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Política

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Restricción de celulares en escuelas: ¿mejorará el aprendizaje? Esto advierten especialistas

Investigadores de la UNAM advierten que retirar los dispositivos no garantiza mejores resultados académicos y señalan retos para docentes, alumnos y familias

Especialistas advierten sobre los efectos de restringir celulares en las escuelasImagen generada por IA

A partir del próximo 3 de noviembre, las escuelas de educación básica en México deberán restringir el uso de teléfonos celulares durante toda la jornada escolar, incluidos los recreos. La medida busca reducir las distracciones y mejorar la convivencia, pero especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advierten que retirar los dispositivos no garantiza, por sí solo, mejores resultados educativos.

En entrevista con El Economista, Janneth Trejo Quintana y Sebastián Plá Pérez, investigadores del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) de la UNAM, coincidieron en que la restricción podría favorecer la concentración de los estudiantes, aunque sus resultados dependerán de las estrategias pedagógicas, la participación de las familias y las condiciones de cada escuela.

"Tú puedes quitar el celular y seguir con una pésima educación", advirtió Plá, quien señaló que el desempeño académico también está condicionado por la formación docente, la infraestructura escolar y la disponibilidad de materiales educativos.

Trejo, por su parte, explicó que todavía no existe suficiente evidencia empírica en México para determinar si limitar estos dispositivos durante las clases se traduce directamente en mejores aprendizajes.

El Acuerdo 09/09/26, publicado el 22 de septiembre en el Diario Oficial de la Federación (DOF), establece la restricción durante toda la jornada para estudiantes de educación inicial, preescolar, primaria y secundaria, tanto en escuelas públicas como particulares.

Sin embargo, contempla excepciones para actividades con fines pedagógicos previamente programadas, emergencias y necesidades de salud, discapacidad, accesibilidad e inclusión. En bachillerato, cada comunidad educativa deberá establecer sus propias condiciones de uso mediante acuerdos

¿Menos celulares significan mejores calificaciones?

La Secretaría de Educación Pública (SEP) fundamentó la regulación, entre otros elementos, en los resultados de una consulta nacional realizada en agosto de 2026, en la que participaron 565,396 figuras educativas.

De acuerdo con el documento, 79.7% de los participantes identificó dificultades para mantener la atención de los estudiantes, mientras que 78.1% relacionó este problema con el uso de dispositivos digitales. Además, 81.2% respaldó el establecimiento de medidas nacionales para atender el fenómeno.

No obstante, estas cifras reflejan percepciones de las figuras educativas consultadas y no demuestran que los teléfonos sean la causa directa de las dificultades de aprendizaje.

Trejo Quintana explicó que existen investigaciones internacionales que encuentran una relación entre el uso de dispositivos y una menor concentración, aunque sus resultados no pueden generalizarse automáticamente a todas las escuelas.

"En nuestro país todavía no tenemos suficiente evidencia empírica sobre esto. Y justo es lo que tendríamos que estar haciendo", señaló.

La investigadora consideró necesario que la SEP impulse estudios en colaboración con universidades para evaluar los efectos de la restricción y, en caso necesario, realizar ajustes.

Plá coincidió en que el celular representa un elemento disruptivo, particularmente en secundaria y bachillerato, pero cuestionó que se le atribuya una responsabilidad central en los problemas educativos del país.

"Creer que por solo poner esa medida automáticamente van a mejorar los resultados, no es cierto", sostuvo.

A su juicio, las dificultades de aprendizaje responden a múltiples factores, entre ellos la preparación de los profesores, las condiciones materiales de las escuelas y las estrategias de enseñanza.

Resistencia y conflictos: ¿qué pasará durante las primeras semanas?

Uno de los primeros desafíos será la adaptación de los estudiantes a las nuevas reglas, particularmente de aquellos acostumbrados a consultar constantemente sus teléfonos.

Trejo anticipó que podrían presentarse inconformidades, cuestionamientos y situaciones imprevistas mientras alumnos y docentes se familiarizan con la medida, aunque no considera que necesariamente se conviertan en conflictos generalizados.

La especialista comparó este proceso con otras disposiciones escolares, como las restricciones a determinados alimentos, que también provocaron cuestionamientos iniciales entre los estudiantes.

Plá advirtió que la aplicación de las reglas dependerá de las características de cada comunidad escolar y recomendó evitar que las sanciones se conviertan en el principal mecanismo de cumplimiento.

"Lo primero que yo pensaría si hablara con gente de las escuelas es que no partamos del principio de que los jóvenes van a hacer trampa", explicó.

En lugar de recurrir inmediatamente a castigos, propuso realizar asambleas, dialogar con los estudiantes y explicar las razones educativas de la restricción.

