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El derecho de tierra
Opinión
Wong Kim Ark nació en San Francisco en 1873. Sus padres eran súbditos del emperador de China. Cuando el joven cocinero regresó de visitar a su familia en Cantón, China, las autoridades del puerto le negaron la entrada a su propio país. Lo detuvieron por meses. Wong decidió entonces demandar al gobierno federal y en 1898 la Corte Suprema le dio la razón. La Enmienda XIV de la Constitución era clara: quien nace en suelo estadounidense es ciudadano.
Ayer, 128 años después, la Corte Suprema de ese país volvió a escuchar argumentos sobre el mismo principio. El caso Trump v. Barbara revisó la orden ejecutiva que Donald Trump firmó en su primer día de regreso a la Casa Blanca para eliminar la ciudadanía automática por nacimiento (el ius soli, o “derecho de tierra”) para hijos de inmigrantes indocumentados o con estatus temporal.
Trump asistió personalmente a los argumentos orales: fue el primer presidente en funciones en hacerlo. Estuvo noventa minutos. Después publicó en redes que Estados Unidos es "el único país lo suficientemente estúpido para permitir la ciudadanía por nacimiento". Sin embargo, la realidad es que más de treinta naciones la reconocen, México entre ellas.
El escepticismo judicial fue contundente. El presidente de la Corte, John Roberts, respondió al argumento del gobierno de que "estamos en un mundo nuevo" con una frase lapidaria: "Es la misma Constitución". Gorsuch, Barrett y Kavanaugh, los tres nombrados por Trump, cuestionaron duramente la posición del gobierno. Gorsuch, por ejemplo, presionó al procurador general sobre si los hijos de nativos americanos nacidos hoy serían ciudadanos bajo la interpretación propuesta. No obtuvo respuesta clara.
El núcleo del debate es la Cláusula de Ciudadanía de la Enmienda XIV, ratificada en 1868 para garantizar derechos a los esclavos liberados: son ciudadanos quienes nazcan en Estados Unidos "y sujetos a su jurisdicción". La administración argumenta que jurisdicción requiere domicilio permanente de los padres. Pero esa lectura choca con el caso de Wong Kim Ark y con más de un siglo de práctica constitucional sostenida. Kavanaugh señaló que el Congreso repitió el mismo lenguaje en las leyes de 1940 y 1952 sin restringirlo. Kagan acusó al gobierno de recurrir a fuentes oscuras y esotéricas.
Las implicaciones prácticas son enormes. Según el Migration Policy Institute y Penn State, de sostenerse la orden, 255 mil niños nacidos en suelo estadounidense cada año iniciarían su vida sin ciudadanía. Para 2050, habría 6.4 millones de personas nacidas en Estados Unidos sin estatus legal.
Para México, el debate tiene un espejo directo. El artículo 30 constitucional establece que son mexicanos por nacimiento quienes nazcan en territorio de la República, "sea cual fuere la nacionalidad de sus padres". Es ius soli puro, incorporado en 1917 y reformado en 1997 para hacerlo irrevocable: ningún mexicano por nacimiento puede ser privado de su nacionalidad. Canadá, Brasil y Argentina comparten la misma tradición hemisférica.
La Corte emitirá su sentencia antes del verano. Todo indica que la orden será rechazada. Pero después de 128 años del caso de Wong Kim Ark se sigue debatiendo quién debe ser ciudadano.Hay quienes creen que la nacionalidad es un privilegio que se otorga, no un derecho con el que se nace.
El Ministro Roberts lo resumió mejor que nadie: es la misma Constitución. Siempre lo ha sido.