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Cuando la tarjeta paga lo cotidiano

Opinión
¿Cuántas veces se ha utilizado la tarjeta de crédito esta semana? Tal vez para pagar el supermercado, la colegiatura, los útiles escolares, la gasolina o alguna compra en línea. Detrás de estas operaciones cotidianas hay mucho más que un medio de pago. La tarjeta de crédito es también uno de los principales vehículos de financiamiento al consumo en México: su cartera representa alrededor del 36% del crédito al consumo de la banca. Pero su importancia no se explica únicamente por el tamaño de la cartera. Observar cómo se utiliza la tarjeta de crédito puede funcionar como un termómetro de la economía de los hogares. La frecuencia con la que se usa, los montos y tipos de gasto y, finalmente, la capacidad para cumplir con los pagos, ofrecen señales sobre la evolución del consumo y las posibles presiones sobre las finanzas de los hogares.
Los datos muestran que la tarjeta de crédito continúa ganando terreno. De acuerdo con información de Banco de México, en los primeros siete meses de 2026 se registró un total de 2,309 millones de operaciones, 20% más que las realizadas en el mismo periodo de 2025. El mayor número de operaciones también se ha traducido en un aumento del gasto, aunque a un ritmo más moderado. Entre enero y julio de 2026, las compras realizadas con tarjeta de crédito sumaron 1.88 billones de pesos, un crecimiento real de 11.7% frente al mismo periodo del año anterior. Si bien se mantiene un avance de doble dígito, el ritmo se ha moderado considerablemente frente al 19.7% registrado durante el mismo periodo de 2025.
La desaceleración tampoco ha sido homogénea entre las distintas categorías de gasto. Aunque los básicos, categoría que agrupa compras en supermercados, grandes superficies, ventas al detalle, misceláneos y comida rápida, también han perdido dinamismo, han ganado relevancia como motor del crecimiento. Entre enero y julio de 2026 aportaron 5.2 puntos porcentuales al crecimiento real del gasto con tarjeta de crédito. Es decir, cerca del 44% del crecimiento provino de este tipo de compras, frente a 34% durante el mismo periodo de 2025. Esta mayor relevancia también se refleja en la composición del gasto: los básicos pasaron de representar 36.1% del monto operado en los primeros siete meses de 2025 a 37.0% en 2026. En contraste, el consumo discrecional, asociado al entretenimiento y viajes, ha perdido dinamismo. Su contribución al crecimiento se redujo de 2.7 puntos porcentuales en los primeros siete meses de 2025 a 1.4 puntos en el mismo periodo de 2026 y su participación en el monto operado pasó de 15.5% a 15.1% del total.
Aunque el mayor peso de los gastos básicos no necesariamente implica una mayor presión sobre las finanzas familiares, otra variable invita a mantener la atención: el Índice de Morosidad Ajustado (IMORA). A junio de 2026, el IMORA de las tarjetas de crédito se ubicó en 13.7%, frente al 12.8% observado un año antes. El incremento de 0.9 puntos porcentuales se ha dado, además, de manera gradual durante los últimos meses, en un contexto de menor dinamismo del mercado laboral, con un crecimiento más moderado del salario real y de la creación de empleo.
Probablemente lo más importante no es que se utiliza más la tarjeta de crédito, sino cómo se está utilizando. En un entorno de menor dinamismo económico, el mayor uso para gastos de consumo básico y el aumento gradual de la morosidad merecen tanta atención como el crecimiento de las operaciones. Después de todo, el verdadero termómetro de la tarjeta no está únicamente en cuántas veces se usa, sino en qué se compra con ella y la capacidad para pagarla.
*El autor es economista senior de BBVA México.