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Elecciones 2027: Se alinean los ejércitos

OpiniónEl Economista

El proceso electoral de 2027 está a punto de comenzar, pero desde hace semanas ya casi todo lo que se mueve y se dice en el escenario nacional se hace con la mira puesta en el 6 de junio del año entrante. El elemento más preocupante es la crisis de legitimidad que arrastran las autoridades encargadas de organizar y calificar la elección. Tanto el Instituto Nacional Electoral (INE) como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) llegan a este proceso profundamente cuestionados.

Para amplios sectores de la sociedad y la oposición, el INE actual carece de la firmeza del pasado para sancionar las violaciones a la normatividad electoral, mostrando una preocupante tibieza ante el despliegue anticipado de campañas. Por otro lado, el TEPJF ha sido escenario de rupturas internas y votaciones controvertidas que lo han acercado al oficialismo. Un árbitro electoral cuya imparcialidad está en entredicho es la receta perfecta para una crisis postelectoral. Si las reglas no se aplican con equidad el resultado final de la contienda nacerá con un estigma de ilegalidad.

Por otra parte, la maquinaria del oficialismo opera a máxima capacidad. Los ejércitos de Morena, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) se encuentran listos para el combate electoral. La característica distintiva de esta movilización ha sido su abierta anticipación, desestimando los plazos legales. El bloque oficialista dispone de una cantidad sin precedentes de recursos económicos y organizativos. El uso de los programas sociales federales ha creado una base de lealtad electoral sumamente difícil de erosionar.

En el extremo opuesto se encuentra una oposición menguada, fragmentada y carente de una narrativa que logre conectar con las mayorías. Sus dirigencias aparecen ante la opinión pública como burocracias desgastadas, más preocupadas por asegurar plurinominales para sus cúpulas que por construir una alternativa viable de gobierno. La oposición parece haber renunciado a la iniciativa política y se ha instalado en la lógica de la resistencia, esperando un milagro exterior que cambie el tablero.

Este “milagro” podría venir de los Estados Unidos. Las oposiciones sueñan con la posibilidad de que Washington incremente las acusaciones contra funcionarios de alto nivel o que endurezcan las disputas comerciales bajo el marco del T-MEC. Creo que no han sopesado los efectos que podría tener una acción mayor de nuestro vecino. Hay la posibilidad de que fortalezca a quienes “defienden la soberanía”. Es una apuesta riesgosa. Depender de factores exógenos es el síntoma inequívoco de la debilidad opositora.

Para entender la resiliencia del proyecto gobernante es indispensable analizar la dualidad entre el liderazgo individual y la fuerza de las estructuras partidistas. La popularidad de la presidenta Claudia Sheinbaum se mantiene sólida, ubicándose consistentemente por arriba del 65%. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿cuál es la fuerza real de Morena y sus aliados del PT y el Verde más allá de la figura presidencial? Morena no opera como un partido político clásico con militancia programática y reglas claras de ascenso; funciona más bien como un frente amplio de intereses.

Esta falta de cohesión institucional fragiliza a la coalición oficialista en el ámbito local. Las pugnas internas por las candidaturas de 2027 prometen ser encarnizadas. El PT y el PVEM exigirán una cuota mayor de poder, lo que generará tensiones con las bases morenistas. La fuerza del bloque dominante radica en su capacidad de control estatal y en el carisma de su liderazgo central, pero su vulnerabilidad se encuentra en la indisciplina de sus facciones locales cuando los recursos y los cargos no alcanzan para satisfacer a todos.

Existe otro problema. Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum ha desmentido cualquier conflicto con el exmandatario, la percepción es que sí existen fricciones naturales de poder en el partido. Sin embargo, Morena mantiene un fuerte voto duro y altos niveles de aprobación ciudadana. Para evitar que las pugnas por candidaturas afecten el rendimiento electoral del partido, el movimiento insiste en que las selecciones se seguirán realizando bajo el método de encuestas ciudadanas. Por otro lado, más allá de los rumores sobre si Sheinbaum buscará una "emancipación política" de su predecesor, ambos comparten una misma base ideológica (es un decir). Una ruptura abierta es improbable porque dañaría la estabilidad del proyecto común, por lo que el esquema actual apunta a un relevo atropellado.

A pesar de su actual posición de ventaja, el partido dominante no es invulnerable. Existen variables y situaciones que podrían poner en jaque su hegemonía antes o durante el proceso de 2027. Frente a este escenario ¿serán capaces los grupos más radicales del morenismo de aceptar la derrota, así sea parcial?, ¿o recurrirán a la anulación de elecciones y al fraude electoral para retener el poder?

México se encamina a una elección donde se medirán los límites del enorme poder acumulado por la 4T contra los que no compartimos su proyecto autoritario.

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