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Opinión

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El rebote que esconde la vulnerabilidad

Irasema Andrés Dagnini | Sextante financiero

El INEGI dio a conocer la semana pasada que en el segundo trimestre del año la economía creció 1.5% trimestral y 2.1% anual, su mayor avance desde finales de 2023. La noticia se vendió como el fin de la desaceleración. Tres semanas después, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) volvió a recortar el crecimiento para México de 1.5% a 1.3% para 2026 y nos colocó en el pequeño grupo de países que no caerá en recesión pero tampoco crecerá más de 2%: Jamaica, Trinidad y Tobago, Uruguay y México.

¿Se equivocó el INEGI o se equivocó la Cepal? Ninguno. Lo que explica este repunte es un efecto estadístico.

El arrastre que deja el primer semestre es de 1.2%, por lo que la economía cerraría en torno a esa cifra incluso con un PIB plano en la segunda mitad del año. El impulso se concentró en abril por construcción e infraestructura asociada al Mundial, las cifras en mayo revirtieron el comportamiento previo y junio presentó una ligera recuperación, por lo que el tercer trimestre inicia sin arrastre inercial.

La prueba está en la composición del crecimiento. La propia CEPAL señala que el consumo privado, el consumo público y las exportaciones sostienen el avance, no obstante, la inversión tiene una contribución negativa al PIB. Los datos de junio confirmaron que la inversión fija bruta en maquinaria nacional cayó 13.3% anual en mayo y 10.5% de manera acumulada. La inversión privada total cayó 1.3% en mayo y 1.9% en el primer semestre. En tanto que, la inversión pública creció 19.7% en mayo y 56.2% solo en junio, impulsada por obras ligadas al Mundial.

Esto nos hace extremadamente vulnerables, que es el tema de esta columna.

Una economía que crece por obra pública coyuntural y no por inversión privada productiva es una economía sensible; le duele cualquier choque externo y no tiene colchón para absorberlo. Y los choques externos llegaron todos juntos esta semana.

Primero, el rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 30 años alcanzó 5.34%, su máximo desde 2007. La ola de ventas fue tan severa que el Departamento del Tesoro tuvo que anunciar que duplicará las recompras de deuda a largo plazo a al menos 4,000 millones de dólares por operación para dar liquidez. Cuando la tasa larga de Estados Unidos sube, aumenta el costo del crédito para todos, desde la hipoteca en Texas hasta la deuda de Pemex.

Segundo, el precio del crudo tipo Brent cerró la semana en torno a 92 dólares por barril ante el estancamiento del conflicto de Estados Unidos e Israel contra Irán y el riesgo sobre el Estrecho de Ormuz. El alza en el petróleo tiene un efecto inflacionario global. La combinación es tóxica para la política monetaria.

Por otra parte, el Banco de México (Banxico) publicó la minuta de la última reunión de política monetaria el jueves pasado recordando que el nivel actual de la Tasa Objetivo se determinó por unanimidad y destacando que hacia adelante sería apropiado conservarla sin cambios. La inflación general bajó a 3.10% y la subyacente a 3.95%, pero la Junta reconoce que la persistencia del conflicto en Medio Oriente mantiene vigentes los riesgos al alza.

En Estados Unidos ocurre lo mismo. Un sondeo de Reuters entre economistas prevé que la Fed mantendrá sin cambios las tasas este año, a pesar de que la inflación subyacente sigue por encima de 4.0%.

El resultado es una paradoja que solo se explica por vulnerabilidad: tenemos el peso más fuerte en dos años, cotizando en 16.95 por dólar, pero el crecimiento más débil de América del Norte. El peso se aprecia no porque México sea más productivo, sino porque Banxico no puede bajar tasas y porque el mercado cree que la tregua arancelaria entre Estados Unidos y Canadá beneficia a México en la revisión del T-MEC.

El secretario Marcelo Ebrard dijo la semana pasada que México está cerca de acuerdos sustantivos en acero, aluminio y autos, tras la prórroga de aranceles del 50% a Canadá. Dependemos de lo que negocien otros dos para que nos vaya bien. Alemania aprendió en 2022 que comprar gas barato a un solo proveedor es ventaja comparativa hasta que se vuelve dependencia estratégica. México está en el mismo lugar con Texas para el gas, con Washington para las tasas y con el T-MEC para el crecimiento.

El rebote del segundo trimestre por el Mundial nos da tiempo. Pero la ventaja comparativa de construir estadios se acabó en julio de 2026. La ventaja competitiva será tener energía, almacenamiento y certidumbre jurídica para la inversión privada, que hoy cae 1.9%.

Esa es la diferencia entre sensibilidad y vulnerabilidad. Sensible es que te afecte. Vulnerable es que no tengas Plan B.

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Economista y analista de economía y finanzas. Consultor de personas físicas y morales. Docente nivel superior, conferencista. Miembro del Consejo Asesor de UVM-Coyoacán. Editor de Vínculo Económico, canal digital. Comentarista en radio y televisión y colaborador en revistas especializadas del sector financiero.

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