Buscar
Opinión

Lectura 5:00 min

¡Que Viva la Raza!

main image

Foto: Especial.

Cecilia Kühne

Con una mano dirigida al cielo señalando al espacio sideral y la otra levantando un velo que ocultaba una parte del globo terráqueo, hubo una vez una enorme estatua que representaba al almirante genovés Cristóbal Colón asentada en Paseo de la Reforma. Inaugurada en 1887 por órdenes del general Porfirio Díaz para su estreno como presidente de la República, no tardó en convertirse en un monumento que permanecería en su propia glorieta durante muchísimo tiempo, recibiendo desde flores hasta huevazos cada 12 de octubre. Y no lector querido, no se trataba del cumpleaños del viajero, sino de conmemorar la fecha señalada del descubrimiento América.

La idea de aquel monumento tuvo su antecedente cuando el emperador Maximiliano de Habsburgo, aconsejado por su suegro, el rey Leopoldo I de Bélgica, decidió regalar a México una efigie de Cristóbal Colón para honrar a tan polémico explorador. La condición fue que debía de ser una obra de arquitectura monumental que rindiera homenaje al viajero genovés pero que además contuviera alegorías de los mares que circundan a México. El proyecto no se concretó jamás. El horno (político) no estaba para bollos y Maximiliano a punto de ser fusilado.

Los años pasaron y cada uno de nuestros gobiernos reaccionó diferente. El 24 de septiembre de 1892, por ejemplo, el Congreso de la Unión decretó el 12 de octubre como día de fiesta nacional. Un tiempo después, en 1917 y a iniciativa de Venustiano Carranza, la fecha se denominó Día de la Raza. Y así, a lo largo de la historia, se barajaron nombres diferentes; Dia de Colón, del Descubrimiento de América, del Encuentro de Dos Mundos, de la Hispanidad, de la Multiculturalidad, de la Dignificación de los Pueblos Originarios o de la Resistencia Indígena.

Hoy, ni el monumento ni la escultura existen. “La joven de Amajac”, sustituyó la figura de Cristóbal Colón y la antigua Glorieta de Colón fue tomada y renombrada como la de “Las Mujeres que luchan” y desde allí se alzan las voces contra el maltrato, el feminicidio, las desapariciones- y la violencia de género. No para festejar ni celebrar descubrimiento alguno o expediciones invasivas sino para unirnos al reclamo y evitar que alguien olvide los derechos de todas las mujeres.

Como autor, viajero y figura histórica, también Cristóbal Colón ha sido objeto de mudanzas, necedades, críticas y palabrería. Algunos juran que era una especie de genio cartógrafo y que conocía perfectamente la extensión de la mar océano y el tamaño exacto de la tierra, Otros dicen que desde los antiguos griegos –Eratóstenes, por más señas- se sabía la medida de la circunferencia del globo terráqueo y que la hipótesis de Colón sobre la posibilidad de su viajar se basaba en cálculos erróneos pues suponía que la Tierra era más pequeña y delgada de lo que realmente es. Los detractores de Colón lo han tachado de ambicioso, interesado, debilucho, aprovechado, explotador, algo tonto y por añadidura ignorante. Sin embargo, la ignorancia tiene colores variopintos y si no hay tonto con vacas, tampoco hay navegante que además de haberse hecho a la mar, llevara un registro tan detallado y por escrito de un mundo que no existía en los libros y debía hallar su lugar en la Historia de Occidente.

Nada más entretenido que leer el apunte de los Diarios de Colón para aquel glorioso 12 de octubre de 1492 y que dice así:

“Esta tierra la vio primero un marinero que se decía Rodrigo de Triana, puesto que yo a las diez de la noche, estando en el castillo de popa, vi lumbre; aunque fue cosa estaba tan cerrada que no quise afirmar que fuese tierra, pero llamé a Pedro Gutiérrez repostero de estrados del Rey y le dije que aquello parecía lumbre, que mirase él, y así lo hizo, y la vio. (…) A las dos horas después de medianoche apareció la tierra, de la cual estarían apenas a dos leguas”

Y muy pocas voces como la de Edmundo O’Gorman explicando de manera sencilla y rotunda los avatares de aquel día como hoy en su libro La invención de América cuando escribre:

“El 12 de octubre se conmemora la llegada del navegante genovés Cristóbal Colón a tierras americanas y el inicio del encuentro entre dos culturas. La trascendencia de este hecho histórico no tiene parangón en la Historia y sus implicaciones han dado cabida a innumerables disertaciones, interpretaciones y polémicas. Por lo pronto, baste recordar que, en efecto, en 1492 no sólo se dio el descubrimiento de un nuevo continente y con él el inicio de su conocimiento de todo el planeta, sino también el encuentro de dos mundos. Cambiaron las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales en los dos hemisferios y, en forma arrolladora se dio un trasplante de modelos del Viejo al Nuevo mundo. Muy cierto es también el atropello de las culturas autóctonas, pero también la implantación de la lengua española que hoy hablamos y leemos.”

Más clara ni el agua de las Indias Occidentales, lector querido Mejor razón para dejar de insultar a Colón y leer sus bitácoras de viaje, lector querido, no hay otra. Conmemore, celebre o ignore lo que usted quiera. Siempre es momento de pronunciarnos y gritar ¡Que Viva la Raza!

Temas relacionados

Estudió Letras Hispánicas en la UNAM, es especialista en historia y literatura mexicana del siglo XIX. Comenzó escribiendo sobre temas culturales en El Economista y no ha abandonado el periodismo ni las letras desde entonces. Actual­men­te trabaja en el IMER haciendo guiones e inventando y transmitiendo contenidos.

tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete