La cinta mexicana El complot mongol, basada en el célebre libro de Rafael Bernal, dirigida por Sebastián del Amo, con un elenco de reconocidos actores, encabezado por Damián Alcázar y Bárbara Mori, como protagonistas, e integrado por Lisa Owen, Xavier López, Chabelo, Eugenio Derbez y Roberto Sosa, se estrena este jueves 18 de abril en salas de todo el país.

Poder filmarla y finalmente presentarla al público es un sueño cumplido para el realizador mexicano nacido en Francia en 1971. Es una historia a la que está ligado desde su infancia. La prioridad era conservar la estética narrativa de Bernal y llevarla al cine, darle un tono de época, interpretar con la imagen ese tono sarcástico, cómico hasta lo absurdo, clandestino y también oscuro, que son elementos naturales del género negro, del cual la novela homónima es un referente en el país. Y está bien logrado, a pesar de los riesgos de llevar una cinta del género más allá de lo necesario y que esta luzca sobrada.

Es la historia de Filiberto García (Damián Alcázar), un matón a sueldo que se ve involucrado en una intriga internacional entre el FBI, la KGB y una supuesta conspiración gestada desde un Barrio Chino de la Ciudad de México lleno de clichés, para asesinar al presidente de Estados Unidos en su próxima visita al país. A la par, García se enamora como un adolescente de una joven de origen chino llamada Martita Fong (Bárbara Mori), quien será el móvil emocional de esos días tan ríspidos y, quizás, también su perdición.

Se trata de una sátira en la que todo el mundo parece saber más sobre lo que está pasando en la vida del protagonista que él mismo, donde hay espionajes y contraespionajes que parecen no llevar a nada y en la que el más confiable aliado con el que cuenta García es un abogado alcohólico, interpretado por Roberto Sosa, que le sirve de informante.

El reto del filmar tu libro favorito

En conversación con El Economista, Sebastián del Amo habla sobre esta nueva cinta.

“El complot mongol es considerada la novela fundacional del género negro de la literatura mexicana. Es un clásico de las letras contemporáneas, con muchos fans de hueso colorado. El gran reto era intentar ser fiel a esta novela, intentar una adaptación a la altura, conservando un estilo personal y una propuesta estética que se desmarquen de adaptaciones anteriores”, relata el realizador de inicio.

Se dice emocionado porque esta cinta es la culminación de muchos años de trabajo que empezaron incluso antes del proyecto de la cinta Cantinflas (2014). Asegura que es una de sus novelas de cabecera.

“Tenía menos de 13 años, me la dio a leer mi madre y me cambió la vida porque me inculcó el gusto por la lectura. Más allá de ser una novela negra con todos los elementos típicos: el antihéroe, la mujer fatal, la visión oscura de la vida, la ironía, resulta muy entretenida porque constantemente estás leyendo lo que Filiberto García piensa y cómo lo que dice nunca corresponde con lo que hace. Te das cuenta de que, lejos de este hombre de acción otoñal, en realidad es un ñoño muy cursi, fantasioso, perdidamente enamorado de Martita y eso lo hace un personaje realmente encantador”.

Ese espíritu tragicómico del personaje principal condicionó la puesta en cámara de la película, comparte Del Amo. Dice que para involucrar al público en este diálogo interno del personaje, decidió romper la cuarta pared, hablarle a la cámara, “lo cual hace que el espectador sea cómplice de García, de manera que lo que le suceda se sienta más en términos afectivos por sobre lo anecdótico”.

Se fraguó lento

Actualmente el director tiene 48 años. Su primer trabajo relacionado con El complot mongol fue durante sus 20, entonces trabajó en un cómic que años después le sirvió como un estudio previo para la culminación de la cinta que está por estrenarse.

Relata que cuando presentó el Fantástico mundo de Juan Orol, en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, en el 2012, ya llevaba bajo el brazo el guion de El complot mongol: “Lo escribí en el encuentro de coproducción de ese mismo festival, buscando un primer financiamiento. Después se me atravesó Cantinflas, que fue de encargo y me tomó un par de años. De un tiempo para acá retomé este proyecto, pero ya no sólo como guionista y director sino como productor. Es la primera película que produzco”.

Colores y actores

La historia transcurre en un Barrio Chino más íntimo, con pocas escenas exteriores, una estética de época, de mitad del siglo XX, y un estilo de filmación característico de dicho momento del cine nacional, con secuencias como las del automóvil en movimiento, filmadas en un set, con una pantalla de fondo para añadir en ella el trasfondo citadino, y con una paleta teatral, expresiva, bien marcada.

“Quisimos hacer cine negro utilizando una colorimetría muy agresiva. Viendo la paleta característica del Barrio Chino, decidimos asignarle un color a cada uno de los personajes. A partir de ello toda la película fue como un juego de rubik: si de pronto el vestuario es amarillo, la escenografía es roja y la luz verde. Fuimos variando la luz. Eso hizo que la estética sea mucho de cómic. También utilicé lentes muy angulares, muy cerca de los actores, para mostrar sus deformaciones morales”, comparte.

Sobre la complejidad de trabajar con actores de la talla de Xavier López y Eugenio Derbez, Del Amo refiere que el éxito del poder de convocatoria del proyecto fue invitarlos a hacer papel que eran diferentes a los personajes que suelen interpretar.

“Fue un reto actoral interesante para ellos. Cuando le pedí a don Xavier que quería que participara pero no actuando como Chabelo, le brillaron los ojos. Así sucedió un poco con todos. Lo mismo pasó con Lisa Owen, el propio Damián o Derbez, que sale de villano (da vida al político Rosendo de Valle). Sacar a todo el mundo de su zona de confort hizo que se volcaran de una manera generosa. Si en la novela los personajes son fuertes, en la adaptación no perdieron esa fuerza. Y estoy muy satisfecho con el resultado”, concluye.

El complot mongol se estrena mañana 18 de abril en salas de todo el país.

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