Lectura 5:00 min
Irán, dame más cara la gasolina
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Este es uno de esos días en los que pienso que sí debí comprarme ese coche eléctrico. La circunstancia de una nueva guerra en Irán ya es triste de por sí; el hecho de que le hayan dado al centro del mercado energético de los árabes es una amenaza directa a mi tarjeta de débito.
Yo no quisiera estar bajo el saco de Édgar Amador Zamora este lunes. El secretario de Hacienda muy probablemente tendrá que decirle a la presidenta Claudia Sheinbaum que deben aumentar los precios de la gasolina. ¿Adiós a los 24 pesos por litro?
Ayer, Irán cambió para siempre con el deceso de su líder supremo, Alí Jamenei, sobre todo por la forma en que ocurrió. Su muerte no fue natural. Él era el ayatolá, un hombre que une dos fuerzas: la religiosa y la política. En cualquier país, quien controla ambos poderes carece de rival. No tiene un sustituto directo y eso es un problema para el mundo.
Él no necesitó ser presidente; Irán tiene a uno llamado Masud Pezeshkian, un médico que ahora se queda al frente del país, pero sin el respaldo espiritual de Jamenei. Habrá políticos que querrán su puesto, como sucede en cualquier nación, y enfrentará esa corriente interna.
Para colmo, encara una inflación horrible, cercana al 50 por ciento, en la que los precios cambian cada semana, y una economía desacelerada que no brinda los empleos necesarios para calmar a la población, a la que se mantiene quieta por la fuerza.
Vaya, no veo manera de que Irán pueda estabilizarse pronto, y no habría mayor problema global si no produjera hoy tres veces más petróleo que Venezuela.
Además, sus misiles y combatientes tienen acceso al “carril” por el que pasa el crudo de Arabia y el gas de Qatar. En corto: tienen el poder de cerrar el paso, y ayer 01 de marzo, hubo noticias de que, en efecto, no hay valientes que quieran cruzar un barco hoy por el estrecho de Ormuz.
A la hora de escribir este texto no conocía los nuevos precios internacionales del crudo y gas de este lunes, pero, salvo que algo rarísimo suceda, ustedes estarán viendo hoy un disparo.
Como todos los conflictos que he presenciado en este siglo y que golpean al mercado energético global, este también puede ser temporal. La duda general radica en la dimensión del plazo.
Así agarran a Amador Zamora esta mañana, con una lista de preguntas que no puede responder, salvo una: sí se debe subir el precio de la gasolina.
¿Por qué? Porque los políticos de todos los partidos (eso incluye a todos, no se hagan) hicieron a esta nación cada vez más dependiente de los mexicanos y menos del exterior. El gobierno vive claramente de los impuestos que cobra a su gente y no del crudo exportado.
De los ingresos que recauda la Secretaría de Hacienda hoy, el 15 por ciento son petroleros.
No es poca cosa, pero compárenlo con lo de hace 20 años, cuando representaban el 37 por ciento. Es lógico, este país dejó de invertir en extracción de petróleo y esa es la consecuencia.
¿Cómo le hizo esa dependencia para compensar la caída? Cazándolos a ustedes.
Los ingresos tributarios provenientes del ISR, el IVA y otros, brincaron del 40 al 65 por ciento en ese lapso.
Pero además, panistas, priistas y morenistas se toparon con un dulce: el IEPS que le cargan a la gasolina. Saltó exponencialmente del 0.8 al 5.5 por ciento de lo que cobra Hacienda.
Si a partir de esta semana sube el petróleo, la gasolina que importamos también subirá.
Una opción para Édgar Amador será la de reducir el cobro del IEPS para que la gasolina no suba de precio y se quede cerca de los 24 pesos, como pactó la presidenta Claudia Sheinbaum con los gasolineros hace un año.
En el escenario actual, eso pondría nerviosas a las calificadoras Fitch, S&P y Moody’s, lo que prendería un riesgo que hoy no tenemos: encarecer los créditos para empresas y ciudadanos. Detener esta economía que el año pasado lució estancada golpearía, además, el cobro de ISR y de IVA.
Otra opción es la de mantener la estructura del IEPS como está y cobrarnos la gasolina más cara, olvidando el pacto. Eso atenta contra la popularidad de la mandataria, como lo hizo en su momento con los presidentes Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón.
Y sí, está la idea de que ahora el petróleo se queda en casa y lo refinamos aquí. ¿Qué creen que pasará con los ingresos petroleros si crece esa circunstancia?
De nuevo: no quiero estar bajo el saco del secretario de Hacienda. Voy a buscar una bici eléctrica.