Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

Tregua

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros

La riqueza más grande es vivir contento con poco. Platón

Atrapar o perder, porque se gana a cada momento de todo un poco, en las experiencias compartidas, con las notables diferencias de edades, no de maldades o yerros, equivocaciones en la desviación notable de un camino marcado por las salvedades, no las ociosidades, sin resultados sobresalientes, pero con el ánimo de cambiar una parte de la historia por vivir.

Economías emergentes y educación displicente, instantes de focalización de los problemas mundanos, inundaciones por doquier, la naturaleza es sabia, se afirma desde tiempos inmemoriales, que el río más temprano que tarde toma su curso, ahora Nepal y cientos de desaparecidos por una avalancha hace unos días.

Pero también está el reverso de la misma moneda, esa que no da cambio ni es préstamo con ambición desmedida, se empeña la palabra y en su cumplimiento está la confianza, esa que no se construye en la simulación, sino en ser uno mismo, con negativos por supuesto, pero en esa naturalidad de aterrizajes no forzosos.

Él hubiera no existe, las historias se tienen al alcance cuando la reflexión llega, en ese recuento de lo vivido, dificultades en el sortear meses o años de falta de oportunidades, equivocaciones de las puertas que se tocan, las personas no idóneas en esas coincidencias no avizoradas, con la prontitud de la transparencia lejos de la maldad.

En esa vuelta a la página, están los demonios sueltos, sin divisiones, entre los polvos que se convierten en lodos, sin alquimia, en los acentos pretéritos, en las divergencias de la incertidumbre, los aprendizajes sin costumbres, la fiesta de la palabra que discurre, como un telón al descubierto de obra de teatro desde el anonimato.

Porque todos los días la noche vuelve y se retrata, sin secretos en los refugios, sin cobijo que aniquilen otros fríos, tiempos donde hoy las imágenes que deseamos no están al alcance, sino lo grotesco, entre sueños y silencios esparcidos en el infinito de una juventud mexicana acotada, desgastada, sin más herramienta que una esperanza en tregua.

Analizamos lo posible, cuestionamos en las preguntas al bote pronto, quienes somos realmente, en esa mano que se tiende, ese trámite que no incluye más que dar las gracias, sin amarras, sin cadenas, sin protección ni sustento, en los senderos de los otros horizontes, que lejos de asustar debieran memorizar la llegada, el antes y el ahora; la sutiliza del obsequio y los momentos de vivir en lo fugaz sin brújulas. 

Nunca olvidar las infancias, esas carencias que no se lograban divisar, porque estábamos en esa igualdad de circunstancias en los pueblos, aspirábamos a salir adelante, cuando ese adelante era escapar del lugar donde nacimos.

Sin juzgar, escuchando y aprendiendo rápido, cumpliendo con lo fundamental, estudiar para dejar la ignorancia, tardes inolvidables desde la lectura y la enseñanza en la música y la distracción en el cine, natación y artes y oficios, entre otros muchos momentos.

No podemos anticiparnos al futuro casi inmediato, pero si logramos concentrarnos en el presente, sin un pedazo o trozo de cielo azul oscurecido, por esa contaminación constante del abuso, del dejar hacer, dejar pasar, de las soledades concentradas, de la rareza que llegó para cumplir metas.

Y es que, como señala el poeta, al fondo el sol se precipita, los murmullos se desvanecen, al final la noche vuelve a hacer su aparición, después de una tarde que oculta su marimba, entre los vendedores de suerte, que por cierto quedan pocos de esos tantos, en las andanzas de las tierras de nadie.

ENTRE LÍNEAS

No es una preocupación, pero está en la línea de flotación del actual gobierno federal, el paquete económico es prioridad, donde se buscará reducir el déficit fiscal; desde el discurso, para pasar a las negociaciones con las bancadas afines en tiempos de unidad y no de ruptura, en puerta por las asignaciones de candidaturas al 2027. 

Temas relacionados

Últimas noticias

Noticias Recomendadas