Recientemente se dio a conocer el libro Transgénicos. Grandes beneficios, ausencia de daños y mitos, coordinado por Francisco Bolívar Zapata, miembro del Colegio Nacional. La publicación es editada por la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) con apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y el Instituto de Biotecnología de la UNAM Morelos. El documento está basado en el libro Por un uso responsable de los OGM, publicado por la AMC en el 2011, actualiza los capítulos originales e incluye seis que presentan información y análisis derivados de seis años de compilar evidencia científica que sustenta el uso y consumo de los mismos. Además expone los beneficios económicos, ecológicos y sociales derivados de la utilización responsable y sustentable de estos organismos y sus productos.

Es una obra de 500 páginas, con publicación de libre acceso, en las que se incluyen una presentación-declaración, 11 capítulos dedicados a la evidencia científica y 10 anexos que complementan los planteamientos. También se agrega un anexo de preguntas frecuentes, la presentación de listados de premios Nobel firmantes de declaratorias en apoyo a biotecnología agrícola y al uso de los organismos transgénicos y citas de decenas de artículos científicos que sustentan la ausencia de daño en los alimentos transgénicos.

Esta parece una lectura obligada, tanto para el que está a favor como en contra. “Los propósitos de la publicación son proporcionar de manera sistematizada a la sociedad mexicana la información científica y técnica que sustenta la ausencia de daños y los amplios beneficios de los OGM, construidos por las técnicas de ingeniería genética”, explicó el también doctor en Química, exdirector del Instituto de Biotecnología y expresidente de la AMC.

Este grupo de expertos reconoce la falta de información sobre el tema, la cual ha creado desconfianza, por ello en esta publicación sustentan que los transgénicos, por ser organismos vivos creados por procesos de transferencia horizontal de ADN y reorganización del genoma —similares a los procesos que ocurren en la naturaleza— son organismos con niveles de riesgo parecidos a los que ya existen en los procesos naturales de la biota.

Agregan que el ser humano ha utilizado la domesticación y el mejoramiento genético de las plantas y los animales durante los últimos 8,000–10,000 años, y las plantas transgénicas que se usan en el campo implican una tecnología perfeccionada, también llamada “agricultura de precisión, más avanzada, más segura y precisa que las anteriores”.

En la publicación participan 17 expertos en diversas disciplinas y miembros del Comité de Biotecnología de la AMC. “Hasta ahora, no hay evidencia científica seria que compruebe el daño causado por los OGM”, ésta es la premisa de los autores.

Ciencia contra creencias

Sobre la satanización de los transgénicos, Enrique Galindo Fentanes, doctor en Biotecnología y secretario de Vinculación del Instituto de Biotecnología (IBT) de la UNAM, aseguró que el rechazo del público en general se debe a una campaña persuasiva por parte de los detractores del tema, y eso ha trascendido a los tomadores de decisiones. “Se quiere hacer ver que transgénico es sinónimo de transnacional y de riesgo sin algún elemento científico, es simplemente dogmático. Tenemos una oportunidad única como país en vías de desarrollo, pues contamos con la posibilidad de tener nuestros propios transgénicos para resolver problemas no resueltos por ninguna compañía transnacional; por ejemplo, hacer transgénicos para dejar de usar herbicidas. Tenemos científicos en la materia de clase mundial, de manera que si esta campaña negativa persiste vamos a dejar pasar una oportunidad de oro”, agregó Galindo.

Por su parte, el doctor Xavier Soberón Mainero, director del Instituto Nacional de Medicina Genómica, fue tajante: “La política pública debe centrarse en evidencia científica (...) Me preocupa y ocupa su uso socialmente responsable, por eso es importante que todos comprendamos los elementos que están involucrados en temas como los transgénicos”. Y agregó que lo que se requiere es una regulación congruente, adecuada a la potencialidad que tienen los OGM para generar bienestar y beneficios en general.

Francisco Bolívar aclaró que el libro no busca propiciar la sustitución de los cultivares de los cuales México es centro de origen por cultivares transgénicos, “sino señalar que hay que sumar experiencias, tecnologías responsables como la biotecnología y conocimientos mexicanos, para contender con las grandes demandas, injusticias y problemas que enfrentamos y que se agravarán”.

Dijo que esta discusión se ha atrasado entre demandas, amparos y bloqueos contra los cultivos transgénicos, lo que ha causado que el uso en el campo de estas tecnologías disminuya, al tiempo que se mantienen e incrementan las importaciones de alimentos transgénicos.

Luis Herrera Estrella, investigador de Langebio Cinvestav Irapuato, quien junto con su equipo de investigación descifró el genoma del maíz, expresó no sentir arrepentimiento ni remordimiento por haber participado en la elaboración de la nueva publicación. Por el contrario, dijo sentir orgullo y añadió que contribuir a esta tecnología no significa un apoyo a empresas multinacionales. “Vemos la importancia y la trascendencia de esta tecnología de cómo puede ayudar al agricultor mexicano, pero no favorecemos ni las prácticas ni los intereses de las trasnacionales. Apoyamos el desarrollo de las plantas transgénicas propias, de nuestra propia tecnología (...) Es una herramienta muy poderosa para ayudar a la economía y producción de alimentos”.

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