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El espejismo del PIB y los otros datos
Esta segunda mitad del año exhibirá con claridad que los datos preliminares informados por el Inegi y festinados en Palacio son un espejismo.
Enrique Campos Suárez | La gran depresión
El guion se cumple al pie de la letra: el espejismo del segundo trimestre y ese avance del Producto Interno Bruto de 1.5% informado por el Inegi como dato preliminar provocaron de inmediato los festejos de rigor en Palacio Nacional. Sin embargo, adjudicar ese rebote a una solidez estructural de la economía mexicana no solo es un exceso retórico, sino un diagnóstico profundamente equivocado.
La buena noticia es que se pudo cumplir la expectativa de un impacto positivo en una parte de la economía por el consumo coyuntural que generó la logística y el arranque del Mundial de Futbol, lo que encubrió temporalmente la debilidad económica.
Deberían incluir en la discusión de los derechos de las audiencias todo lo que se dice en la mañanera porque la narrativa habitual, en particular la de los temas económicos, está inscrita, digamos, en el mundo de “los otros datos”. El maquillaje a la fragilidad económica de la presidenta Sheinbaum le valió caer en imprecisiones conceptuales al intentar justificar los datos del Inegi ante la opinión pública.
Entre las imprecisiones y las evidentes falsedades, la guía matutina de la economía no es un mensaje para los mercados; es parte de un ejercicio de propaganda. Por ejemplo, la mandataria ubicó la producción industrial minera dentro de las actividades primarias.
Pero, más allá de una confusión técnica, hay negaciones estructurales. la evidencia del régimen de que no hay una afectación en la confianza y en las inversiones por la destrucción de la autonomía del Poder Judicial no se busca en las cifras de caída constante en los niveles de inversión fija bruta; la prueba que expone la presidenta es que ella, personalmente, ha exigido a algunos empresarios que le demuestren si existe alguna resolución que evidencie ese control, a lo que sus interlocutores responden sin chistar, evidentemente, que no la hay.
En el mercado, entre los que toman decisiones económicas, hay pocas dudas del momento que vive la economía: el segundo trimestre de este 2026 trasluce, al descontar los factores estacionales y el impacto atípico en los servicios, que la economía se mueve de forma modesta y con un avance que será insostenible en los meses por venir.
Esta segunda mitad del año exhibirá con claridad que los datos preliminares informados por el Inegi y festinados en Palacio son un espejismo, y que la economía mexicana enfrenta frenos estructurales importantes: finanzas públicas atrapadas en su desequilibrio fiscal y sin posibilidades de impulsar la inversión; un consumo local estancado y endeudado; y una industria paralizada a la espera de señales claras de certidumbre jurídica y comercial.
Los agentes económicos lo entienden, incluso también muchos que forman parte de la clientela política que suelen no interesarse tanto en los temas estructurales: un solo trimestre impulsado por eventos atípicos no hace verano macroeconómico. Gobernar desde la complacencia de los datos mal interpretados puede funcionar para el relato diario, pero no para generar la certidumbre que tanto le falta a la economía mexicana.
Si no se crean las condiciones reales para la inversión productiva, el resto del año se encargará de disipar la ilusión del segundo trimestre para devolvernos a la dura realidad del estancamiento.