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Roland Garros: cuando el negocio crece más que los premios
Opinión
La actividad en el cuadro principal de Roland Garros arrancará el próximo 24 de mayo en París en medio de uno de los mejores momentos comerciales para el torneo. El segundo Grand Slam del calendario llega a su edición 125 respaldado por audiencias récord, contratos multimillonarios de transmisión y una generación que ha devuelto protagonismo global a los circuitos de la ATP y WTA.
La edición de 2025 dejó una de las finales más memorables de los últimos años con el enfrentamiento entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, un partido que ayudó a confirmar algo fundamental para el negocio; después de la era Federer-Nadal-Djokovic, el deporte necesitaba nuevas figuras que fueran capaces de sostener la atención global y Roland Garros ha sabido capitalizarlo.
De acuerdo con Il Sole 24 Ore, el torneo proyectó ingresos cercanos a los 350 millones de euros (mde) durante 2025, mientras que la asistencia superó, por primera vez, los 700 mil espectadores.
El crecimiento ha sido impulsado principalmente por derechos televisivos, patrocinadores premium, hospitality y experiencias para aficionados dentro y fuera del Stade Roland Garros.
Actualmente, cerca del 40% de los ingresos del torneo provienen de televisión. En 2024, Warner Bros Discovery firmó un acuerdo por 560 millones de dólares (mdd) para transmitir Roland Garros en Estados Unidos durante la próxima década. Adicionalmente, en Europa extendió sus derechos hasta 2030 a través de Eurosport y TNT Sports.
Esta situación refleja el valor que aún mantiene el tenis como contenido premium dentro de una industria que compite constantemente con la atención. A diferencia de otros eventos deportivos, un Grand Slam ofrece partidos diarios durante dos semanas, figuras globales y consumidores de alto poder adquisitivo, un perfil especialmente atractivo para las marcas.
Por esto, tampoco sorprende la presencia de patrocinadores que suelen estar comprometidos en el tenis. Recientemente, la automotriz francesa Renault renovó su alianza con el torneo hasta 2031.
Pero quizá el mejor ejemplo del potencial comercial que tiene el torneo sea Lacoste, que además siempre ha sido asociada al deporte blanco. En marzo de este año, la marca de ropa francesa utilizó el estadio Philippe Chartier (la cancha principal de Roland Garros) como el escenario principal de su desfile de moda durante la Semana de la Moda de París; mezclando tenis, lujo y moda en un recinto histórico.
Roland Garros ya no funciona únicamente como un torneo de tenis, sino que se ha convertido también en una plataforma cultural y comercial capaza de conectar con distintas industrias.
Sin embargo, mientras el negocio sigue creciendo, también crece una tensión que incomoda a los principales jugadores del circuito.
A pesar de que Roland Garros aumentó en un 10% el dinero en premios para 2026 hasta los 61,7 mde, varias figuras importantes del tenis han expresado públicamente su inconformidad con la distribución de los ingresos en el tenis.
De acuerdo con estimaciones compartidas por jugadores representantes de la ATP y la WTA, los premios económicos del torneo representan únicamente el 15% de los ingresos del torneo. Esta cifra resulta aún más impactante si se toma en cuenta que en otras ligas, como la MLB, la NFL o la NBA, los jugadores reciben cerca de la mitad de los ingresos.
Este debate pone en evidencia una de las contradicciones más importantes del tenis moderno. Mientras los Grand Slams alcanzan cifras récord en ingresos, valor mediático y patrocinios, muchos jugadores consideran que el modelo económico sigue siendo demasiado conservador. Un argumento que tiene sentido.
Las audiencias récord de Roland Garros, los contratos multimillonarios de televisión y buena parte del crecimiento comercial reciente no existirían sin figuras como Carlos Alcaraz, Jannik Sinner, Coco Gauff o Aryna Sabalenka. Son ellos quienes mantienen vigente al tenis frente a una industria deportiva saturada de opciones de entretenimiento.
El reto para Roland Garros no parece estar en seguir creciendo como negocio. El torneo ya logró consolidarse como una de las propiedades deportivas premium más importantes del mundo y tiene potencial para expandir aún más su valor global.
La verdadera pregunta es si el tenis será capaz de modernizar su modelo económico al mismo ritmo que crecen sus ingresos. Porque en una industria donde las estrellas son el principal activo, mantener satisfechos a los jugadores puede terminar siendo tan importante como vender derechos de televisión o cerrar nuevos patrocinios.