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Política

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¿Celular en casa o en la mochila? El dilema de los padres ante la nueva restricción en escuelas

Madres consultadas respaldan limitar el uso de celulares durante la jornada escolar, pero plantean dudas sobre traslados, emergencias y el resguardo de los dispositivos.

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Familias todavía esperan información de sus escuelasImagen generada por IA

Daniel Soto

Para Carmen Montaño, que sus hijos dejen de utilizar el celular durante la jornada escolar no representa el mismo cambio. Emmanuelle, de 11 años y alumno de sexto de primaria pública, nunca lleva uno a clases; Keiti, de 14 años y estudiante de tercero de secundaria, sí lo carga desde primero debido a que su escuela se encuentra a unos 50 minutos de casa y utiliza transporte para trasladarse.

La diferencia entre ambos casos refleja uno de los retos que enfrentan las familias ante la regulación que entrará en vigor el próximo 3 de noviembre en las primarias y secundarias del país: mientras existe coincidencia entre las madres consultadas por El Economista sobre evitar el uso de estos dispositivos dentro de las aulas, las necesidades cambian cuando los estudiantes recorren largas distancias, utilizan transporte o regresan solos a casa.

El Acuerdo 09/09/26 de la Secretaría de Educación Pública (SEP) establece que en primaria y secundaria se restringirá el uso de teléfonos celulares, dispositivos inteligentes y equipos electrónicos personales durante toda la jornada escolar. La medida contempla excepciones por emergencias, salud, discapacidad, accesibilidad e inclusión, así como actividades educativas previamente programadas.

La restricción, sin embargo, no implica necesariamente que los alumnos deban dejar el teléfono en casa. La presidenta Claudia Sheinbaum explicó al anunciar la medida que los estudiantes podrán mantenerlo guardado en su mochila, pero no utilizarlo durante las clases ni en el recreo.

El celular sale del aula, pero no necesariamente de la rutina familiar

Las tres madres consultadas en la Ciudad de México para este sondeo coincidieron en respaldar que sus hijos no utilicen el celular durante las actividades escolares, principalmente para evitar distracciones. Sin embargo, no todas consideran necesario que el dispositivo se quede en casa.

Mariana Villar, madre de Alejandro, estudiante de segundo de secundaria pública, aseguró que su hijo actualmente no lleva teléfono y que prefiere mantener esa dinámica.

“Estoy de acuerdo en que no tenga acceso al teléfono dentro de la escuela hasta que llegue al domicilio”, señaló.

Una postura similar tiene Brenda Calzada, madre de Mateo, alumno de primero de secundaria, quien tampoco lleva celular. Aunque reconoce que podría servir ante una emergencia, prefiere que permanezca en casa porque considera difícil garantizar que el adolescente no termine utilizándolo durante la jornada.

“No creo que no lo use; sí lo va a usar [...] se va a distraer”, explicó.

La SEP argumentó que el uso inadecuado, excesivo o sin regulación de estos dispositivos puede afectar la atención, concentración, interacción y aprovechamiento académico de los estudiantes.

El Acuerdo se apoyó, entre otros elementos, en una consulta en la que participaron 565,396 figuras educativas. Entre los resultados, 79.7% identificó dificultades de atención entre los estudiantes; 38.2% reportó que alumnos portaban teléfonos celulares y 78.1% relacionó las dificultades de atención con el uso de dispositivos digitales.

Además, 81.2% de los participantes respaldó establecer medidas nacionales para regular estos dispositivos, mientras 88.8% se pronunció por limitar su acceso durante la jornada escolar y 56.3% consideró que no deberían estar disponibles durante ese periodo.

La preocupación aparece cuando termina la jornada

El caso de Keiti muestra una situación distinta. Carmen considera importante que su hija continúe llevando el teléfono porque utiliza transporte y su secundaria se encuentra aproximadamente a 50 minutos de su domicilio.

