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¿Quién rayos es ‘científico en bioinformática’?
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Ojo. Este texto es para quienes quieren conocer lugares relativamente seguros en el efervescente mercado laboral de esta década.
Puedo imaginarme a qué se dedicará quien se gradúe con ese título, pero honestamente no sé lo que hace un científico en bioinformática.
Lo que entiendo es que, en plena era de desaparición de trabajos, quien se gradúe con ese título en México tendrá una armadura más sólida que la mía y la de la mayoría, en la era tecnológica que nos atropella. Lo digo con base en lo que dice el BID.
¿Quieren orientar a un adolescente? Atención: hay más que ese camino para encontrar oportunidades en esta nueva era. Pero vamos por partes.
El Banco Interamericano de Desarrollo se dedica a buscar en América proyectos a los que pueda prestar dinero bajo algunas condiciones: que tengan alto potencial de mejorar la situación de su país y, sobre todo, que tengan futuro.
Para eso, sus analistas frecuentemente hacen estudios sobre la economía de cada país.
Este mes lanzaron un informe con este larguísimo nombre: “¿Qué trabajos se están creando en América Latina?: análisis de las vacantes laborales electrónicas publicadas en América Latina y el Caribe”.
Incluye tres páginas dedicadas a la situación de México, y en estas avisa que uno de cada 10 puestos de trabajo en el país, en sitios como Indeed y LinkedIn, ya demandan conocimientos de inteligencia artificial.
Lo más relevante: aclara qué puestos laborales demandan más práctica con esta herramienta. Eso me reveló un mundo paralelo: el de los “científicos en bioinformática”, que me abrió la puerta a un negocio del que hablamos poco.
Solamente en LinkedIn encontré más de 3,000 posiciones abiertas con esas palabras clave.
Ahí les va una, para orientarnos: Formulation Scientist.
Esa vacante me permitió conocer la existencia de Roha, una corporación india que tiene operaciones en Querétaro.
La empresa quiere profesionales que se sienten justo en el punto donde la química deja de ser teoría y se convierte en producto vendible.
Su trabajo es diseñar y dirigir investigación aplicada: desarrollar nuevas formulaciones, proponer métodos de análisis para medirlas, y asegurarse de que estos métodos funcionen.
También operan como ‘bomberos de élite’. Si en un laboratorio de planta aparece un problema que rebasa al personal local, entran como consultores técnicos, diagnostican y corrigen. No son un químico más: son quienes protegen la confiabilidad científica de la empresa… y su reputación.
No voy a abundar. Lo que conviene dejar claro es que quienes necesitan a gente en puestos como estos los quieren a todos con experiencia en IA, porque deben realizar modelos predictivos para genómica; clasificar ingredientes o resultados con machine learning; analizar imágenes biomédicas y luego establecer automatización e ingeniería de datos.
En México, ellos están en la punta del uso de la inteligencia artificial, pero el BID ofreció un ‘top cinco’. ¿Quiénes lo completan?
En segundo lugar aparece una figura previsible: ingenieros en robótica. ¿Vieron que vamos a una nueva era de drones? SpaceX, propiedad de Elon Musk, y su filial xAI compiten en un nuevo concurso secreto del Pentágono para producir tecnología de enjambre de drones autónomos controlados por voz, de acuerdo con Bloomberg.
Les anticipo que México hará parte de la manufactura de proyectos como éste, y las empresas del sector piden conocimientos de IA para cuatro de cada cinco puestos que ofrecen en el país.
Luego, ingenieros en mecatrónica, que los quieren con esa habilidad en tres de cada cuatro puestos.
Finalmente, especialistas de datos de encuestas y, miren nomás, creadores de contenido y escritores, para los que más de la mitad de las vacantes solicitan experiencia con inteligencia artificial generativa.
Vaya. Me parece sobrevendida la idea de que desaparecerán todos los puestos laborales en el corto plazo. Creo que quien más defiende esa idea es quien vende servicios de asesoría tecnológica.
Atención: eso no le resta vuelo a la revolución que experimentamos. Que nadie se confíe. Bueno, solo quien ostente una curul.