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El factor adverso de las tasas al alza

Después del comunicado de la Reserva Federal de la semana pasada, la transición de liderazgo hacia Kevin Warsh ha hecho público al menos dos cosas: una, que la preocupación sobre una Fed independiente está intacta y que hay un enfoque firme en controlar la inflación y orientarla hacia su objetivo de 2 por ciento.

OpiniónEl Economista

No todos los mercados muestran entusiasmo ante el progreso aparente que hay en los acuerdos entre Estados Unidos e Irán, mismos que parecen rehabilitar el tráfico en Ormuz y acercar el precio del petróleo a los niveles registrados antes del inicio del conflicto.

Los mercados de deuda se han visto afectados por la nueva postura de la Reserva Federal, que delineó una visión más restrictiva con relación a las tasas de interés.

Al inicio del año, tanto los participantes en el mercado como las mismas autoridades estimaban que, en el transcurso de 2026, se aplicaría una nueva baja de tasas de interés.

La misma “gráfica de puntos” que publica la Fed (indicador que concentra las expectativas sobre la tasa de referencia de los miembros del Comité de Mercados Abiertos – FOMC por sus siglas en inglés-) estimaba en su mayoría al menos un recorte a las tasas.

La base principal de esta expectativa era que continuaría el descenso en la inflación que se observó a finales del año pasado.

Con el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irán y su afectación directa sobre los precios del petróleo, la situación claramente cambió.

Los inversionistas se pusieron nerviosos ante la idea de una inflación que rebotaría fuertemente si la guerra se prolongase por mucho tiempo. Los indicios que justificaban este temor se vieron reflejados en los datos de inflación de marzo y abril.

Las tasas de interés iniciaron un movimiento de alza. La tasa del bono del Tesoro a 2 años que se ubicaba al inicio del año en un nivel de 3.5%, registró incrementos hacia niveles cercanos al 3.9% para finales de abril, la tasa del bono a un plazo de 10 años aumentó en el mismo lapso de niveles mínimos de 3.90% hacia un nivel de 4.40%, alcanzando en algún momento un máximo de 4.65 poir ciento.

Claramente la situación geopolítica borró la expectativa de que la Fed bajaría la tasa.

Como decía, el aparente fin de las hostilidades no generó un cambio de tendencia. Hay un cambio de régimen en la conducción de la política monetaria en Estados Unidos que ha alterado la expectativa con relación al rumbo de las tasas.

Después del comunicado de la Reserva Federal de la semana pasada, la transición de liderazgo hacia Kevin Warsh ha hecho público al menos dos cosas: una, que la preocupación sobre una Fed independiente está intacta y dos, que hay un enfoque firme en controlar la inflación y orientarla hacia su objetivo de 2% (actualmente en 4.2% a mayo).

Las expectativas de una baja de tasas en el futuro previsible se han desvanecido y se observa presión en los niveles de los réditos, en especial para plazos cortos y medianos.

Como consecuencia directa de este cambio de expectativas, el bono a 2 años aumentó 10pb para cerrar en 4.18%, mientras que la tasa del bono a 10 años se cotiza ahora en 4.50 por ciento.

El ajuste en las tasas se vio respaldado de manera contundente por la más reciente gráfica de puntos: 9 de los 18 participantes del FOMC anticipan, por lo menos, un alza adicional de 25pb para lo que resta del año.

El hecho de que el 50% de los miembros ya se incline formalmente por continuar el endurecimiento valida la tesis de que la Fed de Warsh no dudará en mantener las condiciones financieras en terreno restrictivo para consolidar la desinflación.

En el resto del mundo hay una situación de restricción en la mayoría de los bancos centrales. El Banco de Japón realizó un movimiento en tal dirección la semana pasada, acción también llevada a cabo por parte del Banco Central Europeo ante la persistencia inflacionaria. La narrativa en general es de réditos al alza en el mundo mientras se disipan las presiones que ha generado la guerra y los países intentan financiar sus elevados déficits fiscales.

Por ahora, los ajustes en las bolsas que estamos viendo en estos días esgrimen este factor como una de sus principales causas.

Claramente este nuevo factor de riesgo puede echar a perder el entusiasmo por la baja reciente en el precio del petróleo e incluso la fuerza en las bolsas si se intensifica.

Vamos a ver qué dice el Banco de México con su idea de mantener el diferencial de las tasas en pesos en niveles mínimos, en un entorno donde la percepción de los participantes en los mercados de deuda ha cambiado.

*Rodolfo Campuzano Meza es director general de INVEX Operadora de Fondos de Inversión.

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