La madre recordó que hace alrededor de dos meses una lluvia intensa provocó inundaciones y generó complicaciones en el traslado. En aquella ocasión, relató, el teléfono permitió que su hija se comunicara con la familia.

“Yo creo que a estos grados sí es importante, sobre todo cuando los niños van un poco retirados de las escuelas y se van en transporte”, explicó.

Para Carmen, el problema no está necesariamente dentro del plantel. La secundaria cuenta con números de emergencia de la familia y existe un teléfono mediante el cual los padres pueden contactar a las autoridades escolares.

La preocupación comienza cuando su hija cruza la puerta de salida.

“Aquí lo preocupante es en el momento en que los niños salen y se vienen en su propio transporte hacia su domicilio. Si les llegara a pasar alguna cosa, pues no habría manera como que de comunicarse con ellos”, señaló.

La situación, añadió, puede ser diferente para estudiantes que son llevados y recogidos diariamente por sus padres.

“Los niños que se van en transporte o que en algún momento se tengan que ir solos sí preocuparía un poco el regreso para poder comunicarse con ellos.”

La regulación federal no incluye la distancia entre el domicilio y la escuela o utilizar transporte como excepciones automáticas. No obstante, el Acuerdo permite considerar necesidades particulares o extraordinarias de las comunidades educativas y que las autoridades realicen ajustes conforme a sus contextos.

¿Y si ocurre una emergencia?

Las madres entrevistadas coincidieron también en confiar en los mecanismos que actualmente utilizan sus escuelas para comunicarse ante una emergencia.

Mariana explicó que el plantel cuenta con teléfonos del domicilio y de ambos padres. Como medida adicional, su familia busca que Alejandro memorice esos números y los lleve anotados.

“Estamos tratando de que él se aprenda los números de casa, de mamá y papá, y los traiga apuntados en alguna libreta. En caso de una emergencia, que se los proporcione a un adulto para que pueda comunicarse con nosotros”, relató.

Brenda tampoco considera indispensable tener comunicación directa con Mateo durante la jornada. Cuando el estudiante se ha sentido mal, dijo, la maestra o la directora se han comunicado con ella.

Para sentirse tranquila ante la nueva regulación, pide “que estén al pendiente de los alumnos y que cualquier situación que suceda se contacten a la brevedad conmigo o con su papá”.

Carmen tiene una experiencia similar con Emmanuelle. Al ingresar a la primaria, la familia proporcionó números de emergencia y durante los seis años que el menor lleva en ese plantel asegura que el mecanismo ha funcionado.

“Hasta el día de hoy no hemos tenido ningún problema en ese aspecto”, afirmó.

El Decálogo para Educación Básica incluido en el Acuerdo contempla precisamente este escenario: ante una emergencia, los estudiantes deberán solicitar ayuda a docentes para contactar a su familia, mientras madres, padres y escuela deberán utilizar los medios de comunicación previamente establecidos.

¿Mochila o resguardo de la escuela?

Aunque las entrevistadas coinciden en limitar el uso del teléfono, surgen diferencias sobre qué debería ocurrir con el dispositivo cuando un estudiante necesita llevarlo.

Brenda considera que, en ese escenario, debería permanecer apagado dentro de la mochila y rechaza que el plantel tenga que almacenar los dispositivos de todos los estudiantes.

“Pienso que va a ser mucho caos si todos llevan su teléfono y van a resguardar todos los teléfonos”, señaló.

Carmen contempla otra alternativa para Keiti: entregar el dispositivo al ingresar y recuperarlo al terminar las clases.

“Sería una buena opción el que en el momento que ellos ingresen depositen su celular en algún lugar donde se llegue al acuerdo y posteriormente, a la hora de la salida, tomar su celular y regresarse”, dijo.

La madre explicó que en ocasiones anteriores la secundaria ya ha retirado temporalmente teléfonos cuando algún alumno los utiliza y posteriormente pide al padre o tutor acudir a recogerlos.

