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México sigue siendo atractivo para las empresas extranjeras
Irasema Andrés Dagnini | Sextante financiero
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) acaba de publicar su informe anual sobre inversión extranjera directa (IED). El documento confirma que en 2025 la región apenas logró un crecimiento marginal de +1.7% en entradas de IED, equivalente al 2.8% del PIB regional, por debajo del promedio histórico de 3.4%. En este escenario, Brasil y México concentraron el 62% de los flujos, con México alcanzando su tercer mayor nivel histórico de entradas.
A primera vista, parecería que México está en una posición privilegiada, dado que recibe capitales en volúmenes récord, atrae proyectos en servicios y recursos naturales, y se mantiene como destino estratégico por su cercanía con Estados Unidos. Sin embargo, los datos más recientes de la economía mexicana muestran una realidad mucho menos optimista.
El INEGI reportó que el PIB cayó -0.6% en el primer trimestre de 2026, el peor arranque desde la pandemia; y en consecuencia las revisiones para el crecimiento para este año disminuyeron a alrededor de 1.0%. En otras palabras: México recibe más inversión extranjera, pero su economía interna se contrae.
IED no está generando empleo. La CEPAL señala que los flujos hacia México se concentran en servicios (+19.5%) y recursos naturales (+7%), mientras que las manufacturas —el sector con mayor capacidad de generar empleos de calidad— se redujeron -17.2% en 2025.
Esto significa que la IED que llega al país no necesariamente se traduce en más empleo ni en mayor productividad. Son sectores intensivos en capital, pero poco intensivos en trabajo. De hecho, el propio informe advierte que los proyectos globales generan cada vez menos puestos de trabajo por millón de dólares invertido.
Al mismo tiempo, los datos internos muestran que la inversión nacional sigue deprimida. La formación bruta de capital fijo apenas creció en abril y mayo, mientras que el consumo privado se estanca. El resultado es un crecimiento raquítico, incapaz de absorber la fuerza laboral que cada año se incorpora al mercado.
La narrativa oficial celebra la llegada de capital extranjero como prueba de confianza en México. Pero la realidad es que la IED no sustituye la falta de inversión pública en infraestructura, educación y salud. Tampoco compensa la incertidumbre regulatoria ni la ausencia de una política industrial clara.
El riesgo es que México se convierta en un receptor pasivo de capitales que buscan aprovechar su posición geográfica y el acceso al mercado estadounidense, sin que ello se traduzca en un verdadero proceso de transformación productiva.
La CEPAL advierte que las políticas de atracción de IED deben converger con las de desarrollo productivo. Yo añadiría que en México urge también una política de confianza institucional que reduzca la volatilidad y dé certidumbre a los inversionistas nacionales.
México enfrenta un doble desafío: convertir la IED en motor de desarrollo interno, mediante encadenamientos productivos, innovación y fortalecimiento de proveedores locales y reactivar la inversión nacional, que hoy está limitada por la incertidumbre política y comercial.
Si no logramos articular estas dos dimensiones, el resultado será un crecimiento raquítico y una dependencia excesiva de factores externos. La pregunta es si el país aprovechará esta coyuntura para fortalecer su base productiva o seguirá atrapado en un crecimiento marginal. Pymes entre la banca digital y el financiamiento especializado
El financiamiento a las pequeñas y medianas empresas (pymes) en México vive un momento de transformación. Dos anuncios recientes, uno desde la banca tradicional y otro desde el financiamiento especializado, muestran cómo se redefine el acceso al crédito en un sector que genera el 70% del empleo y aporta el 52% del PIB nacional.
Por un lado, BBVA México lanzó el Crédito Simple Digital Pyme, con el que estima colocar 1,541 millones de pesos en su primer año. La herramienta permite gestionar financiamientos desde 50 mil hasta 14 millones de pesos, con tasas fijas personalizadas y disponibilidad total en un plazo máximo de 10 días, frente a los 17 días promedio del sector bancario tradicional.
La innovación incluye la incorporación de clientes de “Banca de Barrio”, democratizando el acceso a capital de largo plazo. Además, BBVA concentra el 88% del apoyo financiero del Plan México, con una inversión gubernamental de 12,125 mdp destinada a robustecer a más de 2,200 pymes en sectores como textil, calzado y petroquímica.
Por otro lado, la Asociación Mexicana de Sociedades Financieras de Arrendamiento, Crédito y Factoraje (AMSOFAC) reportó que su cartera conjunta alcanzó 317 mil millones de pesos al cierre del primer trimestre de 2026, equivalente al 57.4% de la cartera total de la banca pyme. Los segmentos automotriz, transporte y maquinaria concentraron más del 70% del financiamiento, reflejando la necesidad de inversión en activos productivos y logística. La Asociación proyecta canalizar más de 103 mil millones de pesos adicionales en 2026, consolidando su papel como complemento flexible frente a la banca tradicional.
En síntesis, mientras la banca digital acelera procesos y amplía cobertura, el financiamiento especializado gana terreno en sectores estratégicos. Ambos frentes son clave para cerrar la brecha de crédito y fortalecer la competitividad de las pymes mexicanas.