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El Plan B de Vicente Fox
Alberto Aguirre | Signos Vitales
La sombra del affaire Taddei eclipsa la confianza ciudadana en las instituciones y la irrupción mediática de Andy López Beltran, a las bases morenistas. El huachicol fiscal y el desabasto de los insumos médicos también afectan la imagen gubernamental. En Palacio Nacional, empero, prefieren otras lecturas de la realidad.
La noticia publicada por The Objective sobre los trámites realizados por la exprimera dama, Beatriz Gutiérrez Müller para reclamar la nacionalidad española al amparo de la Ley de Nietos no mereció mayor comentario en los pasillos del Salón Tesorería del Palacio Nacional. Esa misma publicación digital —su redacción está integrada por exreporteros y editores de El País de España— había abierto el mes con una entrevista de Juan Luis Cebrián con el expresidente mexicano, Vicente Fox Quesada.
En una edición anterior de Conversando con Cebrián, el expresidente Ernesto Zedillo afirmó que el ascenso de Morena al poder político significaba la conversión de México en una autocracia.
Tras de haber expulsado al PRI de Los Pinos —completó Fox— México se volvió una democracia pura y llana, con autonomía de poderes y una verdadera apertura en la manera de gobernar y en la participación de la ciudadanía.
“Eso es lo que se logra en el 2000. En 2006 viene la siguiente elección —que hice que ganara Calderón, aunque no es muy democrático decir eso—, pero yo me dije a mí mismo que la sucesión en el país debiera quedar en las mismas manos de mi partido político. Llegué a decir públicamente que yo no entregaría el poder salvo a un presidente electo del PAN. Si me hubiera tocado uno de otro partido, no le hubiera entregado la banda presidencial”, confesó el guanajuatense a Cebrián, quien fue el primer director de El País (1976-1988), estuvo al frente de Grupo Prisa (2012-2018) y en esos años tuvo trato frecuente con los presidentes mexicano.
“«¿A quién le voy a dejar las riendas?»”, se preguntó Fox a sí mismo. Y la respuesta en su diálogo interno rozó despótico. “«Vicente, tú vas a dejar el poder a alguien del PAN. Así que empieza a trabajar. Tienes que ganar para que quede el PAN y le puedas entregar las riendas del país»”.
Con sus declaraciones a Cebrián, el exmandatario panista abrió de nueva cuenta el debate sobre el presunto fraude electoral infligido a López Obrador en el 2026. Fox Quezada sostiene tajantemente que el tabasqueño inventó la historia de que Calderón no había ganado, aunque el IFE probó contundentemente que no hubo fraude.
Su relato sobre el estratagema que ideó con Calderón para romper el cerco izquierdista en el Palacio Legislativo de San Lázaro y consumar el cambio de poderes, el 1 de diciembre del 2006, no tiene desperdicio.
“A Calderón, que había sido congresista, diputado, recordó que atrás había una puertita pequeña que daba al gran estacionamiento del Congreso. Pensamos en entrar por ahí y sorprenderles. Pero me di cuenta de que necesitábamos un plan B.
"Nuestro plan B se basaba en que a medianoche yo dejaba de ser presidente y Calderón tomaba el testigo, así que decidimos hacer la ceremonia de entrega del poder en la Casa de Los Pinos. A medianoche le entregué el poder a Felipe Calderón, la banda presidencial, con su gabinete y el mío de testigos a oscuras, en un salón de Los Pinos. Lo demás fue teatro…”.
¿Eso no les pareció ofensivo a los morenistas?