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Casa de muñecas, más vigente que nunca
A casi 130 años de su creación, la dinámica matrimonial representada en el texto de Henrik Ibsen, es prácticamente la misma de una pareja actual.
La vigencia de Casa de muñecas es sorprendente: A casi 130 años de su creación, la dinámica matrimonial representada en el texto de Ibsen, es prácticamente la misma de una pareja actual. De aquí parte el montaje realizado por Mauricio Jiménez, que se presenta los fines de semana en el Teatro Helénico, desgraciadamente se queda un poco corto debido a un bajo desempeño actoral.
La obra es estelarizada por Andrea Salmerón, Moisés Arizmendi, Olga González, Francisco Mena y Erando Gonzálezj, cuyo desempeño es bastante irregular, por momentos consiguen conectar con la fuerza del texto pero la mayoría de las veces parecen estar recitando diálogos en lugar de actuar, lo cual genera un tedio tremendo.
Sin embargo, esos breves momentos de conexión que tuvieron los actores hacen pensar que, pasadas algunas funciones, los histriones poseen lo necesario para pulir este trabajo y proyectar esa fuerza de Casa de muñecas que resulta estremecedora.
La historia, para quienes no sepan, gira en torno a una mujer llamada Nora (Salmeron), dedicada a su marido, al hogar y a sus hijos. Nora lo ha dado todo por ellos y por su puesto se ha olvidado de ella. Pese a todo, Nora espera que algún día, su marido la voltee a ver y reconozca su valía.
En época navideña, al marido de Nora, Torvaldo (Arizmendi), recibe un jugoso ascenso que “cambiará la vida de la familia”. Sin embargo, un viejo secreto de Nora amenaza con salir a la luz y poner en peligro la estabilidad de la familia y la reputación de su marido:
La acción se desarrolla en nuestra época, en una casa de familia acomodada, enmarcada en una estructura metálica que asemeja una enorme jaula de pájaro, que aprisiona a nuestra protagonista, detiene su vuelo y controla su canto. Dentro de la misma se desarrolla una interesante “danza escénica” simbolizada a través del trazo escénico hábilmente ideado por el director.
Otro detalle es que los diálogos están construidos con un lenguaje de otra época: hoy nadie habla así. Esto es pecata minuta, pero llama la atención de que la obra se vende como una versión contemporánea y la verdad es que lo único contemporáneo son los muebles de la casa y el vestuario de los personajes. Ah, y de pronto se menciona un iPad por ahí.
Casa de muñecas es un grito feminista libertad, de hartazgo… es un acto de empoderamiento que hoy más que nunca es necesario.
abr