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Tendencias subversivas
El debilitamiento del centro político global y el auge del populismo, la polarización y posiciones extremas amenazan la estabilidad democrática, el bienestar social y los contrapesos gubernamentales en múltiples países.
Opinión
La posición política que prevaleció en los decenios posteriores a la segunda guerra mundial fue el centro político, mismo que favoreció el desarrollo democrático, la economía liberal, el Estado de Bienestar y muchos acuerdos internacionales para propiciar la colaboración entre los países. El centro político fue un factor de estabilidad.
Ahora en el mundo el centro político pierde fuerza. La polarización vuelve a ocupar ese espacio.
En Estados Unidos con Trump ha significado favorecer el poder de las grandes empresas en una forma de oligarquía; aplica aranceles a países aliados y a enemigos; hace la guerra con Israel contra Irán; realiza el asalto al poder presidencial en Venezuela; se retira de importantes acuerdos internacionales; vulnera con declaraciones amenazadoras a la alianza euroatlántica; conflictos con la Corte Penal Internacional.
En Rusia el socialismo como utopía quedó como una ilusión. Putin combina un capitalismo cleptocrático de amigos; la violencia contra adversarios; nacionalismo ideológico; la explotación de resentimientos. Para ello utiliza servicios de inteligencia y el uso de tecnologías para vigilar a la población.
En Alemania es reciente el triunfo de la derecha en las elecciones regionales. Resulta incomprensible que la población acepte el resurgimiento de estas posiciones en un país en donde el nazismo provocó la segunda guerra mundial, condujo a un espantoso derrumbe de Alemania, la muerte de muchos millones de personas y la destrucción de ciudades.
América Latina también resiente la muerte del centro político. Hay un populismo urbano.
En Argentina llegó el derechista Javier Milei como rechazo a las formas tradicionales de gobierno ofreciendo la ilusión de bienestar. Sin embargo los resultados ofrecen inestabilidad macroeconómica, la destrucción de empleos y la degradación de los bienes públicos como educación, salud, seguridad y los servicios de justicia, que eran los instrumentos privilegiados de la seguridad social.
En Venezuela Trump realizó la toma del poder y puso como presidenta a Delcy Rodríguez. La economía actualmente es de la cuarta parte de su nivel de 2014 y más de 7 millones de venezolanos han emigrado. Los ingresos por la venta del petróleo venezolano lo controla el Departamento del Tesoro de EU.
En Brasil está en la puerta de entrada a la presidencia de Flávio Bolsonaro que ha ganado las elecciones primarias contra su principal adversario Lula da Silva. Ello a pesar de tener el estigma de su padre Jair Bolsonaro, inhabilitado por abusar del poder.
En El Salvador el presidente Bukele ha apostado por la concentración del poder a través de pactos que eliminan los contrapesos democráticos. De acuerdo con el Informe sobre democracia 2025 del Instituto V-Dem entre 2018 y 2024 El Salvador cayó del lugar 95 al 153 entre los 159 países considerados.
Alejados del centro político están los nuevos presidentes de Colombia, Chile y Perú, que llegaron con propuestas de derecha.
Por el fracaso de las utopías y la falta de legitimidad de gestión de los gobernantes, lo que queda en evidencia no es inspirar a la población con el sueño de un mundo mejor. Es hacerlo. La tarea más importante de la política debería ser reducir el sufrimiento, el dolor y la crueldad.