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Opinión

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Voluntarismo político aplanador

¿Qué puede esperarse para un paquete de 279 proyectos de inversión en el sector de energía? Por desgracia, las perspectivas no son halagüeñas...

En el aspecto humano —o si se quiere psicológico—, lo que revela el presupuesto para el 2021 es el aplastador voluntarismo político que impulsa al presidente López Obrador. En un contexto de muy severa crisis y de inmensa incertidumbre presupuestal, sus proyectos consentidos van contra viento y marea. A manera de ejemplo, en contra de muchas opiniones autorizadas, el llamado Tren Maya recibe un incremento presupuestal de más de 14 veces. En ese orden, entre ese proyecto, la refinería en Dos bocas, el Corredor Interoceánico y el aeropuerto en Santa Lucía reciben un incremento presupuestal de 70 por ciento. ¿Y a lo demás qué le queda? A muchos rubros, apenas migajas.

En ese entorno, remito la atención al encabezado principal de la edición del lunes pasado de El Economista, que rezó textualmente como sigue: “La IP plantea al gobierno 279 proyectos energéticos”. La noticia llamó mi atención por el beneficio que podría tener dicha propuesta para el desarrollo económico del país. Si algo necesita México en la coyuntura actual de severa recesión, son proyectos de inversión para levantar la demanda agregada y revertir la recesión económica.

En la nota periodística respectiva, se informa que el monto total de los proyectos de inversión aludidos ascendería a más de 96.5 miles de millones de dólares, según un documento que el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) entregó a la consideración de la Secretaría de Hacienda. Del total de esos proyectos de inversión, 56% correspondería al sector eléctrico y el resto al sector petrolero. En otra clasificación, 57% de los proyectos en el paquete se encuentran en proceso de autorización, en fase de análisis 22% y en la etapa de ejecución tan sólo 18 por ciento.

¿Qué puede esperarse hacia futuro de ese paquete de proyectos de inversión? Con todo el dolor de mi corazón, no pienso que las expectativas sean muy halagüeñas. ¡Ojalá me equivocara en beneficio de México y de los mexicanos, pero no lo creo! A principios del sexenio, el gobierno de la autodenominada Cuarta Transformación proclamó su intención de emular al modelo del Desarrollo Estabilizador (1954-1970). Sin embargo, después de casi dos años, las diferencias son marcadísimas. En lo principal, en cuanto al carácter promotor que tuvo en su momento ese enfoque. En contraste, en la Cuarta Transformación lo que predomina es la intención de destruir. Por ejemplo, mediante la cancelación de inversiones.

bdonatello@eleconomista.com.mx

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