Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

¿Conocen el “mal de almohada”?

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas

Sí, puede ser por el presidente Donald Trump, que cambia las reglas del juego. También por Morena, que movió todo el tablero nacional. Las inversiones están paradas, pero hay más de una razón. ¿Qué hay del “mal de almohada”?

Me lo explicó hace años, con un ejemplo, un personaje que ayuda a los dueños de empresas a tratar asuntos familiares. Más o menos me dijo esto:

“Mira, cuando llega la noche y los dos ya están en la cama, una le pregunta al otro: ¿ya viste el camionetón que se compró tu hermano? Ahí empieza el lío”.

Si los hermanos trabajan en el negocio, ninguno querrá quedarse atrás en beneficios. Resulta lógico. Y es en las conversaciones más íntimas de cada quien cuando salen a relucir las posibles diferencias.

Digamos que uno ya está ganando más. Eso detona conflictos.

Si la empresa familiar no tiene reglas claras, difícilmente invierte en su crecimiento. Y si lo hace, rara vez lo hace de forma eficiente. Y ahí vamos todos.

¿Quién trabaja para una empresa familiar que esté bien y transparentemente administrada?

El “mal de almohada” en las empresas familiares —pillow talk, en inglés— se refiere al fenómeno en el que decisiones críticas de negocio se toman en la intimidad entre miembros de la familia, en lugar de hacerlo en los órganos formales de la empresa.

Se mezclan emociones con corajes y se llevan esa bolsa llena de piedras al negocio.

Marginan a otros socios o familiares. Crean tensiones y bandos dentro de la familia. Las decisiones importantes no se documentan ni se discuten en equipo.

Si todo se quedara en la casa, no habría muchas repercusiones. Pero en este país, en el que prácticamente todas las empresas son familiares, el problema nos alcanza a todos, porque la mayoría de las inversiones surge precisamente de las empresas, no del gobierno.

Y ese vehículo llamado México, en el que vamos todos, sigue mandando señales preocupantes.

Según el Inegi, la formación bruta de capital fijo disminuyó a tasa anual 3.6 por ciento.

¿Qué rayos significa eso? Que, hasta ahora, hay cada vez menos inversión en cosas como tiendas, fábricas, hospitales y todo lo que brinda trabajo a la gente.

¿Y por qué meto yo a las familias en el embrollo? Porque una amiga me mandó una investigación elaborada por el Tec de Monterrey: el primer reporte llamado “Panorama, Familia Empresaria. Competencia de Emprendimiento de las Familias Empresarias: Matices de Acción y Éxito”.

Éste explica que el 56 por ciento de las empresas consultadas se traba al invertir o apostar al crecimiento, y no necesariamente por asuntos externos. ¿La razón?

“No cuentan aún con consejos, comités o procesos formales para evaluar nuevos negocios, ni han establecido fondos de inversión dedicados al emprendimiento”, explica el texto emitido por el Instituto de Familias Empresarias del ITESM.

“Esta falta de institucionalización limita la capacidad de transferir el capital simbólico de la familia —como sus valores y prácticas emprendedoras— al capital financiero, específicamente en proyectos de emprendimiento e inversiones, lo cual es necesario para crear valor transgeneracional”.

No crece la empresa y no crece México.

Están, en el mejor de los casos, en una fase de emprendimiento “embrionario”, de acuerdo con los investigadores Marcela Ramírez, Miguel Ángel Pérez-Uribe y María Fonseca Paredes.

Advierten que hay otro 21% de empresas familiares, emprendedoras orgánicas, centradas en la creación de empresas relacionadas con el giro de la empresa familiar, pero sin mecanismos que impulsen compañías encabezadas por la siguiente generación.

Vaya, un 77% de las empresas se atora para invertir por decisiones propias.

Luego ya, después de eso, están otros asuntos: mayores tensiones políticas nacionales e internacionales, presiones laborales crecientes… Pero en la cama también hay política.

¿Una solución? El tedioso pero indispensable proceso de establecer un gobierno corporativo que deje los corajes afuera y sí, que fulmine el “mal de almohada”.

Comunicólogo por la UANL, con estudios sobre Mercados de Petróleo, Gas y Energía en la Universidad de Houston. Fue reportero y editor de información de Negocios en Milenio, El Norte y en Reforma, en donde fundó la columna institucional Capitanes. Fue Director General de Información Económica en El Financiero y fundador de la revista Bloomberg Businessweek México. Como Director General de Proyectos Especiales de El Financiero encabezó los esfuerzos de contenidos digitales de la organización. Desde 2014 escribe su columna Parteaguas, dedicada a negocios disruptivos y tecnológicos, que tiene réplica en un podcast: Parteaguas Diario y en redes sociales @parteaguasclub.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Noticias Recomendadas