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¿Qué son esas señales desde las fábricas?

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
¿Ya vieron cuánto subió el valor de esa empresa que posee un montón de parques industriales?
Me refiero a Fibra Macquarie, que tiene instalaciones en estados como Nuevo León, Chihuahua, Baja California, Tamaulipas y Sonora, y cuyos certificados bursátiles ya cuestan 25 por ciento más que hace tres meses. Están en precio récord histórico. No es la única.
Fibra Prologis también está 27 por ciento más cara que hace seis meses. El que alcanzó, alcanzó.
¿No estaba dormido el nearshoring que traería nuevas fábricas a México? ¿Por qué ganan valor las empresas relacionadas precisamente con manufactura?
El presidente estadounidense Donald Trump lleva años hablando de reindustrializar su país, llevando fábricas de vuelta como si se lograra con un botón. Aprietas, y listo: vuelven las plantas, se ordenan las cadenas de suministro y China pierde poder. La realidad es menos épica.
Esa nación enfrenta, entre otras cosas, escasez de personal industrial. Pero fíjense en algo menos visto y que difunde su National Association of Manufacturers.
A pesar de las inversiones del gobierno, el vecino se está volviendo más dependiente del exterior para conseguir minerales críticos. Hoy depende al 100 por ciento de importaciones para 16 minerales, según el último reporte anual del U.S. Geological Survey.
En 2024 eran 15. Es decir: avanzaron… pero en sentido contrario.
La lista incluye materiales cruciales para defensa y energía: grafito, titanio y manganeso. Cosas que no suenan sexy en un discurso, pero que sostienen la realidad física de los drones, los aviones, las municiones y las baterías.
El salto de un año a otro tiene un nombre: titanium sponge. La esponja de titanio, insumo clave para estructuras aeronáuticas, motores y componentes militares. Estados Unidos se volvió completamente dependiente de importaciones en ese rubro.
Aquí está el punto: el siglo XXI no se pelea solo con chips. También se pelea con polvo, roca, metal y capacidad industrial.
China es productor principal de al menos la mitad de esos minerales. Y, aun cuando no los extrae, domina el procesamiento. Un cuello de botella perfecto: silencioso, técnico y brutal.
Washington intenta moverse: aprobó proyectos, tomó participaciones en empresas privadas y reservó miles de millones vía la Defense Production Act. Pero admite lo obvio: la minería se mueve lento. Donde se verán cambios primero es en el procesamiento.
Y aquí aparece México. Regresen al 3 de febrero.
Hay una foto de ese día en la que el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, aparece sonriente y de la mano del embajador de Estados Unidos, Jamieson Greer.
Ese día, México y Estados Unidos acordaron un plan bilateral para proteger cadenas de suministro de minerales críticos, justo antes de la revisión del T-MEC en 2026.
En 60 días identificarán minerales prioritarios, coordinarán políticas y compartirán información.
Es un intento por construir un bloque norteamericano. Justo antes de reafirmar el T-MEC.
“El anuncio de hoy demuestra el compromiso compartido de Estados Unidos y México para abordar las distorsiones del mercado global que han dejado a las cadenas de suministro de minerales críticos de América del Norte vulnerables a interrupciones”, dijo ese día el embajador Greer.
Dimensionen: estamos en 2026 y quien habló es funcionario de la administración Trump.
El mundo ya cambió. La geopolítica y el capital han volteado hacia las bases de la economía en una recomposición del mundo ante la nueva revolución industrial. El metal, otra vez, manda. Al menos por un tiempo.
¿Cómo debe prepararse el resto? Va un tip.
Ayer 12 de febrero, la nuevoleonesa Nemak, de Álvaro Fernández, amarró un aumento en el valor agregado de sus productos. Cerró la compra del negocio automotriz de la suiza GF Casting Solutions. Ahora la mexicana es dueña de más tecnología, más margen y, potencialmente, más negocio.

