Buscar
Arte e Ideas

Lectura 4:00 min

Analizan qué hacer ante el desgarre del tejido social

La corrupción no es una causa sino un síntoma de la falta de administración del Estado; no hay un sistema de justicia funcional; rasgado del tejido tiene que ver con la polarización social, exponen pensadores contemporáneos en el comienzo de las mesas del foro “La crítica en su laberinto: ¿qué hacer?, organizadas por la Cátedra Inés Amor en Gestión Cultural, de la UNAM.

main image

Enrique Díaz Álvarez, Claudio Lomnitz y Jacobo Dayán

No sólo en México sino en todo el mundo, parece ser que los Estados modernos están en una reconfiguración. Pareciera que el Estado que se prefigura hacia adelante ha decidido que la seguridad y la justicia no le corresponden y está abdicando de esa obligación primaria.

En el caso del Estado mexicano, se observa la construcción de un personaje ficcional al que nos enfrentamos como si fuera el malo absoluto que tiene que ser combatido con la contraparte, el bueno absoluto, muchas veces representado por un soldado. Pero esta construcción en sí misma también es un indicio de la abdicación del Estado sobre su responsabilidad, porque ha vuelto a otorgar estas funciones a lo más primitivo de su concepción, que son las fuerzas armadas.

Esta abdicación, a su vez, permite la irrupción de actores sociales que se convierten de facto en las autoridades que resuelven los conflictos de la vida social y que, por lo general, son ejecutores de violencias diversas, desde la física hasta la económica, desde el crimen organizado hasta las empresas extractivas.

Esta idea fue vertida la tarde de este martes por el activista social Jacobo Dayán, como moderador de la mesa “¿Qué hacer ante el desgarre del tejido social?”, la primera de 14 sesiones del ciclo “La crítica en su laberinto: ¿qué hacer?” que organiza la Cátedra Inés Amor en Gestión Cultural, de cuyo primer encuentro tomaron parte el antropólogo social, historiador y ensayista Claudio Lomnitz y el filósofo, escritor y catedrático Enrique Díaz Álvarez.

Falta de capacidad reguladora

“Una de las cosas que me parecen importantes para la crítica en el México actual es darse cuenta (de) que uno de los lugares al que nos debemos dirigir es al Estado. Hay que quitarse malos hábitos respecto a la crítica del Estado, porque tenemos una especie de crítica en un sentido común, por ejemplo, la corrupción como la fuente de todos los problemas. Pero la corrupción casi siempre es un síntoma de algo y no una causa. Frecuentemente es síntoma de la falta de capacidad reguladora del Estado”, opinó Claudio Lomnitz.

Históricamente, México tiene un Estado relativamente débil, y cuando tienes Estados relativamente débiles, hay mucha corrupción. Entonces, decir que la corrupción es el problema y yo, porque soy honesto, voy a poderlo resolver, es realmente tomarle el pelo al país”, amplía Lomnitz.

El autor de “El tejido social rasgado” (Editorial Era, 2022) expuso que es necesaria la presencia de “más Estado” en algunos rubros, pero también es menester definir desde los estratos sociales dónde se requiere su presencia en todos los sentidos, incluyendo, por supuesto, la fuerte inversión económica.

“Pero no ha habido una inversión parecida en el sistema de justicia, y no hay un sistema de justicia funcional en México porque no hay suficiente Estado. Entonces, le pones militares a eso porque un militar puede aducir siempre razones de Estado, puede ametrallar gente, matar personas y hacer lo que sea, y tiene un espacio de extralegalidad, pero lo que está marcando ahí es justamente la falta de capacidad de administración”.

Paliar la polarización

El migrante es la figura del chivo expiatorio del Estado ausente, el sujeto sacrificable, que se puede asesinar impunemente sin cometer homicidios, declaró, por su parte, el filósofo Enrique Díaz Álvarez.

“Esto preocupa en un momento donde hay una crisis de discursos abiertamente xenófobos, racistas (…) el migrante tiene la culpa de la falta de trabajo, de la inseguridad, de todo (...) y el populismo, sobre todo de derecha, es experto en movilizar ciertos afectos, como el odio, el miedo, y le funciona. Desde esta perspectiva, parte del rasgado del tejido social tiene que ver con esa polarización social”.

Ahora bien, ¿cómo movilizar otro tipo de emociones desde una perspectiva democrática y emancipadora? Díaz Álvarez opinó: “si pretendemos paliar la polarización, tenemos que pensar en común y recuperar ese olvidado tercer principio de valor democrático, que es la fraternidad, sin que parezca rancio ni ingenuo”.

Consulta la mesa completa.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete