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Opinión

Lectura 7:00 min

Un dragón (no) es la mejor mascota: Joe Hill y su King Sorrow

Hill explora un mundo lleno de misterios, dilemas éticos y criaturas fantásticas. Plot twist: es nuestro mundo. 

OpiniónEl Economista

Comencé a leer a Joe Hill por casualidad. Como me ha pasado varias veces, fue un encuentro fortuito en el súper: encontré su novela Cuernos (publicada en español por Nocturna Ediciones) en el botadero de libros de a cien pesos.

(Tip: siempre busquen en el botadero de libros de su súper de confianza, pueden hallar verdaderas joyas a muy buen precio porque las editoriales mandan sus títulos sin movimiento a las tiendas como última oportunidad de venta antes de destruir el inventario. Mi último hallazgo fueron las Memorias de Pancho Villa de Martín Luis Guzmán, título obligatorio de la literatura de la Revolución. Guzmán fue una de las personas más cercanas a Villa).

Cuernos: plenas vacaciones de diciembre, me pasé dos días muy divertidos leyendo sobre el mismísimo demonio. Cuernos es una novela cómica en la que la hipocresía de un pueblito de ensueño en Nueva Inglaterra queda revelada. Hasta detrás de la vecina ancianita hay secretos oscuros.

Y Cuernos es, también, una historia de horror. Porque Joe Hill no niega la proverbial cruz de su parroquia: es hijo de Stephen King. Pero hijo de quien sea, Hill ya tiene una trayectoria propia en la que explora las novelas de fantasía, el cómic, los guiones televisivos y hasta los videojuegos. Hill es multifacético y con una escritura más maleable que la de su padre. He leído cuatro libros de Hill, uno de cuentos y tres novelas. Las cuatro lecturas me han gustado aunque me parece que adolecen de los mismos errores.

Pero me adelanto, porque hoy quiero hablar de la nueva novela de Hill: King Sorrow. Publicada hace un año como libro para las vacaciones, la novela es un verdadero fuego artificial: un destello. Es una historia casi siempre entretenida, pero sus ochocientas páginas no conforman una obra cohesiva. Ese es uno de los defectos de Hill a los que me refiero: en Cuernos el autor logra trenzar con dificultad las varias partes que conforman la trama. Le pasa lo mismo con King Sorrow. Los personajes protagónicos se pierden el follaje de esa selva negra. O quizá lo estoy leyendo mal, porque el verdadero protagonista es otro: un dragón malvado.

Tanto Hill como su padre han convertido Nueva Inglaterra en su país literario. King Sorrow sucede en una pequeña ciudad universitaria cercana a Boston, una de tantas con su liberal arts college, llenas de mocosos malcriados, siempre blancos, que juegan lacrosse y se emborrachan con licor de malta. Para Hill esos lugares son claustrofóbicos y decadentes, llenos de una maldad subyacente. Pero también hay espacio para la amistad, la única tabla de salvación del naufragio del barco de Teseo. En esas ciudades universitarias, a falta de mejor diversión, se forjan amistades sólidas.

Hay un grupo de amigos en el corazón de la novela de Hill. Seis veinteañeros que en una noche de borrachos invocan poderes que no pueden controlar. Todo comienza cuando Arthur Stokes, que para más señas es uno de los pocos estudiantes afroamericanos de la universidad, se ve involucrado en un crimen libresco: una criminal de poca monta pero violenta lo obliga a robar libros antiguos de la biblioteca universitaria. Si no lo hace, la madre de Arthur, encarcelada en la prisión local, pagará las consecuencias.

Arthur y sus amigos buscan una solución. Y entonces se pone bueno.

