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Opinión

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Yo, Claudio

Javier Núñez Melgoza | Competencia y mercados

En Yo, Claudio, novela del escritor Robert Graves, el protagonista aparece como un personaje subestimado por sus rivales que sobrevive y se impone en la corte romana. Con las diferencias del caso, Claude, herramienta de lenguaje desarrollada por la empresa Anthropic, mantuvo una presencia discreta en la discusión general sobre la IA hasta que hace unas semanas lanzó una nueva versión de uno de sus modelos y causó una profunda impresión que incluso afectó la valoración de mercado de varias compañías relacionadas con el uso y desarrollo de estas tecnologías.

Claude es un modelo de lenguaje (LLM) basado en un sistema de redes neuronales profundas entrenadas con volúmenes masivos de datos. Aunque su arquitectura es diseñada por humanos, no siempre es posible explicar con precisión por qué produce una respuesta específica. Para la mayoría de los usuarios (incluso muchos con experiencia en tecnología digital) estos modelos funcionan como “cajas negras”.

La rápida difusión de los LLM genera tensiones en tres planos. La primera es epistemológica: ¿son sistemas pensantes o solamente son buenos prediciendo texto? La segunda es operativa: ¿son confiables en situaciones críticas? La tercera es normativa: ¿se encuentran alineados con los valores éticos?

Desde la perspectiva del análisis de los mercados y, en particular, el antitrust, el reto es mayúsculo. Jurisdicciones como la Unión Europea han desarrollado instrumentos regulatorios para moderar la operación de las plataformas digitales. Por ejemplo, la Ley de Mercados Digitales (DMA) fue elaborada con el objetivo de dotar a las autoridades de un instrumento de intervención ex ante que parte de la idea de que hay situaciones en las que esperar para investigar infracciones a la competencia caso por caso implica que probablemente la autoridad llegará tarde, cuando el daño al mercado ya ha ocurrido. Sobre esta base, las autoridades desarrollaron una metodología de intervención pensada para ser aplicada a un grupo relativamente pequeño de empresas que proporcionan servicios específicos.

Cuando se analizan mercados de comercio electrónico o de publicidad digital, las autoridades buscan infracciones antitrust relacionadas con la discriminación, la autopreferencia, la restricción de oferta o la coordinación. El problema, para efectos de competencia, es que en los LLM no hay una “función” única comparable a la de un buscador o un marketplace. Pueden operar como interfaz de búsqueda, como componente de software empresarial, como herramienta de automatización o como infraestructura para que terceros desarrollen servicios.

Los LLM operan como una capa transversal, con usos difíciles de preestablecer o limitar, que reorganizan el acceso a la información, la generación de software y la provisión de servicios digitales en general. En ese contexto, los modelos regulatorios como la DMA podrían resultar insuficientes en poco tiempo, por la dificultad de definir mercados relevantes, identificar poder de mercado y efectos directos e indirectos de red. Además, los LLM pueden modificar las conclusiones de las autoridades que han intentado imponer regulaciones a las plataformas digitales. Por ejemplo, en el comercio electrónico cada vez más consumidores utilizarán los LLM como infraestructura de búsqueda inteligente para identificar opciones de consumo para el usuario, restando a las plataformas de comercio capacidad de retención de clientes.

En este contexto, el reto para las autoridades no es encasillar a los LLM en categorías específicas, sino identificar dónde se formarían los nuevos cuellos de botella: acceso a capacidades, condiciones de uso, integración con infraestructura y costos de cambio. La experiencia acumulada en mercados digitales es valiosa como punto de partida. Sin embargo, la supervisión tendrá que adaptarse a un objeto que cambia con rapidez y cuyo poder puede manifestarse menos en reglas visibles y más en condiciones técnicas invisibles. La regulación adecuada dependerá de la capacidad para diseñar soluciones eficientes sin frenar la innovación.

*Especialista en competencia económica y regulación. Socio Director de Ockham Economic Consulting.

Consultor en Competencia Económica y Regulación, además es profesor universitario.

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