También señaló que los profesores deberán revisar sus propios hábitos digitales para evitar tensiones cuando se limite el uso de dispositivos a los alumnos.

"Los maestros también tienen que limitar profundamente su uso del celular", afirmó.

El acuerdo de la SEP privilegia precisamente un enfoque formativo y preventivo por encima de uno exclusivamente restrictivo o punitivo, además de reconocer a los docentes como referentes de un uso responsable de la tecnología.

El reto de los maestros: enseñar sin depender del celular

La restricción también obligará a las escuelas a revisar el papel que los dispositivos han adquirido en sus actividades educativas, particularmente en planteles donde representan una herramienta para consultar información o acceder a materiales.

Plá explicó que las condiciones no son iguales en todos los centros escolares, pues algunos carecen de bibliotecas, computadoras o recursos suficientes para desarrollar determinadas actividades.

"Si la escuela no tiene biblioteca, no tiene enciclopedias, ¿dónde van a buscar?", cuestionó al referirse a los estudiantes que utilizan sus teléfonos para investigar.

Por ello, consideró necesario que cada plantel identifique las actividades en las que el dispositivo aporta beneficios pedagógicos y aquellas en las que funciona principalmente como distractor.

Trejo recordó que la regulación no elimina completamente el uso educativo de los teléfonos, ya que permite incorporarlos a actividades previamente planeadas por los docentes.

La investigadora explicó que, por ejemplo, un profesor de secundaria podría utilizar estos dispositivos para desarrollar una actividad relacionada con los contenidos de su materia, siempre que exista un objetivo pedagógico definido.

Ambos especialistas coincidieron en que la restricción debe acompañarse de prácticas educativas adecuadas y no limitarse a retirar los teléfonos del salón.

El desafío continuará en casa: ¿aumentará el tiempo frente a pantallas?

Aunque los estudiantes pasarán varias horas sin utilizar sus dispositivos, los especialistas advirtieron que uno de los principales desafíos aparecerá al terminar la jornada escolar.

Trejo explicó que limitar el acceso al celular dentro de la escuela no significa que niñas, niños y adolescentes aprendan automáticamente a regular su uso fuera de ella.

"La autorregulación también se tiene que enseñar", sostuvo.

La investigadora señaló que las familias deberán establecer acuerdos sobre los momentos, tiempos y condiciones en que los menores pueden utilizar sus dispositivos, especialmente para acceder a redes sociales y espacios de entretenimiento digital.

De lo contrario, la restricción escolar podría no traducirse en una disminución del tiempo total frente a pantallas, aunque todavía se requieren investigaciones para determinar cómo cambiarán esos hábitos.

Plá también destacó la responsabilidad de los adultos y cuestionó que algunas familias interrumpan las actividades escolares mediante llamadas o mensajes a sus hijos.

En su opinión, los acuerdos entre padres, estudiantes y docentes serán fundamentales para respetar el tiempo destinado al aprendizaje.

La convivencia durante los recreos representa otra oportunidad de cambio. Trejo planteó que podrían aumentar las interacciones cara a cara, los juegos y las actividades físicas, aunque estos posibles efectos deberán observarse y evaluarse una vez aplicada la medida

¿Cuándo sabremos si la restricción funcionó?

Los especialistas coincidieron en que los resultados no podrán determinarse únicamente por el cumplimiento de las nuevas reglas, sino por los cambios que efectivamente se produzcan en el aprendizaje y la convivencia escolar.

Trejo propuso evaluar indicadores como la concentración durante las clases, la comprensión de contenidos, el desempeño académico y la interacción presencial entre estudiantes.

También pidió cautela frente a las expectativas de mejoras en la salud mental, debido a que las investigaciones sobre el uso intensivo de celulares y condiciones como ansiedad o depresión no permiten establecer una relación causal generalizada.

Plá consideró que seis meses representan un periodo insuficiente para determinar si la restricción mejora los procesos educativos.

"En tres años tendríamos que estar viendo resultados de manera un poco más concretos", señaló, aunque insistió en la necesidad de evaluar constantemente la política.

El acuerdo publicado en el DOF contempla que las autoridades educativas estatales, en coordinación con la SEP, realicen espacios semestrales de seguimiento, retroalimentación y revisión para identificar avances y efectuar ajustes.

Para Plá, el principal riesgo sería considerar que la restricción de celulares constituye una solución suficiente para los problemas de la educación mexicana.

La formación docente, la mejora de instalaciones y la disponibilidad de materiales didácticos, sostuvo, son factores tan importantes como limitar las distracciones digitales.

Así, el desafío que comenzará el 3 de noviembre no será únicamente conseguir que los estudiantes guarden sus teléfonos, sino determinar si las escuelas logran convertir ese tiempo sin pantallas en mejores oportunidades de aprendizaje y convivencia.

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