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El Nobel y el poder de mercado
Javier Núñez Melgoza | Competencia y mercados
Robert Hall y Michael Woodford obtuvieron el Premio Nobel por su contribución al entendimiento de los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica, un trabajo que hoy guía las decisiones de los bancos centrales sobre las tasas de interés. Su obra tiene una veta adicional, relacionada con la política de competencia. Hall ha analizado la medición del poder de mercado y ha sido perito en litigios de monopolización. Woodford formalizó los mecanismos bajo los que se sostiene la colusión a lo largo del ciclo económico.
Hall analizó industrias de los Estados Unidos en que el precio estaba muy por encima del costo marginal, es decir, del costo de producir una unidad adicional. Además de desarrollar métodos para estimar márgenes a partir de datos de producción, calculó que el margen promedio pasó de 1.12 a 1.38 entre 1988 y 2015, es decir, el poder de mercado creció, pero no donde la intuición lo anticipaba. Los sectores dominados por megaempresas no mostraron márgenes sistemáticamente más altos, de manera que el tamaño y la concentración no son sinónimos de poder de mercado. Hall advirtió que márgenes altos pueden acompañarse de utilidades reducidas cuando los costos fijos son elevados.
Hall ha sido perito en casos relevantes y es coautor de la guía para estimar daños económicos que usan los jueces federales de los Estados Unidos. Sin embargo, en el caso Concord Boat contra Brunswick un tribunal de apelaciones rechazó su peritaje, porque el modelo no se ajustaba a los hechos del mercado ni distinguía la conducta lícita de la ilícita. El caso es hoy una referencia sobre la admisibilidad de las pruebas periciales.
Por su parte, Woodford, junto con Julio Rotemberg, formalizó la colusión tácita, en un modelo en el que las empresas sostienen precios altos porque cada una anticipa que, si baja el suyo, las demás responderán con una guerra de precios. Además, identificaron que la ganancia de desviarse es mayor cuando la demanda es alta, de modo que los acuerdos tácitos se debilitan en los auges. Y se fortalecen cuando las empresas son pacientes, es decir, cuando las tasas de interés son bajas y el futuro vale más. De ahí se desprenden dos implicaciones prácticas. En el análisis de concentraciones, los efectos coordinados dependen de la trayectoria de la demanda y del costo financiero, no solo del número de competidores en el mercado. En la detección de cárteles, los filtros basados en el paralelismo de precios deben ajustarse por el ciclo económico; de otro modo pueden confundir la dinámica normal del mercado con señales de colusión.
En materia macroeconómica, el modelo de Woodford incorpora el poder de mercado como un margen sobre el costo marginal, y un cambio en ese margen es un choque que mueve los precios de forma transitoria; la inflación, en cambio, es un fenómeno dinámico que proviene de las expectativas y de la presión de la demanda. Por ello la política de competencia no es una herramienta contra la inflación: corrige el nivel de los precios y la asignación de recursos, mientras que la política monetaria gobierna su trayectoria. La evidencia reciente sugiere que la competencia facilita la tarea del banco central, pues una economía con menos poder de mercado responde mejor a las tasas de interés y sufre menos choques de márgenes.
Si algo muestran Hall y Woodford es que las intuiciones sobre el poder de mercado suelen fallar cuando se basan en el tamaño, en el paralelismo de precios o en la elegancia de un modelo. La política de competencia es más efectiva cuanto más sólido es el análisis que la sustenta, porque es ese análisis el que distingue las conductas dañinas de las que no lo son. Y, como aprendió Hall, el que debe resistir el escrutinio de un tribunal.
* Socio Director de Ockham Economic Consulting.