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Como “Dedo en el anillo”

Opinión
Tras la histórica alternancia que sepultó casi un siglo de hegemonía priista en el estado de Hidalgo, la oposición, mejor dicho, el PRI, se enfrenta a una encrucijada de supervivencia. En ese escenario, el nombre de Alma Carolina Viggiano Austria vuelve a emerger como la carta natural -y acaso la única con el peso estructural necesario- para encabezar al bloque opositor a la maquinaria -otrora tricolor- de Morena en la próxima elección para renovar el gobierno estatal.
La actual senadora de la República y secretaria general del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI arrastra una trayectoria que evoca las viejas glorias del aparato tricolor, pero también encarna las contradicciones de un partido herido de muerte a nivel nacional por sus excesos.
Si Carolina Viggiano decide buscar la revancha del 2022, el choque en las elecciones para renovar el gobierno estatal en 2028 -si no hay cambios a la ley electoral- tendría como adversarias del oficialismo a Rebeca Stella Aladro Echeverría, actual titular de la Presidencia del Tribunal Superior de Justicia y del Consejo de la Judicatura del estado de Hidalgo, o a la senadora Simey Olvera Bautista, y posiblemente a Xóchitl Gálvez, si el PAN decide postularla.
Dado que la candidata oficialista presumiblemente contará con todo el respaldo institucional del aparato estatal y de la presidencia de la República, el éxito electoral de Viggiano Austria se definirá con base en sus fortalezas y en su capacidad para negociar con los grupos de poder existentes en Hidalgo.
El territorio hidalguense, históricamente, ha sido un laboratorio del corporativismo y de cacicazgos, donde el control político no se ha extinguido, sino que ha mutado a través de gremios, sindicatos y organizaciones sociales que hoy retienen un capital político indispensable para cualquier aspiración electoral.
Entre esos grupos caciquiles se encuentra el sector educativo aglutinado en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), tradicionalmente agrupado en la Sección 15. El sindicato magisterial representa una de las estructuras movilizadoras más disciplinadas del estado. Su capacidad de penetración en las comunidades más remotas de la Huasteca o el Valle del Mezquital convierte a su base en un activo codiciado y un factor de negociación obligado.
Otro lo es el denominado Grupo Universidad, que cuenta con una influencia histórica cimentada en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH). Este bloque ha demostrado una notable plasticidad política, transitando y pactando con distintas fuerzas partidistas a lo largo de las décadas para mantener su autonomía financiera, política y territorial, como lo hizo en su momento con Morena en 2018, dotando al partido fundado por Andrés Manuel López Obrador, de la estructura necesaria para la defensa del voto en casi la totalidad de casillas electorales instaladas.
Así mismo, se encuentran organizaciones de origen agrario como la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA), la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC) y diversos liderazgos mineros en regiones clave que, mantienen el control de “clientelas políticas” regionales basadas en la gestión de recursos corporativos y programas sociales.
Si Carolina Viggiano logra negociar con estos y otros grupos de poder político que han logrado mantenerse más allá de los gobernadores, puede salir adelante en sus aspiraciones políticas, si no lo hace sus posibilidades se verán reducidas.
A diferencia de los tiempos en los que prevalecía la hegemonía del PRI en Hidalgo, quien resultaba “ungido” por el gobernador saliente, podía darse el lujo de ejercer el poder de manera unilateral gracias a los pactos tejidos por su antecesor con los poderes fácticos, pero en las circunstancias actuales en las que el mandatario saliente está debilitado y carente de apoyo social, el candidato opositor está obligado a compartir el “pastel” -generosas rebanadas- con aquellos grupos que conservan su capital político.
Cualquier estrategia de competitividad electoral en el estado inevitablemente pasará por el pragmatismo de dialogar, negociar y pactar con estos bloques corporativos históricos, los cuales operan bajo una lógica de supervivencia e intercambio de cuotas de poder, independientemente de las fluctuaciones en la aprobación del gobierno en turno.
Carolina Viggiano, actual senadora y secretaría general del partido tricolor, cuenta para su haber varias fortalezas, entre ellas, el “colmillo” de la estructura y el feudo de la Sierra Alta. Reducir la figura de Viggiano a una simple marca de partido es un error de diagnóstico que Morena no debería cometer. A lo largo de tres décadas de carrera, la huasteca ha construido un perfil de alta resiliencia política asentado en pilares muy específicos: Estructura y conocimiento del territorio
Viggiano ha caminado Hidalgo desde los inicios de su carrera en 1996 como diputada local en Molango. Ha sido tres veces diputada federal por la vía de mayoría relativa y ha encabezado carteras clave como la Secretaría de Desarrollo Social local y la presidencia del Tribunal Superior de Justicia del Estado. Es decir, conoce las venas del estado profundo, las rutas de la Sierra Alta y la Huasteca, y posee bases de lealtad caciquil que no se diluyen fácilmente con los cambios de siglas.
Su posición como número dos del PRI nacional junto a Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas, lejos de desgastarla internamente, le ha garantizado un espacio de poder indiscutible y el control de lo que queda de las prerrogativas y candidaturas locales.
Su escaño en el Senado -ganado por primera minoría en 2024 tras captar una votación base indispensable- le otorga una tribuna nacional diaria y un escudo de inmunidad e influencia política ideal para blindar su ruta hacia las elecciones para renovar la gubernatura estatal. Además, posee un discurso de identidad local frente al centralismo de Morena que, opera bajo una lógica vertical dictada desde la Ciudad de México.
Carolina Viggiano es, por derecho de trayectoria y peso institucional, el rival a vencer en la acera de enfrente. Su reto no radica en demostrar que sabe operar una campaña, sino en negociar con los grupos de poder que mantienen un capital político, así como convencer a los hidalguenses que el pasado que ella representa puede ofrecer un mejor futuro que el gobierno presente. La decepción ciudadana hacía Morena, por resultar igual o peor que el PRI, le caerá a los tricolores “como anillo al dedo”, pero si no lo capitalizan, les puede caer -parafraseando a la senadora Viggiano- como “dedo en el anillo”.