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Estadísticas para el sector de las telecomunicaciones y las TIC
José F. Otero | TIC y Desarrollo
Hace casi diez meses que el antiguo Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) fue reemplazado por la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) con el objetivo de mejorar el trabajo que se hacía desde el gobierno para regular el sector de las telecomunicaciones y las tecnologías de información y comunicaciones (TIC).
Uno de los aspectos en los que se destacó el IFT fue la construcción de una infraestructura estadística relativamente sofisticada, en particular mediante el Banco de Información de Telecomunicaciones (BIT), concebido para permitir la consulta, el análisis y la descarga de indicadores del sector, así como para ofrecer información con distintos niveles de desagregación geográfica. También publicó anuarios estadísticos, bases de datos abiertas, notas metodológicas e informes periódicos.
El trabajo del IFT en la recopilación y reporte de datos llamó la atención internacional, lo que llevó a que el foro que reúne a los reguladores de telecomunicaciones de Iberoamérica, Regulatel, decidiera utilizar al IFT como recopilador de datos de telecomunicaciones de todos los países miembros de este organismo. Asimismo, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) reconoció en el 2020 al BIT como el banco de datos más completo del mundo sobre telecomunicaciones y TIC. Curiosamente.
No obstante, no todas las visiones sobre el trabajo del IFT en la creación del BIT reflejan una perspectiva positiva. De hecho, un artículo escrito por Nicolás Lucas y publicado en El Economista el 21 de enero de 2026 tuvo como título: “CRT: El IFT dejó un desorden en el banco de datos de telecomunicaciones de México.”
Independientemente de la razón, hay algo que no puede ignorarse. La publicación oportuna, confiable, suficientemente detallada y metodológicamente adecuada de estadísticas es un componente esencial de una política pública efectiva y del desarrollo económico y social de México. La infraestructura digital influye cada vez más en la educación, el empleo, la salud, los servicios gubernamentales, la inclusión financiera, la productividad y las oportunidades económicas.
Por ello, las estadísticas de telecomunicaciones no deben considerarse simplemente una obligación administrativa del regulador: constituyen parte de la infraestructura de información que necesita un país para diseñar, implementar y evaluar su transformación digital. ¿Cómo se puede hablar de una estrategia nacional de inteligencia artificial sin saber dónde están los tendidos de fibra óptica? ¿Cuáles son las tasas de reemplazo de teléfonos celulares que determinan la adopción de nuevas tecnologías móviles? ¿Hay suficiente disponibilidad de energía eléctrica en los centros de datos necesarios para sostener las nuevas plataformas inteligentes?
Por estas razones, no basta con publicar datos. Es importante que los indicadores utilizados midan correctamente la realidad que pretenden describir. Una estadística puede ser técnicamente correcta y, al mismo tiempo, ofrecer una visión incompleta o incluso engañosa de la brecha digital si agrupa tecnologías con capacidades muy diferentes, utiliza unidades de comparación inadecuadas o confunde la cobertura potencial con el acceso, la adopción y el uso efectivo.
Este problema resulta particularmente importante en las telecomunicaciones porque no todas las conexiones son equivalentes. Una población cubierta por una tecnología móvil de capacidad limitada no dispone de las mismas posibilidades que otra cubierta por redes de mayor velocidad y capacidad. De manera similar, una conexión fija, principalmente basada en fibra óptica, puede ofrecer posibilidades muy distintas a las de una conexión dependiente de tecnologías de menor capacidad o de mayor latencia. Incluso la infraestructura de transporte, por ejemplo, si el backhaul utiliza fibra, microondas o satélite, puede determinar la calidad y el tipo de servicios digitales que finalmente pueden utilizar hogares, empresas, escuelas, hospitales y gobiernos.
Por tanto, simplemente contabilizar la existencia de "cobertura" puede ocultar diferencias fundamentales en la capacidad real de las redes. Esta distinción tiene consecuencias directas para una política pública mexicana que ha mencionado como pilares la transformación digital y la adopción acelerada de la inteligencia artificial en apoyo de los sectores productivos de la economía.
Se debe comprender que las necesidades de conectividad varían de una localidad a otra y que las tecnologías que se presumen urgentes en zonas metropolitanas no generarían un gran beneficio en zonas donde la cantidad de tráfico generado y terminado no lo justifica.
Por ello, México necesita estadísticas que permitan distinguir, al menos, entre la disponibilidad de infraestructura y tecnología, la calidad y la capacidad del servicio, la asequibilidad, los dispositivos, la adopción y el uso efectivo. La CRT está en deuda con los ciudadanos, con las empresas y con todos los niveles del sector público que dependen de sus insumos para delinear estrategias de inversión a corto, mediano y largo plazo.
Uno pensaría que debe ser difícil regular un sector del que no se conoce su tamaño, su crecimiento ni su distribución a nivel nacional de las redes de distintas tecnologías que lo componen y le dan vida. Me rehúso a pensar que la CRT regula a ciegas.