocolo de entrega de las preseas, se siguió con la interpretación de la Gran Misa en do menor de Mozart, en el concierto de gala a cargo de la Orquesta Nueva Filarmónica de México, dirigida por Fernando Lozano.

Con la participación de Jesús Suaste, barítono; Leonardo Villeda, tenor; la mezzosoprano Gabriela Thierry, la soprano Ana Caridad Villeda; y la Sociedad Coral Cantus Hominum.

Después, se dio paso al concierto de gala con la Gran misa en do menor , K 427 de Mozart. Se trató de una actuación mediana de la orquesta y del coro que no despertó mayor emoción entre el público; con algunos pocos momentos buenos de la muy joven soprano Ana Caridad Villeda.

Además de la participación de Gabriela Thierry y Suaste, quienes simplemente cumplieron con la partitura.

Antes de esta gala, público y músicos tuvieron que permanecer unos siete minutos en silencio para esperar al director Lozano y los cantantes; un silencio tenso que fue roto por un sonido gutural burlesco de alguien entre el público.