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Mala Rocha
Ezra Shabot | Línea directa
Es este el momento más complicado para el gobierno de Sheinbaum, y en general para la 4T desde el inicio de su mandato, incluyendo el sexenio de AMLO. López Obrador tuvo la habilidad de navegar en las aguas turbulentas de la pandemia mientras acababa con las instituciones de la democracia mexicana. Al contar con los ahorros heredados de los gobiernos neoliberales, pudo despilfarrar dinero sin pudor alguno y sin poner en riesgo la calidad crediticia de la economía mexicana.
Pero el abuso de poder tuvo un alto costo, y el momento de estrellarse contra la realidad se acerca cada día. Las obras insignia de López Obrador no son rentables y presionan constantemente el equilibrio fiscal. Sus acuerdos con el crimen organizado se han convertido en una bomba de tiempo que le estalló en la cara a Claudia a partir de su confrontación con Trump. El tema Sinaloa, Rocha Moya, Mayo Zambada, Chapitos y la agresiva política exterior norteamericana, han puesto a México en la mira de la clase política de los Estados Unidos no únicamente como su patio trasero, sino como un enemigo que pone en peligro su seguridad interior.
El alineamiento del gobierno mexicano con Cuba, Nicaragua y la Venezuela de Maduro incrementan significativamente la agresividad de Washington frente a nuestro país. La revisión del T-MEC le otorga a Trump la oportunidad esperada para doblarle la mano a las autoridades mexicanas con una pistola apuntando a la cabeza de los negociadores.
Y si a esto le añadimos el callejón sin salida en el que se encuentra Sheinbaum al interior de Morena y frente a López Obrador, donde cualquier concesión a los norteamericanos que implique la extradición de Rocha y sus secuaces provocaría un terremoto político dentro de la 4T, el margen de maniobra en todos los frentes es prácticamente nulo.
En una de sus últimas apariciones públicas, el desaparecido Porfirio Muñoz Ledo le envió un claro mensaje a AMLO: “los pactos con los criminales no se heredan”. Todo esto en una clara alusión a la bomba de tiempo que el entonces presidente heredaba a su sucesora. Y Porfirio tenía razón. El choque constante entre diversas facciones de la delincuencia y la existencia de políticos de alto nivel formando parte integral del negocio ilícito, demuestran la incompatibilidad entre el viejo acuerdo mafioso y las nueva realidad tanto interna como externa.
Ni Claudia posee las riendas del poder como las que tuvo su mentor, ni el Trump del segundo periodo está dispuesto hoy a negociaciones tan flexibles como las que llevó a cabo durante su primer mandato.
Aferrarse a una defensa a ultranza de Rocha Moya reforzará sin duda la cohesión interna en Morena, pero provocará una reacción de dimensiones desconocidas por parte de Trump, mientras que entregar al sinaloense a las autoridades norteamericanas generará un terremoto dentro del partido hegemónico, sin que la presidenta cuente con la fuerza suficiente para contenerlo. Es sin duda un callejón sin salida. Morena pasa por una “mala Rocha”.