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Opinión

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e-justicia, llegó para quedarse

Hace más de una década en México se empezó a hablar e incluso a plasmar en diversas leyes la posibilidad de realizar un juicio de manera virtual, es decir, en lugar de tener un expediente físico de papel, crear un expediente en formato electrónico que tuviera todas las actuaciones jurisdiccionales; y, que permitiera llevar todo el procedimiento a través del internet; los avances en dichos proyectos han sido significativos y cobran importancia con la pandemia que estamos viviendo.

Como consecuencia de lo anterior, el pasado 11 de marzo se aprobó por la Cámara de Senadores una reforma constitucional en materia de justicia digital, para adicionar en el artículo 17 de la Constitución, lo relativo a la obligación para los poderes judiciales, tribunales y órganos jurisdiccionales de implementar sistemas de justicia digital, para substanciar y resolver en línea los procesos y procedimientos jurisdiccionales.

Dicha reforma de apenas unas cuantas líneas tendrá mucha trascendencia en el ámbito de la impartición de justicia en nuestro país; pues habrá que preguntarse cuál es la ruta que se debe seguir frente a una reforma de esa magnitud, que no sólo establece un cambio en la forma, sino que implica una transformación de fondo, incluso de paradigma; que seguramente para las generaciones más jóvenes puede ser lo cotidiano, pero para las generaciones de mayor edad o incluso las intermedias se requiere de un cambio de mentalidad, abandonar el papel, por el uso de la computadora; entender la nueva comunicación en el juicio, relacionando al juez y a las partes de manera virtual; entre muchos otros.

Con el fin de poder resaltar algunas notas importantes sobre el tema, quiero realizar una breve reseña de lo acontecido en el Tribunal Federal de Justicia Administrativa, en la Sala Especializada en Materia de Propiedad Intelectual, que opera desde hace casi 10 años lo que se ha denominado el juicio en línea, como una modalidad en la tramitación de un juicio contencioso administrativo federal.

El primer paso fue una reforma legal, en el año 2009, a la Ley Federal del Procedimiento Contencioso Administrativo, para establecer el Capítulo X, “DEL JUICIO EN LÍNEA”, en dicho apartado se establecen todos los requisitos de procedencia, la forma en que se vincularán las partes en el juicio, de qué manera se ofrecerán la pruebas, entre otras formalidades del procedimiento, que resultan específicas para esta modalidad.

El segundo paso, y tal vez el más trascendente, fue el diseño mismo del sistema cuyos retos fueron establecer comunicación entre los técnicos informáticos y el personal jurisdiccional; ¿Cómo se le explica a un ingeniero en sistemas todas las vicisitudes que puede tener un juicio?  Para responder dicha pregunta fue necesario tener claro los alcances de los procesos, si sólo se quería tener un expediente digital con toda la información jurisdiccional; o, si se quería establecer el juicio de manera virtual de inicio a fin. 

En el caso del Tribunal, para llevar a cabo el juicio en línea de principio a fin, se programó un proceso monolítico, que implicó a la larga muchas complicaciones, pues el cambiar una de sus partes, tenía impacto en el todo, por lo que la práctica demostró que es mejor construir microprocesos independientes que se encuentren concatenados entre sí, pero que permitan desensamblarlos de manera individual y volverlos a unir como parte del todo.

El reto más importante fue la capacitación del personal para la operación del sistema; pues se tuvo que nadar contra la corriente, cambiar la mentalidad y lograr captar el interés y el compromiso para lograr los resultados óptimos.  La capacitación también fue para los usuarios externos del sistema.  Se requirió un ambiente de prueba seguro, un simulador en el que pudiera construirse y destruirse sin temor a dañar la confianza de los usuarios.

La gran aventura comenzó cuando se puso en operación el juicio en línea, pues es claro que siempre la realidad superará su diseño y por ello es necesario tener los recursos humanos y materiales para construir en tiempo real las soluciones que se requieran y a futuro poder tener las mejoras que fortalezcan el sistema ya sea en su aspecto técnico o funcional.

La consolidación implica un sistema estable, que pueda ser evaluado de manera periódica y que nunca pierda su actualidad, es por ello que se tuvo que construir  y se está poniendo en operación una versión 2.0 del juicio en línea, que tiene como punto de partida la experiencia adquirida en los últimos años, que no requiere de un registro previo de los usuarios de manera física, sino que todo puede hacerse a través de internet, solo con la firma electrónica avanzada; con las mejoras al sistema se busca obtener su estabilidad y consolidación.

En conclusión, la clave es confianza.

Para el exterior, es decir para los ciudadanos tener confianza en que la información se resguardará de manera segura, que los procedimientos se seguirán tal y como lo establece la ley; que ante las dudas habrá alguien que pueda dar una orientación clara y asertiva; y, para el interior, para los servidores públicos, confianza en la utilización de las herramientas informáticas; en la forma en que operan los sistemas; y sobre todo en que el juicio virtual es igual que el juicio físico-material.

Es claro que el futuro nos alcanzó, por lo que debemos prepararnos para enfrentarlo.

*La autora es Magistrada del Tribunal Federal de Justicia Administrativa. 

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