La realidad –se dice- siempre supera a la fantasía. Por eso en el cine nos sentimos protegidos. Miles de muertes sangrientas y otras calamidades proyectadas sobre la pantalla difícilmente ponen en duda la sensación del espectador de encontrarse en un lugar donde las balas y las explosiones no pueden alcanzarlo. En las películas escapamos de la realidad dentro de un útero confortable, gigante e inexpugnable.

En mis épocas de estudiante fui a un par de matinés en compañía de un joven enfermo de esquizofrenia. No recuerdo bien cómo es que conseguíamos salir -¿escapar?- del hospital psiquiátrico para acudir a las flamantes salas del Centro Cultural Universitario de la UNAM.

Tenía yo entonces la ingenua convicción –influido por la película Atrapados sin salida- de que sacando al paciente de su encierro en el manicomio podía lograrse una verdadera experiencia terapéutica. Lamentablemente, el cine de arte alemán produjo efectos contraproducentes.

Mi compañero se agitaba en la butaca con El enigma de Kaspar Hauser y su pensamiento delirante se desbordó con Las amargas lágrimas de Petra von Kant. Así que tuvimos que salir apresuradamente de la sala.

La terapia cinematográfica terminó y ya nunca más volvimos a salir juntos.

Cuando la semana pasada un joven de 24 años irrumpió a balazos en un cine estadounidense durante el debut de la nueva película de Batman, matando e hiriendo a mucha gente, la realidad nuevamente superó a la imaginación.

El atacante era un brillante neurocientífico quien, poco tiempo antes del trágico suceso, había estado investigando sobre un método científicamente sofisticado para detectar la esquizofrenia usando micro-biomarcadores de ARN.

Éstos son indicios que no dependen de consideraciones clínicas, sino de datos biológicos que pueden estudiarse en muestras de sangre y de cerebro, y que también pueden servir para monitorear los avances del tratamiento.

La esquizofrenia, como se sabe, es un padecimiento crónico del cerebro que afecta a 1% de la población mundial, siendo la principal causa de internamientos psiquiátricos prolongados, además de un problema de salud pública importantísimo.

El uso de marcadores biológicos podría permitir saber qué personas –desde la niñez- tienen riesgo de enfermar de esquizofrenia. El tratamiento temprano se considera crucial para mejorar el pronóstico y el manejo a largo plazo.

Por el momento no hay pruebas diagnósticas basadas en indicadores que de manera precisa, barata, rápida y accesible permitan diagnosticar esta terrible enfermedad.

James Holmes es el nombre del más reciente archienemigo de Batman, considerado alumno brillante, tranquilo, solitario y desempleado.

Este multiasesino consiguió legalmente en su ciudad armas dignas de un sicario mexicano. Nunca antes había delinquido. Le interesaba la investigación científica de biomarcadores, base de una industria que este año podría llegar a los 11,000 millones dólares.

Cuando su madre se enteró llamó a la policía para decir escuetamente: Tienen a la persona correcta . Ciudad Gótica hoy es más oscura que nunca.

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