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Opinión

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Zedillo y el narcofracaso

Según los expresidentes de México, Ernesto Zedillo; de Brasil, Henrique Cardoso, y de Colombia, César Gaviria, la guerra de Latinoamérica contra las drogas ha fracasado.

La semana pasada, los tres exmandatarios presentaron en Río de Janeiro una ponencia conjunta, basada en un estudio que realizaron para la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia de la ONU, y una de cuyas conclusiones es que ya es tiempo de sustituir las actuales políticas antidrogas con estrategias más humanas y eficientes.

Destacan que la presidencia de Barack Obama presenta una oportunidad única para que Latinoamérica y Estados Unidos inicien un diálogo sustantivo sobre temas de interés mutuo, como la reducción del consumo interno de drogas en cada país.

Otro asunto contenido en el reporte al que se le otorga una alta prioridad es a las medidas que deben tomarse para controlar la venta transfronteriza de armas, particularmente en la frontera México-Estado Unidos.

Adicionalmente, afirman que Latinoamérica debe buscar un diálogo -que hasta la fecha no ha existido- con la Unión Europea, para pedir a los países europeos que refuercen su compromiso para reducir el consumo interno de enervantes, al tiempo que comparten sus experiencias para reducir los daños a la salud ocasionados por las drogas.

El reporte informa que la estrategia actual de prohibir, tratar de erradicar y criminalizar el consumo sencillamente no ha funcionado.

Ya es sabido que la violencia y el crimen organizado asociados con el narcotráfico es uno de los problemas más críticos de la actualidad.

Latinoamérica es el principal exportador de cocaína y marihuana en el mundo, y avanza rápido para convertirse también en el primer proveedor de opio y heroína.

México, dice el reporte, se ha convertido en otro epicentro de narcotráfico, al grado que en el último año han ocurrido más de 5,000 muertes violentas, primer lugar en la región.

La pregunta obligada es ¿qué hacer? El reporte no formula ninguna crítica a algún gobierno en específico, aunque infiere que al haber fracasado las políticas actuales es necesario encontrar un nuevo rumbo.

Es necesario, por ejemplo, revisar las políticas de combate al narcotráfico inspiradas en modelos estadounidenses.

Señala que el primer paso en la búsqueda de soluciones alternas es reconocer las desastrosas consecuencias de las actuales políticas.

Después, hay que romper los tabúes que inhiben el debate público acerca del tráfico y consumo de drogas en nuestras sociedades. Las políticas antidrogas de hoy están enraizadas en prejuicios y temores que muchas veces tienen muy poco que ver con la realidad.

Por ello, dice el informe, para poder reducir dramáticamente los daños sociales que ocasionan los narcóticos, la solución de largo plazo es reducir la demanda en los principales países consumidores .

Es esencial, dice, diferenciar las sustancias ilegales según los daños que causan a la salud y el daño que el consumo de drogas ocasiona al tejido social.

Propone un paradigma de tres puntos: reducir el daño que causan las drogas, reducir el consumo a través de la educación y combatir al crimen organizado de una forma más agresiva.

Para traducir este paradigma a un plan de acción, hay que empezar por considerar a un adicto ya no como criminal, sino como un paciente que deberá ser atendido por los servicios públicos de salud.

Propone la legalización de la marihuana para uso personal, sobre la base científica de que el consumo de la hierba no es cuantitativamente más dañino que el del alcohol y el tabaco.

El éxito de las campañas publicitarias contra el tabaco, con valiosos testimonios de exadictos en vez de represión, es un buen punto de partida, concluye el reporte.

rmena@eleconomista.com.mx

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