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Delgado, reculó pero no renunció
Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar
Los partidos políticos pasan pero la tradición persiste, el presidente del partido que lleva al candidato —en este caso candidata— hasta la Máxima Magistratura del país, recibe, como recompensa a su grillante (neologismo que significa relucir en la grilla) labor una secretaría de Estado. No importa si sabe del tema o si confunde un pizarrón con el muro de las lamentaciones. Lo importante es haber cargado el estandarte, aplaudido en los mítines y sobrevivido a las puñaladas internas del movimiento.
Así llegó Mario Delgado a la Secretaría de Educación Pública. Porque en este país, si alguien organizó la campaña presidencial, automáticamente queda acreditado para decidir sobre matemáticas, civismo, geografía y hasta el recreo.
Y ya instalado en la SEP, Mario decidió demostrar que sí estaba trabajando, porque funcionario que no inventa una ocurrencia cada semestre corre el riesgo de parecer serio. Entonces concibió en su mente la deslumbrante idea de recortar el calendario escolar La explicación fue conmovedora: el calor de junio y el Mundial de Futbol. Dos tragedias nacionales.
Lo del calor habría sorprendido muchísimo a José Vasconcelos quien jamás previó semejante fenómeno meteorológico. También a los millones de mexicanos que desde hace un siglo han sudando en las aulas con ventiladores que hacen más ruido que aire.
Pero el verdadero argumento científico fue el Mundial. Ahí sí la SEP alcanzó niveles de filosofía profunda. Porque según la nueva pedagogía nacional, si juega México contra Sudáfrica, el álgebra pierde sentido y la gramática se vuelve una provocación neoliberal. Por fin un gobierno admitió que el calendario escolar debe ajustarse más al de la FIFA que al del aprendizaje.
Sólo que ocurrió un milagro administrativo mexicano: del jueves al lunes todo cambió. Padres de familia protestaron. Algunos maestros pusieron cara de “no nos echen encima otro problema”. Las redes sociales hicieron lo suyo. Y, de repente, el Consejo Nacional de Autoridades Educativas descubrió que seis semanas de vacaciones eran suficientes, como lo habían sido desde tiempos en que el gis todavía no era considerado dañino para los escolapios.
Fue una reculada tan veloz que merecía narración deportiva. —“¡Toma la SEP el balón! ¡Hace un recorte! Va a disparar pero… ¡nooo! ¡Retrocedió! ¡Se tropezó! ¡Fue culpa del calor!”
Según la versión oficial, la presidenta corrigió la plana. Lo cual quiere decir que el secretario de Educación, carece de ésta porque se condujo como si la presidenta estuviera tomando el sol en Palacio Nacional, es decir se fue por la libre como un tráiler sin frenos hasta que el VAR político marcó la falta cuando el escándalo público tomó proporciones de goliza.
Como quiera que sea el suceso afecta negativamente la imagen gubernamental. Y permite que la oposición asegure que lo ocurrido es un distractor para desviar la atención sobre Rocha Moya y Sinaloa.
Una de cal
El otro lado de la moneda está en el Servicio Postal mexicano donde su directora, Violeta Abreu González, continúa con la tarea positiva que hiciera la hoy subsecretaria de Gobernación, licenciada Rocío Bárcena Molina.
En el bello Palacio Postal ya no sólo se cumple con aquella vieja tarea de mover cartas, estampillas y nostalgias con puntualidad de reloj porfiriano. Gracias al entusiasmo, casi renacentista de la licenciada Violeta Abreu, el edificio se ha convertido también en museo, aula de historia patria y, por momentos, hasta en improbable estadio cultural. Ahí conviven las reproducciones de los primeros timbres postales con pinturas alusivas a la Independencia, la Reforma y la Revolución, como si Hidalgo, Juárez y Villa hubieran decidido enviarse correspondencia urgente. Y por si faltara algo, actualmente alberga una exposición del pintor coahuilense Manuel Muñoz Olivares (1925-2010), junto con una sorprendente muestra de arte urbano inspirada en el Mundial de Futbol. Así, entre arte, buzones, murales y estampillas, el Palacio Postal demuestra que México puede convertir hasta una oficina de correos en un acto de imaginación nacional.