El Museo Franz Mayer presenta dos exposiciones atractivas que nos llevan por dos tiempos disímbolos. Por un lado, las esculturas sacras de la época novohispana y, por el otro, una sala llena de cerámica contemporánea de autor.

LLANTOS DESDE LA NUEVA ESPAÑA

¿Se ha fijado que gran parte de las figuras sacras que podemos ver en las iglesias antiguas parecen estar llorando? Es la impresión que esas obras han causado siempre en esta reseñista. Impresiona la expresividad que alcanzan esos cristos, esas vírgenes, esos santos dolientes, arrobados.

En Los escultores novohispanos y sus obras, el Franz Mayer nos adentra de lleno en el mundo, al mismo tiempo intimidante y fascinante del arte religioso de la Nueva España. Son obras que datan de los siglos XVII y XVIII. Obras devocionales juntadas en los últimos años de vida del propio Franz Mayer, examinadas hasta el cansancio para asegurar su autenticidad.

Algunas de las obras son tan perfectas que uno se pregunta como Miguel Ángel ante su Moisés qué les faltaría para ponerse ahí mismo a hablar, o a llorar. Vienen de una época en la que el arte y la artesanía eran lo mismo, y también de una edad en la que la dimensión religiosa era distinta, son figuras que provienen de trabajadores que rozaban lo sagrado.

LAS OBRAS DE DÍAZ DE COSSÍO

Alberto Díaz de Cossío es uno de los pocos ceramistas contemporáneos que ha ganado notoriedad en México. Ha sido una sorpresa recorrer su exposición en solitario en el Mayer. Quien esto escribe tenía la idea (equivocada) de que el arte de la cerámica se había quedado allá en la época de la nao de China, cuando los platos y trastos traídos de Oriente eran joyas que las familias pudientes podían permitirse. Observar la obra de Díaz de Cossío me demostró lo equivocada que estaba. La exposición lleva un bello título: La cerámica debajo de la piel. Sin duda, Díaz de Cossío lleva así, pegado a su ser, el oficio de ceramista. Las artes aplicadas y el diseño siguen dando vida al arte de la cerámica. El autor hace obras estrambóticas, fantásticas. Son obras hechas bajo la técnica de la alta temperatura, un modo de trabajar la cerámica que tiene pocos años de realizarse en nuestro país.

Díaz de Cossío encabeza además un taller de cerámica donde su trabajo adquiere dimensiones experimentales y profundamente académicas.

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