El momento cumbre en el concierto de Balanescu Quartet, el domingo 13 de mayo en la Sala Nezahualcóyotl, fue cuando el líder del grupo dejó el violín, vistió un saco negro y comenzó un recitativo en inglés que, lenta, dramáticamente, con un dolor apenas contenido, iba machacando la conciencia de los presentes con su colección de fechas, alusión-reproche a sepulcros de la historia en que descansan millones de huesos humanos revueltos con sueños redentoristas de varias generaciones.

En efecto, con su voz de bajo profundo, el violinista y compositor Alexander Balanescu fue desgranando una retahíla de frases: Invasión de tanques soviéticos en Budapest, 1956; la Primavera de Praga, 1968; el ascenso a la Presidencia de Rumania de Nicolae Ceausescu, 1974; hasta llegar a la matanza de la plaza Tian’anmen de 1989 en China.

En este punto la música de los violines eléctricos, la viola y el violonchelo que amplificaban las bocinas de la sala fue implacable en su accionar sobre el público como una maza, como un martillo neumático; lo mismo que la luz del escenario: puntual, machacona y a veces violenta. Balanescu Quartet es un grupo duro.

Por supuesto que el músico rumano, Alexander Balanescu (nacido en 1954), con estudios en Bucarest, Jerusalén, Londres y Nueva York, es una víctima de la dictadura de los Ceausescu y del socialismo realmente existente (Rudolf Bahro dixit).

De manera objetiva, el programa realmente existente se dividió -seguramente sin que lo pensaran así sus organizadores- en dos partes: una, en la que se tocaron piezas anunciadas en el programa de mano como No Time before time, Aria/ Interlude/ Doina , Still With Me , Luminitza y Kraftwerk . Todas de la autoría de Alexander, excepto la última, que es de Hutter, Bartoff y Schult.

Luego, como aprovechando el encore solicitado por el público a punta de gritos, vivas y aplausos acompasados, Balanescu Quartet nos entregó algunas de sus piezas más notables -la mayoría tomadas del legendario grupo electrónico alemán Kraftwerk- situadas en el campo de la fusión con el jazz, el folk, con un toque de clásico, vanguardia y rock. Naturalmente que el público, que llenaba la mitad de la Sala Neza, de plano enloqueció; aunque al principio del concierto algunos asistentes se preguntaban: ¿Qué diablos es Balanescu? Canciones como Model , Computer Love , Pocket Calculator , Autobahn , causaron gritos de euforia.

En general, la estructura de estas piezas se caracteriza por un conjunto de frases musicales elegantes, atractivas, sencillas -a veces hasta poperas-, contrastadas por voces, grabaciones y una rítmica pegajosa, adictiva, hipnótica, que se desgrana de sus instrumentos eléctricos. Esta obsesividad (ostinato) de las piezas, pero con un contrapunteo ágil, vistoso y rico, hizo que Alexander Balanescu ensayara unos pasitos en el escenario con su violín al hombro, como si estuviese en la fiesta de un pueblo rumano. No cabe duda que el violinista del sombrero es carismático.

Alexander Balanescu participó como violinista en el afamado Cuarteto Arditi, pero en 1987 decidió, con buena visión, emprender su propio camino y formar el Balanescu Quartet. Este último lo integran -aparte de Alexander- James Shenton (violín segundo), Nick Holland (violonchelo) y Katie Wilkinson (viola), quien dejó gratamente impresionado al público por su manejo del instrumento y su vestido negro cortitito.

Las presentaciones en vivo de Balanescu Quartet son impresionantes por su fuerza y dramatismo. Han tocado en sitios tan contrastantes como el Centro Bancario del Sur de Londres, una fábrica textil en Nueva York o un concierto de Pet Shop Boys en la Arena de Wembley ante 10,000 espectadores.

Ahora bien, dicen que una mala obra se arregla con un buen final. Y éste fue el caso del concierto de Balanescu Quartet del 13 de mayo: al principio, el sonido que reproducían las bocinas era pastoso, de mala calidad las partes grabadas y hasta la viola de Katie Wilkinson arrastraba un dejo metálico desagradable. Todo esto lo fueron superando durante el concierto.

El grupo Balanescu todavía no accede a la conexión inalámbrica de sus instrumentos.