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Opinión

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Una golondrina ?en invierno

Concretar un cambio radical de fondo requiere condenar a personajes corruptos y proceder en contra de otros con antecedentes inminentes.

Uno de los populares dichos mexicanos dice: Una golondrina no hace verano y aplica cuando se observa un hecho poco usual en una época en la que éste no debería haber sucedido e, inmediatamente, algunos aprovechan para decir que estamos ante un cambio radical en una situación determinada.

Las golondrinas anuncian el inicio del verano, aunque un vistazo casual no es razón suficiente para decir que ya todo cambió. En este sentido, el haber llamado a rendir cuentas a un líder sindical a todas luces corrupto, ni implica que todos los líderes sindicales corruptos (¿habrá de otros?) serán llamados a rendir cuentas ni que estamos ante el final de la era de la corrupción en los sindicatos.

Cualquiera de estas inferencias anticipadas sería una excelente noticia para los mexicanos, aunque, de nueva cuenta, quizá el hecho de que ninguna de estas cosas suceda no sea tan malo como el de que estemos ante una verdadera golondrina de a libra y no vuelva a pasar nada más, ni en éste ni en ningún otro asunto en el que los mexicanos tenemos perfectamente clara la presencia de la corrupción.

En alguna ocasión mencionamos en este espacio que la incidencia de ciertos hechos ilegales tiene que ver con el rendimiento esperado de dichos actos, el cual, a su vez, depende del pago esperado, así como del riesgo de que el pago final sea cero o negativo.

En el caso de la corrupción, la incidencia tiene que ver con el monto que espera el que es corrompido, así como de la probabilidad de que sea descubierto, denunciado, procesado y sentenciado, instancias en las que la experiencia de los mexicanos nos dice que hay probabilidades muy elevadas de que quien actúa en forma corrupta se vaya a su casa a gozar sus frutos y no le pase nada.

Para poder concretar un cambio radical es necesario que se llegue hasta la condena del personaje corrupto de marras y que, de ser posible, se proceda en contra de otros, cuyos antecedentes sean más que inminentes. De ser posible, el gobierno debería decidirse a actuar en contra de otros personajes por los frutos de sus corruptelas y que andan muy campantes haciendo gala de su impunidad. Ya entrados en gastos, habría que modificar la ley para que todos los que reciben recursos públicos tengan la obligación de rendir cuentas.

mrodarte@eleconomista.com.mx

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