Debo hacer aquí una pausa porque llegamos a otro de los errores de Hill: demasiada cultura pop, viejo. A ver, está bien meter aquí y allá algunas referencias a leyendas urbanas y teorías de la conspiración relacionadas con objetos de la vida diaria. Pero no hagas de eso el leitmotif de tu escritura. Ya lo hicieron Chuck Palahniuk y Brett Easton Ellis hasta la náusea. Hill, no hace falta que conviertas tus novelas en hoyos de gusano de Wikipedia/Reddit/Dark Web, cuéntame una historia que no necesite parecer fan fic o creepy pasta de algún rincón perdido de internet para seguirte el paso.

King Sorrow: seis amigos, mucha mariguana, whisky y fuerzas oscuras. En una noche de copas y desesperación, los amigos de Arthur invocan una entidad malvada del vasto universo de la oscuridad: un dragón, al que por llamarlo de algún modo, llaman King Sorrow.

King Sorrow ha estado presente en cada momento aciago de la historia. Ahí donde haya sufrimiento y alevosía, King Sorrow se alimenta y crece como un parásito de dimensiones monumentales. Inexorable y destructor, el dragón no tiene nada en común con esas criaturas salvajes aunque casi siempre nobles de la literatura fantástica tradicional de espadas, caballeros y magia. Tiene más que ver con Mordor que con Westeros.

Con este dragón malvado los amigos se ven obligados a hacer un trato: a cambio de salvar a la madre de Arthur, cada Pascua, por el tiempo que duren sus vidas, tendrán que sacrificar una vida humana. La elección es de ellos: ¿a quién quieren matar a continuación, muchachos? El homicidio anual de los discípulos de King Sorrow está en planes.

La solución: matemos a gente malvada, investiguemos quién es el mayor criminal del año y se lo ofrecemos a King Sorrow para que lo sacrifique de la manera que él prefiera. El asunto no es tan fácil. Pronto se ven atrapados en telarañas cada vez más complicadas de escapar para cumplir el compromiso con King Sorrow. La pena de no hacer el sacrificio: ahora que ha sido liberado, el dragón asolará con su maldad infinita a la humanidad. Quién puede negarle nada a King Sorrow.

A los amigos los vemos crecer y volverse adultos en la década de los noventa y el principio del siglo. El panorama cambiante, convulso, de Estados Unidos y todo el espectro político internacional los va proveyendo de víctimas: desde extremistas de derecha hasta nacionalistas cristianos y terroristas de todos los colores. Fácil matar cuando se cree empuñar la espada flamígera de la justicia. El problema son las consecuencias, las malditas víctimas colaterales, los estúpidos dilemas éticos.

King Sorrow, la novela, también es una historia sobre cómo los amigos que se hacen en la juventud poco a poco van navegando en direcciones que los alejan, a pesar del cariño residual y los pactos mortales.

Así la escritura de Hill: se mueve en todas direcciones como si el autor no decidiera qué valdría la pena recortar. Son ochocientos folios, Joe, ¿tal vez cortar unas cien paginitas en las que no está pasando nada? Es uno de esos casos en los que a los autores que venden bien los dejan hacer y deshacer a su gusto. ¿Y dónde está el editor?

Me estoy quejando de una novela que leí de principio a fin en las vacaciones de verano. Me la pasé bien y tiene partes que, de lo buenas que me parecieron, no quería que se acabaran (y otras que quise brincarme, pero soy el tipo de lectora que se siente culpable si hace eso). Si el lector se relaja y disfruta la fruta, King Sorrow es una novela gorda ideal para pasar los días libres que se nos acercan.

Se viene una época de lanzamientos literarios y bestsellers atractivos. Si quieren encontrar algo fuera de esa vorágine de la mesa de novedades de otoño/invierno—las temporadas del libro son como las de la alta costura—, busquen cualquier obra de Joe Hill, la diversión está garantizada. ¿Una probada de los universo joehillianos? Vayan a Netflix y busquen la serie Locke & Key, basada en una cómic de Hill. Son tres temporadas que se van como agua, perfectas para ver con ojos de adolescente. Es la clave con la obra de Joe Hill, dejarse llevar como en un parque de diversiones.

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