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Mañaneras agotadas

OpiniónEl Economista

El uso de las conferencias mañaneras fue una gran apuesta mediática que logró con éxito López Obrador en dos ocasiones. Primero lo hizo como jefe de Gobierno de la Ciudad de México y luego en la Presidencia. Entre el 2000 y el 2006 le arrebató la iniciativa informativa al presidente Fox, algo inusual en un país presidencialista. En las mañanas ponía las noticias, muchas veces de manera provocadora o espectacular, y los medios le daban buena cobertura. A partir de 2018, incluso antes de asumir formalmente el Ejecutivo, ya ponía el tema noticioso del día. En realidad, la noticia era el propio AMLO.

Hay que reconocer que lograr esto no es nada fácil. Normalmente, los presidentes se van desgastando a medida que avanza su mandato y más si se exhiben frecuentemente en público. López Obrador no. Durante su mandato fue capaz de mentir, esconder información, atacar a la prensa y la oposición, violar la ley y su popularidad se mantuvo básicamente alta (más de 60%). Lo pudo hacer por una mezcla de carisma, ocurrencias, dichos, etc. Tal vez si no hubiera sido político hubiera logrado el éxito como estandupero.

No soy el primero en decir que la presidenta Sheinbaum no goza de los mismos atributos. Es cierto que es más organizada, mejor administradora y tiene una visión más amplia de los problemas, pero eso no la hace ser capaz de resistir el desgaste de aparecer todos los días en las mañaneras. Pero tal vez no sea su persona, sino las circunstancias. Este gobierno federal heredó un déficit y una deuda enorme, tiene encima a Trump, la economía está mal y por si fuera poco sus compañeros de partido se exhiben en sus excesos y corruptelas, obligándola a defender a los indefendibles.

La semana pasada señalé que el soberanismo de Claudia Sheinbaum era insostenible y que la obligaba a mentir y tragar sapos, como el del envío de petróleo a Cuba “por razones humanitarias”, ahora suspendido por órdenes de Trump. También está el caso del arresto de Ryan Wedding en territorio mexicano en un operativo que, según el director del FBI, Kash Patel, demuestra la “gran cooperación” y trabajo en equipo con el gobierno de México. Es decir, hay operativos estadounidenses cuando el gobierno del norte lo decida, sin importar las fotos trucadas de la presidenta y sus afirmaciones de que no suceden.

La diferencia entre las mentiras cada vez más insostenibles de la presidenta la están condenando a una cárcel de palabras. Pero esto va más allá, pueden estarla debilitando en varios frentes importantes. En primer lugar, en demostrar ante los inversionistas que tiene la fuerza para garantizar estabilidad jurídica y seguridad a los dineros que inviertan. Si tiene que mentir para disfrazar lo que hace EUA en nuestro país, ¿por qué creer que podrá garantizar las inversiones? En segundo lugar, el grupo más radical del obradorismo, según algunos columnistas, le está exigiendo más fuerza ante Trump. Hay un tercer frente más delicado: perder popularidad ente los sectores que votan a favor de MORENA. Esto habrá que verlo en la evolución de las encuestas.

Esta dicotomía entre dichos presidenciales y evidencias ha cambiado el ambiente en las mañaneras. Ya no son el nicho tibio y cómodo de preguntas fáciles y loas, ahora hasta las preguntas de sus seguidores incondicionales la ponen incómoda. En esta semana, una de estas seguidoras fervientes le preguntó acerca de la provocación de Trump al conmemorar el 175 aniversario del fin de la intervención estadounidense en México. Supongo que creía que la presidenta se luciría con la respuesta, pero en realidad fue una pregunta muy torpe en momentos en que la tensión con la Casa Blanca aumenta. Todo lo que se atrevió a decir Sheinbaum fue: “Ya saben cuál es mi opinión, no somos Santa Anna.”

La lista de temas intocables en la mañanera aumenta y obligan a respuestas demagógicas, elusivas y poco convincentes. La renuncia de Adán Augusto López a la coordinación senatorial morenista y los señalamientos de sus ligas criminales la obligan a defenderlo; los desmanes y agresiones de Layda Sansores en Campeche la hacen decir serenidad y paciencia, una respuesta tonta a hechos graves; la situación en Sinaloa es tema del gabinete de seguridad, a ella ni le pregunten; la muerte de los familiares de Mario Delgado, otro tanto; el huachicol fiscal, qué creen, la que tiene los datos no vino; el discurso de Mark Carney en Davos, mejor ya no lo toca, es radioactivo.

Llenar las mañaneras con informes largos y tediosos, incluso aquellos que parecen muy relevantes, como el Plan (otro plan, sí) de Inversión en Infraestructura por 5.6 billones de pesos no logró que las preguntas se restringieran al tema. Una y otra vez lo pidió y fracasó. Los reporteros serios hacen preguntas incómodas, los seguidores quieren radicalidad en un momento delicado.

Ella no tiene respuestas.

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