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Bienvenidos los Kia, pero tenemos que hablar
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Ayer, un anuncio de Kia mereció la pompa del Palacio Nacional, y los representantes de la empresa fueron recibidos incluso por la presidenta Claudia Sheinbaum.
No hay nada que regatear. Estos coreanos prometieron invertir otros 649 millones de dólares en Nuevo León, México, y eso merece, cuando menos, reconocimiento.
La planta está ubicada en un municipio llamado Pesquería, al que, por la creciente influencia asiática y por la “carrilla” que tanto disfrutan los regios, llaman “Pescorea”. Así de importante es Kia en ese estado. Insisto, para que quede claro: bien por esa mancuerna entre locales y recién llegados.
No solo reestructuran la fábrica, crearán un proyecto de energías limpias y una red de distribución eléctrica y eso está muy bien para un país urgido de infraestructura. Pero, mexicanos, tenemos que hablar.
¿Para qué queremos armar más coches? No me digan que para integrarnos a la tecnología de la electromovilidad.
No me digan eso cuando lo que vamos a hacer es unir piezas o comprar los coches eléctricos ya terminados. Esos son nuestros papeles en esta historia: obreros o clientes.
Seamos sinceros. Si nos avientan acero, metales, tierras raras y petróleo, no vamos a poder fabricar un coche, porque no conocemos el proceso completo.
Sabemos ensamblar piezas que ya fueron diseñadas y, muchas veces, fabricadas fuera de México. Lo hacemos bien y eso es digno. Lo que no tenemos es un conocimiento profundo sobre el uso y la transformación de moléculas de los materiales, diseño de productos y marketing de alta tecnología.
Por eso, lo que nos piden las armadoras es relativamente simple: unir y pintar piezas. Lo que necesitan es reducir costos del trabajo pesado.
Las empresas productoras de automóviles enfrentan su propia guerra. Todas ellas.
La eficiencia y la tecnología chinas han provocado que ahora se ofrezcan coches por unos cuantos pesos en muchas agencias, con facturas muy bajas en comparación con lo que cobran las demás marcas.
Los directores de Volkswagen, Ford y otras compañías han reconocido que es difícil competir con China.
Los coreanos lo hacen a costa de sus ganancias, que ven reducirse con frecuencia porque tienen que invertir y no pueden subir los precios.
Veamos el caso de Hyundai, principal accionista de Kia. La empresa tiene ventas anuales superiores a los 100 mil millones de dólares y luce como un negocio muy atractivo.
Pero, para ver la película completa, hay que observar sus ganancias, que difícilmente superan los 6 mil millones de dólares.
Imaginen que se ponen a vender tacos y facturan mil pesos diarios, de los cuales su ganancia es de apenas 60 pesos. Ese podría ser un escenario bastante real y difícilmente se sentirían cómodos recibiendo menos del salario mínimo diario.
Guardadas todas las proporciones, esa es la circunstancia que enfrentan los accionistas de Kia. Por eso buscan permanentemente cómo reducir costos para evitar que caigan sus ganancias. Ahí es donde entran los mexicanos: trabajadores, capaces… y baratos.
Ni hablar. Es lo que queda del negocio automotriz, y está bien que aporte algo al crecimiento nacional. Esta nueva inversión de Kia traerá unos 500 empleos.
Las inversiones pueden seguir llegando hasta que surja una nueva manera de reducir costos, por ejemplo, mediante robots.
Y lo que son las cosas: adivinen quién controla una de las empresas más avanzadas en la fabricación y venta de robots. Hyundai, a través de Boston Dynamics.
¿Qué podemos hacer en México ante el avance acelerado de la manufactura de bajo costo?
Quienes disfruten de la industria harían bien en buscar proyectos de refinación de minerales y tierras raras para crear nuevas materias primas que Norteamérica necesita y buscará por montones.
También existen oportunidades en las industrias espacial y aeronáutica, así como en la producción y distribución del gas natural que México tiene en sus reservas, pero que no explota porque Pemex no tiene dinero y el gobierno no quiere que nadie más meta mano.
Quien tenga una visión de más largo plazo pensará en la producción de bienes biotecnológicos, posiblemente relacionados con el combate al envejecimiento de la población del continente.
En un nivel más avanzado, está CRISPR, la herramienta que permite “cortar” y “pegar” genes.
Son alternativas. Porque así está el mundo, aunque no entendamos o no queramos.