Lectura 3:00 min
El octavo informe: La factura del desastre fiscal
Enrique Campos Suárez | La gran depresión
Así se ve el “segundo piso de la Transformación”: con la presencia impecable de la presidenta Claudia Sheinbaum, pero con un mensaje que bien podía ser el octavo informe de gobierno del régimen llamado de la Cuarta Transformación. La retórica oficial disfraza como logros la amarga realidad de un margen de maniobra financiero asfixiado y un nivel de inversión en infraestructura minimizado por la estrechez fiscal.
Un verdadero “Segundo Informe de Gobierno” tendría que identificar con total claridad que la parálisis que hoy estanca al país proviene, sin lugar a duda, del desastre fiscal y las malas decisiones del sexenio de Andrés Manuel López Obrador. En cambio, como un informe de la continuidad –sin cambiarle ni una coma– recurre a trucos retóricos para ocultar que la administración anterior agotó los márgenes financieros del Estado: disparó el déficit público a niveles cercanos a 6.0% del PIB, sobreendeudó al país y dilapidó miles de millones de pesos en megaobras ineficientes.
Este supuesto segundo piso asume la responsabilidad de no corregir el rumbo, de aceptar la camisa de fuerza y perpetuar el mismo esquema fiscal y prioritario de su antecesor. La continuidad ciega de esa estrategia ha provocado que este gobierno se quede sin capital propio para financiar proyectos de infraestructura prometidos que lucían viables sobre el papel.
Por ejemplo, se presume como un gran logro la modernización de 709 kilómetros de carreteras, la conclusión de 78 puentes y la entrega de 135 caminos artesanales; sin embargo, eso representa un avance minúsculo frente a los más de 50,000 kilómetros que integran la Red Carretera Federal libre de peaje. En un rendimiento de cuentas transparente se lamentarían las obras prioritarias que se han postergado por el dispendio de recursos en elefantes blancos como el Tren Maya. Pero no, el “octavo informe” presume que apenas se atendió 1.4% de las vías carreteras.
Esta misma desconexión con la realidad económica se repite en el discurso diario. Presumir 435 conferencias mañaneras como un “logro de administración” confirma que, ante la falta de resultados, la propaganda sustituye a la gestión. Del mismo modo, celebrar una supuesta “primavera laboral” ignora que la creación de empleos formales registrados ante el IMSS no alcanza a cubrir los 1.2 millones de jóvenes que se integran al mercado cada año. El aumento al salario mínimo –financiado enteramente por los empresarios y no por el gobierno–, sumado a la alta carga regulatoria, ha empujado a más de 34 millones de personas a la informalidad.
Buena parte del relato oficial se sostiene en el uso engañoso de cifras nominales –ya sean de inversión extranjera directa o en creación de empleo–, que omiten con toda intención el impacto de la inflación acumulada y el crecimiento demográfico.
Claudia Sheinbaum no solo heredó la escasez y los platos rotos del gasto caprichoso del sexenio anterior; eligió voluntariamente administrarlos sin modificar el modelo. Por eso, el “segundo piso de la transformación” no será la oportunidad para desarrollar infraestructura útil que impulse el crecimiento, ni la plataforma para una bonanza económica. Se mantendrá como la continuidad de un proyecto paternalista que prioriza el micrófono por encima del desarrollo.
Claudia Sheinbaum no solo heredó la escasez y los platos rotos del gasto caprichoso del sexenio anterior; eligió voluntariamente administrarlos sin modificar el modelo.