Frente a Cara de Perro al lector se le obnubila la mirada y la mente, a ratos hace que su corazón lata de prisa y, a veces, cuando menos se lo espera, justo al pasar la página, alcanza a dibujar en el rostro una sonrisa.

Esta trepidante colección de cuentos no habla precisamente de animales (¿o sí?) ni es apropiada para niños, aclara el autor de Cara de Perro (Editorial Hormiguero, 2021), Gerardo Tena, quien presentó en compañía de la conductora de La dichosa palabra, Laura García Arroyo, su opera prima.

Los recuerdos de Cerillo, un adolescente pelirrojo, alter ego ficticio del autor y vecino de la calle Doctor Durán en la mítica colonia Doctores, construyen un mosaico de teselas variopintas que retratan la vida cotidiana del barrio durante las últimas décadas del siglo XX, donde un grupo de pubertos y ladronzuelos, niños y niñas jugando al avión o a las escondidas, se disputaban las calles con pandillas de malandrines que las convertían en escenario de sus batallas campales, o se mezclaban y cohabitaban con drogadictos, vagabundos, teporochos, mercachifles, prostitutas, e incluso con la policía.

“La calle de Doctor Durán es un caleidoscopio de personajes. Hay tantos oficios como personas: carpinteros, afiladores, pintores de brocha gorda, mecánicos, tranviarios, cerrajeros, boxeadores, zapateros, electricistas, luchadores, plomeros y... gente sin oficio ni beneficio. La mayoría le roba al prójimo, incluso -con más autoridad- los vecinos que ejercen de policías”, describe “Ciudad Perdida”, una de las treinta piezas que componen el libro.

Cara de Perro es de algún modo un retrato nostálgico de la defensa de un territorio y de la inocencia perdida en ese intento. El mundo absurdo y cruel de los adultos ante la mirada de un niño.

Gerardo Tena, periodista toda su vida, hace gala de sus recursos narrativos, sobre todo de la metáfora precisa y perfecta, para desnudar esa alma humana a veces desbordada por la crueldad y una saña tan excesiva como inexplicable.

Desfilan por sus páginas las víctimas del bullying, una palabra ausente en la obra porque entonces no la conocíamos, pero que se practicaba entonces con la misma sevicia que en nuestros días.

Como en Los Olvidados, de Buñuel, o Los Albañiles, de Leñero, una caterva de adolescentes sobrevive a la incuria de los padres, a la escasez de comida en la mesa, a las guerras de lodo, a la ausencia de un televisor e incluso al cura que incordiaba y abusaba de los asistentes al catecismo.

Son postales de un pasado no tan remoto de adolescencias prolongadas, anhelantes, y al mismo tiempo despojadas de un futuro improbable. Historias de Reyes Magos que dejaron de ser populares y perdieron toda credibilidad porque no llegaban con los encargos suplicados.

Pero no todo es gris. Cara de Perro evoca también el primer beso, los amores juveniles, el erotismo que inaugura en la piel, esa llama doble que nos recuerda a Octavio Paz; los primeros amigos y cómplices de la vida, “la palomilla”, le decían; el contacto con la lucha libre, las canciones de los Doors o Credence reproducidas en aparatos desvencijados, los apodos que se quedaron para siempre, algunos muy crueles; las navidades bulliciosas y coloridas y el amor de las madres que se batían por sus hijos.

A final de cuentas son historias que hablan del arte de sobrevivir. Gerardo Tena explica que el nombre Cara de Perro, que es el penúltimo cuento del libro, “refiere a la cara de un perro que quiere patada. Y tiene que ver con el valor para enfrentar la vida, para vivir en el mundo de los adultos, tener un espíritu y un alma bien plantados para salir adelante. Porque si actúas como víctima te van a pasar por encima”.

Cara de Perro es un cúmulo de historias subyacentes y poderosas o retazos de una misma entrelazados, convergentes, concomitantes, arrancados de la memoria de Cerillo, que se volverá entrañable. En palabras de Laura García Arroyo: “Cerillo se volverá un compañero imprescindible con el que lidiar en la realidad que se asoma todos los días al abrir la puerta de casa”.

“Cara de Perro es un cúmulo de historias subyacentes y poderosas o retazos de una misma entrelazados, convergentes, concomitantes, arrancados de la memoria de Cerillo. En palabras de Laura García Arroyo: “Cerillo se volverá un compañero imprescindible con el que lidiar en la realidad que se asoma todos los días al abrir la puerta de casa”.

Cara de Perro

  • Gerardo Tena
  • Hormiguero, Año 2021
  • 208 páginas
  • Costo 299 pesos
  • Disponible en: Amazon, Gandhi, El Péndulo, El Sótano, Gonvill y Mercado Libre.

francisco.deanda@eleconomista.mx