Mariana recibió indicaciones diferentes. De acuerdo con lo informado por su plantel, si un estudiante es encontrado con el teléfono se le retira y los padres deben recogerlo; ante nuevos incumplimientos, según el procedimiento que le comunicaron, el aparato podría permanecer retenido hasta finalizar el ciclo escolar.

Esta última disposición corresponde a lo informado por ese plantel y no constituye una sanción general establecida por el Acuerdo federal para todas las escuelas.

¿Quién responde si el teléfono desaparece?

El eventual resguardo de los dispositivos abre otra pregunta entre las familias: ¿quién debe responder si un teléfono se pierde, se rompe o es robado?

Mariana considera que la responsabilidad debe permanecer en los padres cuando el estudiante decide llevarlo pese a las reglas de su escuela.

“Que los niños lleven el celular ya es bajo responsabilidad de nosotros, no es parte de la escuela. Si llega a haber algún robo o se daña el dispositivo, es parte de uno que no pone atención ni respeta las reglas de la escuela”, afirmó.

Brenda hace una distinción: si el teléfono permanece formalmente bajo custodia del plantel, considera que la escuela debería responder por él.

El Acuerdo federal no establece una regla general específica sobre quién deberá asumir la responsabilidad económica por la pérdida o daño de un dispositivo. Las condiciones de aplicación deberán aterrizarse en las comunidades escolares.

Familias todavía esperan información de sus escuelas

A unas semanas de la entrada en vigor de la medida, la información tampoco ha llegado de la misma manera a todas las familias consultadas.

Mariana señaló que su escuela ya convocó a los padres y explicó cómo pretende aplicar la restricción. Brenda fue informada desde el inicio del ciclo escolar de una regla del plantel para que los alumnos no lleven teléfono e incluso firmó un documento, aunque no reportó una asamblea específica para explicar la aplicación del nuevo Acuerdo.

La situación es diferente para Carmen.

En la primaria de Emmanuelle todavía no había recibido información específica sobre la nueva regulación al momento de la entrevista, aunque anteriormente la escuela ya había pedido que los alumnos no llevaran celulares.

“Sí sería importantísimo que nos reuniera la escuela para darnos [...] los acuerdos”, consideró.

En la secundaria de Keiti tampoco había recibido un comunicado formal. Su hija conoció la nueva disposición porque los maestros comenzaron a comentarla verbalmente con los estudiantes.

“Estamos esperando que se haga la convocatoria con todos los papás”, señaló Carmen.

El periodo previo al 3 de noviembre tiene precisamente ese propósito. El Acuerdo establece que las autoridades educativas deben desarrollar asambleas con madres, padres, tutores y comunidades escolares para informar, sensibilizar, implementar las disposiciones y construir acuerdos antes de su aplicación.

El reto no termina al apagar el celular

Para Carmen, la discusión debería considerar las diferentes circunstancias de los alumnos, particularmente de quienes deben desplazarse solos o recorrer distancias importantes para llegar a sus escuelas.

“Quizás ubicando los domicilios de los niños [...] se podría implementar esa medida de que ellos puedan llevar su celular bajo la propia responsabilidad del alumno y del padre de familia”, planteó.

Su propuesta no constituye una excepción prevista automáticamente por la SEP, pero ejemplifica una de las situaciones que las comunidades escolares tendrán que resolver antes de que la regulación entre en vigor.

Los testimonios recabados muestran que, entre las familias consultadas, restringir el uso del teléfono dentro del aula genera pocas objeciones. Las diferencias comienzan al decidir si el dispositivo debe quedarse en casa, permanecer guardado en la mochila o ser resguardado por la escuela.

Para algunas familias el teléfono es prescindible durante toda la jornada; para otras, puede dejar de ser una distracción dentro del plantel y recuperar su función apenas suena la campana de salida.

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