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El espíritu de Madero y sus espíritus
Francisco I. Madero.
Antes de convertirse en el dirigente que desafió la dictadura de Porfirio Díaz y proclamó el principio de la no reelección, Francisco I. Madero había emprendido otra revolución, secreta, silenciosa y personal: la exploración de los territorios invisibles del espíritu.
Ocurrió después de su viaje a Europa. Y es que, como todo joven acaudalado y pudiente, hijo de hacendado y educado con esmero, el joven Francisco leyó de todo. La biblioteca de su abuelo fue, en un principio, el abono de sus inquietudes intelectuales y preocupaciones filosóficas, pero después ya no le fueron suficientes. En Inglaterra, supo de sesiones reveladoras donde se estudiaban las voces de lo invisible y escuchó que escritores como Shakespeare habían cedido su pluma a la guía de los espíritus para completar exitosamente su misión de vida. Y fue entonces, lector querido, cuando el señorito Madero tomó la decisión de unirse a ellos.
Al despuntar el siglo XX, establecido en su natal San Pedro de las Colonias, Coahuila, en medio de la tranquilidad de los vergeles familiares y casi para cumplir los 30 años, Madero inició formalmente su profesión de fe hacia el espiritismo. Regresaba de París, ya había leído a Allan Kardec, el maestro en la materia y estaba dispuesto a poner en práctica una facultad que le había sido revelada en los círculos espiritistas parisinos: la de médium escribiente.
De su puño y letra, Madero describió aquel momento:
“Se me ocurrió renovar mis esfuerzos con verdadera constancia y empecé a sentir que una fuerza ajena a mi voluntad movía mi mano con gran rapidez. A los pocos días escribí con una letra grande y temblorosa: “Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”. Esta sentencia me causó gran impresión y siendo contraria a lo que yo esperaba, me hizo comprender que las comunicaciones de ultratumba nos venían a hablar de asuntos trascendentales”
En México aquella doctrina no era nueva. En la historia documentada, la práctica del espiritismo kardeciano en nuestro país data del año de 1870, aunque en 1868 el general Refugio I. González había fundado en Guadalajara el primer periódico espiritista llamado La Ilustración Espírita. Cuatro años después se constituyó la Sociedad Espírita Central de la República Mexicana, salió a la venta El evangelio según el espiritismo y tres años más tarde el texto más importante de Kardec, de donde Madero había aprendido todo: El Libro de los Espíritus. (Su subtítulo era imprescindible para comprender la importancia de tan grande obra: Libro que contiene los principios de la doctrina espiritista sobre la inmortalidad del alma, la naturaleza de los espíritus y sus relaciones con los hombres, las leyes morales, la vida presente, la vida futura y el porvenir de la humanidad según la enseñanza dada por los espíritus superiores con la ayuda de diferentes médiums)
En 1907, Madero ya dominaba la escritura automática que le dictaban los espíritus. Además, todos ellos tenían nombre. El espíritu de “José”, por ejemplo, estaba presente en casi todas las comunicaciones. De hecho, fue él –según lo atestiguan los Diarios espíritas de Madero– quien le anunció la gran cruzada democrática que estaba a punto de emprender y le exigió un dominio mayor de sus pasiones. Madero ya había visto cómo podía transformarse su alma siguiendo los consejos de sus hermanos espirituales y decidió prepararse con ahínco. Se fue a lugares solitarios, generalmente a su rancho “Australia”,¿, donde meditaba y oraba profundamente. Procuraba acostarse tarde, madrugar y ya no dormir su siesta vespertina. Ayunaba y comía sólo lo necesario para mantener las energías. No bebía y no fumaba. Se dedicaba a escuchar los mensajes de lo inaudible e indecible y a escribirlos.
El 30 de octubre de 1908, el día del cumpleaños número 35 de Madero el espíritu Pedro, le escribió:
“Estás en condiciones de dirigir a los demás. De impulsar a tus conciudadanos por determinada vía cuyo fin verás con la clarividencia de los elegidos. Sobre ti pesa una responsabilidad enorme. Has visto, gracias a la iluminación espiritual que de nosotros recibes, el precipicio hacia donde se precipita tu patria; cobarde de ti si no la previenes. Has visto igualmente el camino que debe de seguir para salvarse: Desventurado de ti si por tu debilidad, tu flaqueza, tu falta de energía no la guías valerosamente por ese camino. Ten fe, ten valor, ten constancia y vencerás.”
Y Madero, lleno de fé y de fuerza espiritual decidió caminar aquel sendero. Cuentan que aquella vez fue la última que estuvo en su rancho “Australia” y cuando decidió terminar y publicar “La sucesión presidencial”. Un libro que sería – la Historia lo atestigua- la chispa de una llama que encendería una revolución que dos años después lo cambiaría todo. Justo como lo habían predicho sus espíritus.
Sorpresivo dato curioso de la vida real, lector querido. Hoy, cuando estamos a punto de vivir entre calabazas y calaveras, conmemoraremos la vida y muerte del hombre que buscaba orientación en el mundo invisible y que, más allá de su propia existencia, inauguró una de las épocas más visibles, violentas y revolucionarias de la historia nacional.