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Sueños y realidades
Opinión
El sueño americano, que fue la gran ilusión, ya dejó de tener sentido, sobre todo para la población que vive en Estados Unidos (EU). Actualmente la economía, la democracia y la seguridad nacional se están sacrificando por la codicia insaciable de Trump y sus simpatizantes y aduladores.
En el interior de EU, la desigualdad económica ha aumentado de manera notable. El número de personas atrapadas en la pobreza se ha elevado desde 1990. Los programas sociales no tienen apoyo presupuestal suficiente y la reducción de la movilidad social es evidente.
El modelo de capitalismo que ha consolidado Trump debilita la democracia y se acerca a una oligarquía donde las élites con conexiones políticas pueden influir en las decisiones de gobierno.
Trump es el defensor del nativismo, la población blanca que lo apoya. Trump es capaz de fomentar los bajos instintos de esta población, usando sus miedos y prejuicios para culpar a la diversidad de muchos de los problemas del país.
De ahí su rechazo a la inmigración. A diferencia del pasado en que EU fue un gran polo de atracción de la fuerza de trabajo, ese modelo está cambiando. El cierre de la frontera, las deportaciones masivas, las restricciones de asilo y su criminalización, hacen que los migrantes se vayan a otros países.
México, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Colombia y Brasil ya no son territorios de tránsito sino espacios de destino, aunque no cuenten con las condiciones económicas para absorber a esa población.
El gobierno de Trump ha privilegiado el gasto en armamento para mantener sus bases militares en muchos países, además de realizar sus invasiones de despojo. Venezuela es el ejemplo más reciente. EU se ha apropiado de los ingresos petroleros de Venezuela.
Pero, internacionalmente, está ocurriendo un contrapeso de poder. Este ha dado paso a un orden global basado en la rivalidad y la competencia de varias grandes potencias. Por ello ha emergido el grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que representa 35% del Producto Interno Bruto mundial.
De todos estos países sobresale China por su poder económico, tecnológico y militar. Para el 2030 se estima que las exportaciones manufactureras chinas representarán 45% de las exportaciones manufactureras mundiales. Esto tiene consecuencias.
China tendrá que resolver su talón de Aquiles que es el bajo consumo de los hogares. Las promesas de los funcionarios de impulsar la demanda han perdido credibilidad.