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Opinión

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Escenario delicado para la aviación

Rosario Avilés | Despegues y Aterrizajes

Apenas estábamos empezando a disfrutar la recuperación de la aviación comercial después de la pandemia, cuando aparecieron los problemas de las cadenas de suministro y el encarecimiento del combustible. Hoy, para completar el cuadro, aparece otra turbulencia: el regreso de tasas de interés más altas.

La Reserva Federal de EU elevó hace unos días su tasa de referencia en 25 puntos base, al rango de 3.75 a 4 por ciento, primer aumento desde 2023. Días antes, el Banco Central Europeo también había incrementado sus tasas en 25 puntos base, mientras Japón llevó su política monetaria a niveles no vistos desde mediados de los años noventa. El mensaje es fuerte: la inflación sigue siendo un problema y el dinero volverá a ser más caro.

El contexto financiero agrava las señales. IATA recuerda que la deuda mundial alcanzó alrededor de 353 billones de dólares en el primer trimestre de 2026 y que la fuerte inversión vinculada con inteligencia artificial está compitiendo por capital con los gobiernos y otras industrias. Esa combinación ayuda a mantener elevados los rendimientos de largo plazo, justamente los que más importan para activos con vida útil extendida, como las aeronaves, durante muchos años.

Para la aviación esto importa mucho. Es una industria intensiva en capital, que necesita miles de millones de dólares para adquirir aeronaves, financiar motores, mantener flotas, construir infraestructura y refinanciar deuda. IATA calcula que el vencimiento promedio ponderado de la deuda de las aerolíneas ronda entre seis y ocho años. Eso significa que el golpe no necesariamente será inmediato, pero irá apareciendo conforme los créditos contratados en mejores condiciones lleguen a vencimiento y tengan que refinanciarse a tasas mayores.

También habrá un efecto directo sobre las nuevas aeronaves. Una parte importante de la flota mundial se financia mediante crédito o arrendamiento. Si aumenta el costo del capital, suben también las rentas de los aviones, los gastos financieros y, eventualmente, la presión sobre las tarifas. Y esto ocurre cuando Airbus y Boeing enfrentan retrasos en sus carteras de pedidos y las aerolíneas necesitan renovar equipos para reducir consumo de combustible y emisiones.

Hay además un segundo efecto: tasas más elevadas enfrían la economía. Si hogares y empresas pagan más por sus créditos, disponen de menos recursos para viajar. La aviación podría encontrarse, entonces, entre dos fuerzas adversas: costos financieros mayores y una demanda potencialmente más débil.

México debe mirar este escenario con atención. Su industria aérea ha crecido, pero enfrenta limitaciones de infraestructura, necesidades de inversión, costos elevados, problemas de capacidad institucional y una autoridad aeronáutica que requiere recursos suficientes para regular y supervisar un sector cada vez más complejo.

Por eso resulta todavía más urgente contar con una Política Aeronáutica de Estado. En marzo de 2025, la propia SICT anunció que trabajaba en una nueva política, dado que la vigente no se había reformado desde 2001. Han existido cambios regulatorios posteriores, incluyendo nuevas reglas sobre slots y seguridad operacional, pero sigue faltando el documento integral que defina hacia dónde quiere ir nuestro país.

Una política moderna debería incorporar financiamiento, renovación de flota, infraestructura aeroportuaria, sostenibilidad, conectividad, formación de personal, fortaleza institucional y condiciones de competencia. También tendría que prever escenarios financieros adversos como el que advierte IATA. Y esto incluye las inversiones gubernamentales.

Periodista especializada en aviación y aeropuertos, con más de 30 años de experiencia en el sector. Es fundadora, editora, columnista y colaboradora en diversos medios de comunicación, incluyendo A21, El Economista, Reforma, y la columna "Despegues y Aterrizajes" que publica en La Crónica de Hoy.

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