Lectura 7:00 min
El camino de la India hacia la independencia energética
Ahora que las disputas geopolíticas configuran cada vez más la dinámica del comercio internacional, India debe reducir su dependencia de la energía importada para maximizar su autonomía estratégica. Si bien podría invertir más en hidrocarburos, la mejor opción es convertirse en un estado eléctrico impulsado por energías renovables.
Foto EE:
NUEVA DELHI – Tan pronto como se hizo público el borrador del acuerdo comercial entre la India y Estados Unidos, se desató una oleada de protestas entre los comentaristas indios. El principal motivo de controversia fue la exigencia de Estados Unidos de que la India eliminara gradualmente sus importaciones de petróleo de Rusia. Estas habían aumentado del 2% del total de las importaciones de petróleo en 2021 al 36% en 2024, lo que refleja el enorme descuento del petróleo ruso —unos 35 dólares por barril por debajo del Brent— tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia.
De hecho, con la reciente reducción del descuento a unos 2 dólares, las importaciones de petróleo de Rusia han disminuido en consecuencia. Pero es probable que continúen las controversias sobre la procedencia de las importaciones de petróleo (ya sea de Rusia, Irán o Venezuela), lo que llama la atención sobre el problema más profundo y subyacente que aflige a la economía de la India: la dependencia energética.
Consideremos las importaciones de energía como porcentaje del consumo total de energía de la India y China a lo largo de su historia económica reciente. La India no solo depende en gran medida de la energía importada, sino que su dependencia ha aumentado del 10% del consumo de energía en 1990 a más del 35% en 2023. Por el contrario, aunque China también ha sido bastante dependiente de la energía, lo ha sido mucho menos que la India en momentos comparables de su desarrollo.
El resultado es que el dinamismo económico y la creciente prosperidad han hecho que la India dependa más, y no menos, de la energía importada. Pero ahora que las disputas geopolíticas condicionan cada vez más el comercio internacional, la India debe reducir esta dependencia para maximizar su autonomía estratégica.
Una opción sería invertir más en hidrocarburos, como ha hecho Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump. Pero otra opción es adoptar el enfoque chino y convertirse en un estado eléctrico basado en las energías renovables. Esto tiene muchas ventajas. La mayoría de los países disponen de sol y viento, y estos son especialmente intensos en la India. Aprovechar más estas fuentes no solo reduciría la dependencia, sino que también impulsaría la electrificación, que es clave para sostener las industrias y tecnologías del futuro: centros de datos, vehículos eléctricos, drones, inteligencia artificial, etc.
Además, la India tiene otras dos razones de peso para pasar estratégicamente de los hidrocarburos a la electricidad basada en energías renovables. La primera es la contaminación. Los costes sociales internos de la quema de carbón y petróleo han sido devastadores, como demuestra un reciente estudio del Banco Mundial. Nueva Delhi, una “cámara de gas al aire libre”, es un sombrío recordatorio de las consecuencias de apostar por los hidrocarburos. Por lo tanto, no es aconsejable pasar a utilizar más carbón, incluso dejando de lado el hecho de que entre 40,000 y 60,000 millones de dólares en inversiones en energía térmica ya están perdidos o en riesgo, y que las nuevas centrales solo aumentarán esta carga, ya que la energía solar más las baterías superan al carbón.
Sin duda, el paso a las energías renovables conlleva el riesgo de cambiar la dependencia del petróleo por la dependencia de la tecnología, ya que China controla más del 80% de la fabricación de energía solar y domina las cadenas de suministro de baterías. Pero eso nos lleva a la segunda razón para dar el paso: una electricidad más barata será crucial para aprovechar la última oportunidad de la India de reactivar la industria manufacturera. En A Sixth of Humanity: Independent India’s Development Odyssey, Devesh Kapur y uno de nosotros (Subramanian) mostramos que la industria manufacturera se ha visto obstaculizada por unos costes de electricidad que han sido el doble de lo que deberían ser y el doble de los de los países competidores.
De hecho, la revolución de la tecnología de la información en la India es un reflejo del fracaso de la industria manufacturera: las reformas aplicadas en el sector de las telecomunicaciones lo posicionaron para el éxito, mientras que la falta de reformas en el sector eléctrico hizo lo contrario. Afortunadamente, los recientes acuerdos comerciales que la India ha negociado con la Unión Europea y los Estados Unidos podrían darle la oportunidad de aprovechar la “oportunidad China+1” (la diversificación de la producción de las multinacionales más allá de China). Sin embargo, para aprovechar esta oportunidad será necesario llevar a cabo reformas internas, especialmente en el sector energético.
Con la electricidad representando el 15.6% del consumo total de energía, la cuota de electrificación de la India está por debajo de la que tenía China en un nivel de desarrollo comparable (en 2009) y muy por debajo de la actual (27.4%). Del mismo modo, la cuota de las energías renovables en China es mayor, con un 35% frente al 20%. La India está muy por detrás de China en su búsqueda de la independencia energética.
El reciente triunfalismo sobre el adelantamiento de la India a China es prematuro. El aumento de la cuota de energías renovables se debe más a la caída del 90% de los costes solares mundiales desde 2010 que a cualquier otra cosa.
El compromiso del Gobierno y la industria indios con las energías renovables es innegable, y el país ha aumentado su capacidad renovable a un ritmo acelerado, incluyendo 50 gigavatios en 2025. Su potencial solar y eólico está bien establecido, y sus subastas de hidrógeno verde han alcanzado precios competitivos a nivel mundial. Sin embargo, graves problemas estructurales e institucionales amenazan con frenar el progreso. El más importante es la fragmentación de la toma de decisiones y la gobernanza entre el Gobierno central y cada uno de los 28 gobiernos estatales, ya que estos últimos controlan el sector crítico de la distribución.
Al ser en su mayoría monopolios del sector público, las empresas de distribución indias (discoms) se encuentran en una situación financiera crónicamente difícil, debido a las presiones políticas populistas que mantienen los precios muy por debajo del coste. Tras operar con pérdidas durante muchos años, las discoms han acumulado en conjunto una deuda de aproximadamente 75,000 millones de dólares.
Como resultado, no han podido comprar energía a los generadores renovables, que a su vez tienen un exceso de oferta de más de 50 GW. Tampoco están en condiciones de aumentar la inversión en la red y los sistemas de almacenamiento (se necesitan 50,000 millones de dólares para 2035), sin los cuales la India no puede convertirse en un estado eléctrico. En la actualidad, unos 60 GW de energía se ven obstaculizados por una capacidad de transmisión inadecuada.
Si la India quiere superar su dependencia energética, debe acelerar su transformación en un estado eléctrico, y debe hacerlo de inmediato. El Gobierno central está avanzando en la dirección correcta, pero se necesitan reformas mucho más audaces, especialmente por parte de los gobiernos estatales. Es necesario abordar el dominio de los monopolios del sector público, ineficientes y mal gestionados. Será esencial fomentar la competencia y crear instituciones rivales que sean lo suficientemente ágiles como para facilitar la transición tecnológica. Cuanto más tarde la India, más vulnerable será a los cambios geopolíticos en materia de energía.
Los autores
*Navneeraj Sharma es economista especializado en energía.
*Arvind Subramanian es investigador principal del Peterson Institute for International Economics y coautor (junto con Devesh Kapur) de A Sixth of Humanity: Independent India’s Development Odyssey (HarperCollins India, 2025).
© Project Syndicate 1995–2026
www.project- syndicate.org