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La inflación de la eurozona supera el 3% y refuerza las expectativas de una subida de tasas del BCE
La inflación de la zona del euro volvió a situarse por encima del 3% en agosto debido al aumento de los costos energéticos, lo que refuerza aún más los argumentos ya de por sí sólidos a favor de una nueva subida de las tasas de interés por parte del Banco Central Europeo este mes, mientras la guerra en Irán sigue ejerciendo presión al alza sobre los precios.
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La inflación de la zona del euro volvió a situarse por encima del 3% en agosto debido al aumento de los costos energéticos, lo que refuerza aún más los argumentos ya de por sí sólidos a favor de una nueva subida de las tasas de interés por parte del Banco Central Europeo (BCE) este mes, mientras la guerra en Irán sigue ejerciendo presión al alza sobre los precios.
La inflación en los 21 países que comparten el euro se aceleró hasta el 3.3% en agosto, desde el 2.9% registrado en julio, impulsada casi en su totalidad por el aumento de los costos energéticos, ya que subieron tanto los precios del crudo como los del gas natural y las refinerías aumentaron sus márgenes, según mostraron este martes los datos de Eurostat.
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No obstante, las presiones subyacentes sobre los precios se mantuvieron moderadas, lo que ofrece cierta tranquilidad a los responsables de política monetaria, ya que el repunte de los precios de la energía aún no está desencadenando el tipo de efectos de segunda ronda que podrían perpetuar una inflación galopante y obligar al BCE a adoptar medidas más agresivas.
De hecho, la inflación subyacente —cifras que excluyen los volátiles precios de los alimentos y los combustibles— se moderó hasta el 2.4% el mes pasado, desde el 2.5%, ya que el crecimiento de los precios de los servicios, el componente más importante de la cesta de precios al consumo, se ralentizó hasta el 3.0% desde el 3.3 por ciento.
Las cifras de este martes coinciden en líneas generales con las propias expectativas del BCE y podrían indicar que la subida de la tasa de depósito al 2.50%, ampliamente anunciada para el 10 de septiembre y la segunda subida del banco este año tras la subida de junio, será una decisión relativamente fácil, casi un hecho sin importancia para los mercados.
Los inversionistas financieros ya han descontado esta medida, lo que apunta a que centrarán su atención en la trayectoria futura de las tasas, una cuestión más complicada, ya que las opiniones divergen sobre la gravedad real de los problemas de inflación en la zona del euro.
¿Serán necesarias más subidas de tasas?
Los responsables de la política monetaria no parecen dispuestos, por el momento, a dar señales de nuevas subidas de tasas, y los economistas también consideran muy probable que el BCE se detenga en septiembre, manteniendo las tasas en lo que muchos consideran el extremo superior del rango "neutral", un nivel de tasas de interés que ni restringe ni estimula el crecimiento.
Esto se debe, en parte, a que el mercado laboral se muestra relativamente débil y las presiones sobre los precios no han desencadenado ningún aumento visible del crecimiento salarial, lo que refuerza la opinión de que solo bastaría con un ligero endurecimiento de la política monetaria.
El crecimiento económico, que ronda apenas el 1%, también es bastante débil y corría el riesgo de ralentizarse aún más si el conflicto continuaba.
Sin embargo, los mercados financieros prevén dos subidas de tasas más durante el próximo año, partiendo de la premisa de que el aumento de los precios de la energía acabará repercutiendo en la fijación general de precios, sobre todo dado que la guerra en Irán no da señales de remitir, lo que mantiene la inflación en niveles elevados.
Los precios del gas natural también están subiendo, mientras que la economía en general ha demostrado ser resistente a las tensiones económicas derivadas de las guerras, los aranceles y el aumento de las tasas de interés, por lo que, según algunos, el BCE podría verse obligado a tomar medidas adicionales para frenar las presiones sobre los precios.
Además, otros bancos centrales del mundo, incluida la Reserva Federal, también podrían verse obligados a subir las tasas, lo que refuerza las apuestas del mercado por un ciclo global de subidas de tasas.
No obstante, incluso si el BCE se viera obligado a aplicar nuevas subidas, no parece haber mucha urgencia en las medidas posteriores, por lo que los responsables de política monetaria podrían saltarse la reunión de octubre y centrarse en la próxima ronda de previsiones económicas en diciembre.