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¿El streaming nos hizo más pobres o más exigentes?
Rodrigo Alcázar Silva | Reglas del juego
Antes, acceder al contenido audiovisual era más sencillo. Bastaba con encender la televisión y elegir entre las dos emisoras de TV abierta que existían en el país. Si se contaba con un paquete de televisión de paga, se tenía acceso a algunos canales adicionales. Para ver películas bajo demanda en casa, se acudía a un videoclub.
Hoy, además de la televisión abierta y de paga, existen múltiples plataformas de distribución de contenido. Hay servicios de streaming enfocados en música que también transmiten video, plataformas dedicadas a películas y series, otras especializadas en deportes, en contenido infantil, y así sucesivamente.
En el pasado era común llegar a un lugar y poder comentar la misma serie, novela o partido con la mayoría de las personas presentes. Veíamos lo que “había en la televisión” y casi todos habíamos consumido el mismo contenido a la misma hora. Actualmente, la fragmentación del contenido es enorme y la expansión del consumo bajo demanda implica que un mismo programa sea visto en horarios distintos (con excepción de los eventos deportivos).
Aunque hoy tenemos acceso a una mayor cantidad de contenidos, existe la percepción de que resulta más costoso acceder a ellos. Para sentir que se puede ver “todo”, es necesario contratar varias plataformas, cuando antes bastaba con un solo paquete de televisión de paga.
Incluso podría pensarse que el incremento en la concurrencia ha elevado el precio total pagado por el contenido, en lugar de reducirlo. Sin embargo, esta comparación no es sencilla: hoy pagamos más servicios, pero también tenemos acceso a una oferta mucho más amplia. Por ejemplo, actualmente es posible ver en México partidos de prácticamente todas las ligas de fútbol europeas, latinoamericanas e incluso asiáticas, algo que antes era difícil o imposible.
En este contexto se enmarca una eventual fusión entre Netflix y Warner Bros Discovery (a través de su plataforma HBO Max). Por un lado, podrían generarse eficiencias para los consumidores al sustituir dos suscripciones por una sola con mayor contenido. Por otro, existiría el riesgo de incrementos de precios si la empresa resultante alcanzara una participación de mercado suficiente para ejercer poder de mercado.
Aquí surge una pregunta central desde la perspectiva de competencia económica: ¿pueden los servicios gratuitos de streaming reorientar su oferta ante un eventual aumento en precios? En otras palabras, ¿servicios como YouTube podrían disciplinar a Netflix/HBO? No debe olvidarse que en YouTube actualmente es posible rentar o comprar películas, aunque no exista una suscripción mensual.
Además, las diferencias entre contenido de paga y contenido abierto eran más claras cuando el consumo bajo demanda no era tan frecuente, porque el acceso al contenido estaba determinado por la escasez de canales y la rigidez de los horarios, lo que marcaba una frontera más nítida entre la televisión abierta y la televisión de paga. Actualmente algunas plataformas gratuitas de streaming tienen una infinidad de canales que pueden verse bajo demanda.
Finalmente, también habría que analizar si la oferta audiovisual que ya integran algunos marketplaces como Amazon, Mercado Libre o Claro Video es suficiente para imponer presión competitiva a Netflix en caso de una eventual concentración con HBO Max.